Editorial El Roble 103, Agosto: “¿Hasta dónde llega el ajuste?”

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Como ilustrábamos en la tapa de nuestro número anterior, ya ha empezado el segundo semestre y definitivamente la luz en el túnel no aparece para los trabajadores y trabajadoras. La política del gobierno de Cambiemos semana a semana confirma su rumbo: por un lado, transferir riqueza sobre todo a los sectores más concentrados del capital; por otro, busca convertir al país en un terreno atractivo para los inversores. Todas las fichas están puestas en esto. Pero las ansiadas inversiones no llegan. No solo eso, tampoco logran controlar la inflación, que durante la campaña electoral era “el problema más fácil de resolver”. Los aumentos de combustible, luz, gas y agua son transferidos a los precios en las góndolas producto del acuerdo entre el Gobierno y los empresarios, haciendo disminuir el salario real. Llegar a fin de mes se está haciendo cada vez más difícil.
La otra cara del ajuste –cuyo fin es recuperar la tasa de ganancia de los patrones- son los despidos y suspensiones. Hay que resaltar la cantidad de despidos que hubo en el sector privado que se cuentan ya por miles. Según los datos oficiales entre noviembre y mayo hubo 128.294 trabajadores registrados menos y una caída del 9% del salario. Hablamos del sector privado en blanco, de manera que dentro del trabajo informal deben ser unos cuantos miles más. Así se engrosa el “ejército de reserva” que funciona para presionar hacia abajo las demandas por salario y busca infundir miedo entre los trabajadores. Paradójicamente, las empresas despiden tanto al activista como al que no se mete, al que junta un par de llegadas tarde, como al que de tanto laburar está roto (aunque haya salido por ART). Es que para los capitalistas los trabajadores somos un número, algo que se puede reemplazar como cualquier herramienta; aunque seamos nosotros quienes producimos todas las cosas y generamos sus enormes ganancias.
Pero estamos en tiempos de crisis. La recesión es de escala planetaria y la burguesía a nivel mundial se encuentra en medio de una durísima disputa para ver cómo relanzar una fase expansiva del capital. Y para eso necesitan que los Estados nacionales les garanticen condiciones favorables: bajas retenciones, subsidios y, sobre todo, leyes laborales que permitan manipular la fuerza de trabajo a su antojo. En este sentido hay que leer los acercamientos de Mauricio Macri a Obama, a los líderes europeos, a su reciente reunión con el asesino de docentes Peña Nieto (México). Es que los tratados de libre comercio, como el Acuerdo de Transpacífico (TTP) entre otros, son una de las salidas que la burguesía quiere imponer a la clase obrera. Más flexibilización, contratos basura, cercenar el derecho a huelga, despidos sin indemnización, subir la edad jubilatoria. Esta es la parte del ajuste que todavía no se ha implementado a fondo en nuestro país, pero es la tendencia que más le interesa a los capitales nacionales y extranjeros. Es la perspectiva que le reclaman los patrones al gobierno (ver sino la editorial de La Nación del 26/7/16 “Un cambio indispensable en las relaciones laborales”) y que gustosamente irá desarrollando Macri.
Desde este punto de vista, la unidad, la organización y la lucha dejan de ser simples consignas para convertirse en elementos de primera necesidad para  el conjunto de la clase trabajadora. El “ruidazo” del 14 de julio fue un indicio de que la bronca se va acumulando y comienza a expresarse. Pero se torna urgente que esa bronca se organice en cada lugar de trabajo, porque es ahí donde está el centro del asunto para todos los patrones. Hay conflictos por todos lados, pero aun  de manera aislada, cuesta ver que el ataque es contra todo el pueblo trabajador. El “comodorazo” y las intersindicales las provincias de Mendoza, Santa Cruz, Buenos Aires, Tierra del Fuego son experiencias de articulación y solidaridad. No podemos esperar sentados a que las burocracias convoquen al paro general. Desde nuestra humilde opinión, la exigencia de esto está bien, pero son los sectores combativos del movimiento obrero quienes tienen que “tirar la primera piedra” y comenzar a coordinar las luchas en curso e impulsar campañas unitarias, como la del 9 de agosto, que enfrenten el ajuste, el tarifazo y los despidos con movilización en las calles.
Equipo de El Roble.
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