Nota central El Roble Nº 105: Inseguridad, sus causas

¿Sólo el motochorro?

Desde la experiencia de la vida, de la militancia de más de 10 años haciendo este periódico, esto nos ha  obligado a estar en contacto con los obreros de las fábricas, con vecinos de los barrios populares, en marchas y movilizaciones, con las represiones de las fuerzas de “seguridad” (con seguridad que te la dan), con los matones de la burocracia sindical, con los barras bravas, etc.

Pero todo eso nos son las causas, sino expresiones, consecuencias del mal mayor que es EL SISTEMA CAPITALISTA DE EXPLOTACIÓN SE VA PUDRIENDO.

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Este sistema de explotación del hombre por el hombre que tuvo sus inicios con la revolución burguesa de 1789 en Francia cuando los obreros franceses dieron su sangre y los patrones, la burguesía naciente, se apropiaron del poder político instaurando la república burguesa y haciendo parecer que con su democracia de clase sería la panacea para el resto de la vida.

Toda escoba nueva barre bien y sin dudas la instauración del modo capitalista de producción fue un paso adelante en el progreso de la humanidad, desarrollo las fuerzas productivas en forma extraordinaria lo que permitió que la humanidad se desarrollara en algo más de dos siglos de los casi mil millones en aquella época a los más de 7.000 millones que somos hoy.

Pero toda escoba nueva con el uso se gasta, y el sistema capitalista de producción cumplió su papel. Durante dos siglos nos hicieron creer que con “la democracia se come, se cura”, y nos vamos dando cuenta cada vez más que con el capitalismo solo los  patrones se curan y comen bien. Donde los que producimos todo somos los que trabajamos y ellos son cada vez más ricos y los laburantes más pobres en relación a las riquezas que ellos acumulan con la explotación y con el robo ejerciendo su democracia de clase.

¿Sabías que el viernes 2/09/2016 murieron tres trabajadores por las condiciones deplorables de los lugares de trabajo?

Diego Soraire, del INTA  Castelar, falleció luego de que explotara un digestor y le quemara el 70% del cuerpo. David Ramayo, mecánico de la Línea 60, lo aplastó el colectivo bajo el cual se encontraba trabajando al fallar los elevadores. Y un obrero de la construcción, del que no pudimos ni conseguir su nombre (en la construcción son diarios los accidentes fatales), murió aplastado en una obra en Villa Crespo por una pared que se derrumbó.

Si se llevara un registro real de los accidentes y las enfermedades “profesionales” de los trabajadores se vería que los muertos y lisiados por las condiciones de trabajo son innumerables.

Los compañeros del neumático, desde su gremio recuperado, hicieron una encuesta a los obreros de las fábricas sobre condiciones de trabajo y accidentes. Se encontraron con una particularidad: los compañeros que respondían negativamente a si habían sufrido accidentes o enfermedades laborales, luego en los detalles de la encuesta, sí aparecían los golpes, lastimaduras, tendinitis, lesiones, etc. Es que de tan comunes, los propios obreros las terminan naturalizando.

Caso parecido nos cuentan compañeros de la 60. Todo empezó cuando se dieron cuenta de que muy frecuentemente tenían velorios de compañeros recientemente jubilados (recordemos que los trabajadores del transporte se jubilan a los 55 años). Evidentemente había algo del desgaste propio de la profesión que se los estaba llevando antes de tiempo. Allí, no por el gremio (la UTA de Roberto Fernandez es cómplice de esas malas condiciones de trabajo) sino gracias a la lucha que el cuerpo de delegados, se logró organizar una comisión de salud. Consiguieron respaldo médico y se encontraron altísimos niveles de presión arterial en los choferes producto del estrés; muchísimos casos de hígado graso en compañeros sin precedentes de alcoholismo ni drogadicción, producido por alimentarse mal y rápido, sin tiempo para una buena digestión; cantidad de casos de hernias de disco por las horas que los choferes pasan sentados y con la vibración del andar; es de lo más normal en los talleres encontrarse mecánicos sin un dedo o con que les falta alguna falange por el trabajo con los motores de los coches sin la seguridad necesaria. Un sin número de padecimientos que llevan a un deterioro físico acelerado de los trabajadores del transporte.

Antes el trabajador que entraba en una fábrica, el trabajo era para toda la vida. Hoy los obreros jóvenes, que son la mayoría en las fábricas, te dicen “yo quiero rajar de acá, antes que los patrones me rompan”.

Esto es apenas una expresión del grado de impunidad con que se trabaja, sin contar los efectos tremendos que causa en la población las crisis del sistema, donde las echadas y suspensiones están al día, el efecto destructor que cae en la conciencia de un joven que como miles no encuentra trabajo y si lo halla es mal pago y transitorio.

La inseguridad: un engendro del sistema

Sin contar las estafas y robos que comete la burguesía con la explotación de la mano de obra, sino además la mayoría de los políticos, sindicalistas burócratas, jerarcas de las “fuerzas de seguridad” la justicia, el clero con sueldos 10 o 15 veces mayores a los de un laburante, sin mencionar los López y sus bolsas o las cuentas off-shore del clan Macri.

El desarrollo tecnológico desplaza trabajadores de la producción, de la administración, etc., lo que lleva como allá en el siglo pasado a creer que su enemigo es la máquina y no se alzan a ver que su enemigo es el patrón. La tecnología en nuestras manos, puede ser un beneficio para toda la humanidad, pero en manos de la burguesía es solo un medio para acrecentar sus ganancias.

Esa lógica de generar más ganancias produce sectores enteros de la población desplazados a la marginalidad en forma de desocupados. Ya sea por la edad, por la supuesta falta de preparación o las excusas que sean, pueden pasar años sin conseguir un empleo estable. Se sobrevive de changas, de laburos temporales, de rebuscársela en la calle. Pero la presión de tener que darle de comer a una familia y no ver más salidas, es muy dura para el trabajador (o sus hijos). El propio capitalismo lleva a la descomposición de las relaciones sociales, a contrarrestar la desesperación, la falta de soluciones concretas con otros escapes auto destructivos. El alcohol, las drogas, la violencia se ponen a la orden del día.

El negocio de las drogas que consumen los ricos necesita todo un sistema “paralelo” (nadie lo ve, pero todos saben queexiste) de producción y distribución. Lo mismo ocurre con la trata de personas para prostitución. La enorme masa de desocupados cumple la función de presionar a la baja los salarios (quién no ha escuchado la frase “si no te gusta lo que cobras, afuera hay una fila esperando tu puesto”), pero además ser mano de obra disponible para los negocios turbios de empresarios, políticos y policías.

De un modo u otro, la explotación –legal o ilegal- siempre es de quienes no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo para vender. Es el pueblo trabajador el que deja la vida en la máquina o que paga con sangre de distintas la podredumbre del sistema.

Nos mean y los medios dicen que llueve

Pero para que este negocio sea aceptado por el conjunto de la sociedad, es clave el rol de los medios de comunicación. Nos machacan la idea de que la culpa de todo la tiene “el vago”, que la solución es más cárcel, más policía, que el enemigo es el pibe pobre de los barrios.

El discurso de los medios pone a los trabajadores  en contra de los trabajadores (no importa si son ocupados o no), cuando es la clase de los patrones con intereses opuestos a los de la trabajadora. Es líquido amarillo y calentito lo que nos tiran cuando dicen que podemos conciliar esos intereses por “el bien común”.

¿Y entonces?

La inseguridad existe y no negamos que sea un problema que preocupe a muchos. Pero nos interesa preguntarnos de dónde sale, quién la genera y quién se beneficia.

¿No es convivir con la inseguridad si cada mañana que salimos a trabajar nos preguntamos si no vamos a volver “rotos”? ¿Mueren más personas por asaltos que por “accidentes” laborales? Estas preguntas nos hacen pensar que el problema es otro. Que si el capitalismo nos da algo, es a costa de seguir destruyendo el planeta y la vida misma. Que no es posible mejorarlo o darle “rostro humano”. Que lo tiramos con unidad y lucha o nos destruye a todos. Y que es tumbarlo para organizar la sociedad de otro modo, donde el trabajo sea para satisfacer las necesidades de todos y no para enriquecer a unos pocos, que ese remplazo es la sociedad socialista.

 

Por Nano del Valle y Gabriel Frutos.

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