El conflicto en Bimbo Pilar: Una lucha, Otra lucha.

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Terminado el conflicto en Bimbo Pilar surgen algunas cuestiones que como obreros a analizar para poder actuar en la realidad que nos toca vivir.

El paro total votado en asamblea en pedido de reinstalación de los 108 despedidos, casi el mismo número de votos que obtuvo la Lista Naranja semanas antes, forzó a una conciliación obligatoria. Durante este tiempo, 88 compañeros arreglaron por cifras superiores a la indemnización mientras que 20 compas lograron la reinstalación. La empresa pide 10 días para reacomodarlos en los sectores, lo que da a pensar en posibles maniobras encubiertas.

Hablar de victorias o derrotas es prematuro. Es necesario comprender a aquellos compañeros que fueron tentados por la gran billetera de la patronal, en una situación de fuerte ajuste sobre nuestras condiciones de vida. Pero sobretodo es necesario saludar a aquellos compas que lograron mantenerse firmes y a todos aquellos que desde el principio decidieron defender a sus compañeros. El potencial de una organización de base depurada de todo sesgo de prácticas burocráticas y que eleve los intereses de los trabajadores por sobre cualquier otro es enorme, al punto de poder llegar a desbaratar el que claramente es el principal objetivo de la patronal: desarticular todo germen de organización. Pero las patronales suelen tener segundas intenciones. El despido del 20% personal puede hablar de otro tipo de maniobras, como el cierre puestos de trabajo (ya hay una línea parada) y/o el ingreso de personal precarizado, como planteaba el anuncio en FB que la empresa sacó mientras comenzaba el conflicto. Estas cuestiones vuelven el escenario más complejo y la organización más necesaria.

Para un sindicato que honestamente pelee por los puestos de trabajo estos números deberían significar una derrota, la cual se sumaría a otras derrotas en grandes conflictos como Calsa y Cresta Roja, de donde fueron echados a patadas. Pero una lista como la verde,  que recientemente estrenó una secretaria en la Municipalidad de Pilar (PRO), que cometió un fraude asqueroso en las últimas elecciones, que desde hace 45 años va acomodándose en todos los procesos  de ataque sobre los trabajadores (incluido el militar), su verdadero interés es lograr que el gran negocio siga funcionando, mientras su estructura burocrática continúe inmutable. Cuando las bases los desbordan, su principal es la dilación: lograr que se calmen las aguas, que el fervor pase de largo y las dudas le ganen a la convicción. Para esto cuentan con un aliado, el ministerio de trabajo. Disfrazado de conciliador al mismo tiempo que defensor de los más débiles, el ministerio monta un circo por el cual un supuesto diálogo es llevado a cabo, para finalmente recurrir a la conciliación obligatoria para forzar a los trabajadores a interrumpir sus medidas de fuerza. Violarla implicaría caer en la ilegalidad, aunque sabemos que el peso de la ley se mide con diferentes balanzas según la billetera de quien se hable. En Lear la gendarmería fue presta a evitar las acciones en pos de la reinstalación, pero cansina cuando se trataba de lograr que los delegados reingresen a sus puestos como ordeno la justicia. La conciliación solo sirve para dilatar, para que entren las dudas, para que la patronal y la burocracia actúen tratando de romper los lazos de solidaridad. Solo en conflictos largos ésta puede servirles a los trabajadores para reagrupar momentáneamente las fuerzas, y aun así termina actuando en contra de los trabajadores.

Tomemos el caso de Calsa. Durante los 6 meses de conflicto se dictaron tres conciliaciones. La última, luego de más de 40 días de paro total, no solo dejaba sin su “derecho” a 20 días hábiles de reingreso a varios compañeros, sino que se adecuaba expresamente a los deseos de la patronal dejando afuera en calidad de “licenciados” a aquellos que la patronal quería por todos los medios afuera, demostrando que no es más que un dibujo que se negocia a puertas cerradas. No se la acató sin que se cayera el cielo en la cabeza de nadie. Pero hubo un caso donde lo ficticio de ésto queda expuesto: es el de Gestamp. En una acción osada, votada en asamblea, un grupo de compas logra tomar el puente grúa en una fábrica militarizada tanto por gendarmería como por la patota de la burocracia, lo que fuerza a Scioli como gobernador de la Provincia a declarar la conciliación. Una vez los compas bajan del puente, el mismo tipo la da de baja ante el pedido de la empresa. Si observamos, por otro lado, los conflictos donde se logra la reinstalación total, vemos una situación diferente. El caso de la 60 es emblemático, donde la victoria no se logra por la acción de las patotas de la UTA o de un Estado cómplice, sino por la convicción de bancarla por parte de los laburantes, en los 40 y picos de días de carpa, en la panamericana, donde fuese necesario.

Ante situaciones donde se quiebran las máscaras de la normalidad es cuando queda expuesta la verdadera naturaleza por detrás. Es cuando los intereses de los trabajadores son puestos en juego, es cuando queda más en claro el papel del Estado como garante del capital y de la burocracia como matón que contiene los desbordes de la base. La tarea que con buenas perspectivas se le presenta a los compas de Bimbo, y que todos los laburantes debemos emprender es la de levantar con ímpetu organizaciones de base que deposite su confianza en sus propias fuerzas y desconfíe de los agentes del capital.

Albino (laburante de la alimentación).

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