Huelga en Brasil: Piquete en el Puente para el futuro

En el último viernes 28 de abril, las principales centrales sindicales de Brasil construyeron una paro general ampliamente aceptado por la clase trabajadora. Centenas de miles de manifestatntes fueron para las calles y paralizaron sus actividades para defender el trabajo y la democracia.[1]

brasil

Desde la caída de la presidenta Roussef, en 2016, a través de un rito institucional orientado por una ideología macartista y financiado por los grandes medios, las federaciones industriales y el capital financiero, el vice Temer asumió para aplicar un programa económico, político y social derrotado en las elecciones de 2014. En esa elección, los efectos de la crisis pasaron a ser discutidos y disputados, generando desempleo para la sociedad brasileña y sobrecargando el tan maltratado presupuesto de la nacional. En una elección extremamente polarizada, podríamos resumir, así, los dos proyectos en disputa: para el PT (Partido de los Trajadores) y la relección de Roussef, la recuperación de la economía dependería de la manutención de las inversiones estatales e del aumento de la eficiencia de la máquina pública, para el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), del candidato Aecio Neves, la recuperación dependería de la retracción del Estado y  de la moralización de la política pública, cuya práctica demagógica y corrupta de la izquierda seria la principal villana. Vence Roussef por una margen pequeña de votos, cuestionada judicialemente por el candidato derrotado, desde ya en una relación conflictiva con el congreso nacional de mayoría opositora, se configuraba una situación insostenible para el presidencialismo.

El segundo mandato de Roussef fue agonizante, sin aliados en el congreso y sin apoyo popular, en una búsqueda infructuosa de atender los chantajes del capital, perdía la dedicación de los movimientos sociales. Por segunda vez en la historia de la nueva República, un presidente era impedido. Temer hizo exactamente lo contrario del papel institucional reservado para un vice, antes mismo de ser iniciado el proceso de juicio político, él propagaba una agenda para el Brasil, llamada “Puente para el futuro”, totalmente alineada al programa derrotado en las elecciones de 2014, que preveía la cartilla neoliberal para el ajuste de las cuentas, y así también una reforma política.

Desde que asumió, nombró varios ministros del PSDB y con amplio apoyo del congreso ya aprobó un techo de gastos del presupuesto, ahora estipulado apenas a través de la inflación, e inició los trámites para las reformas de jubilación y laborales. Para resolver los problemas de la jubilación, aún con conclusiones divergentes sobre su sustentabilidad, Temer transfirió todo el costo para la clase trabajadora, aumentando el tiempo de contribución y el piso de la edad para la jubilación, igualándolos entre los sexos y dificultando la jubilación de los campesinos. Brasil actualmente tiene cerca de 14 millones de desempleados y la responsabilidad de eso fui transferida a la legislación laboral, cuyo arcaísmo no permitiría la generación de empleos, por dificultar la actuación del sector productivo, necesitado de una mayor flexibilización, y criar muchos pasivos jurídicos, dado el rigor de la Justicia del Trabajo, significando más horas de trabajo, remuneración menor, el fin del impuesto sindical, prevaleciendo lo acordado con la patronal sobre lo legislado.

El hecho es que ninguna política del actual gobierno consigue reactivar la economía y todos sus esfuerzos fueran direccionados para la aprobación de esas reformas. La retórica oficial defiende el “Puente para el futuro”, contraponiéndolo al colapso delante de una desaprobación récord del gobierno Temer (61% de mal un pésimo, 28% de regular; 71% de los brasileños son contra las reformas), que apura la tramitación, independiente del esclarecimiento público, para intentar aprobarlas lo más lejos posible de la próxima elección, ya en 2018, en que Lula, mayor líder político del país y de base sindical, es señalado por las encuestas como  favorito. La parte negativa fue la brutal represión de las fuerzas policiales, principalmente en las dos mayores ciudades del país, San Pablo y  Rio de Janeiro, con manifestantes presos, hospitalizados y agresiones claramente ilegales. En Goiana (centro oeste del país, cerca de Brasilia), un manifestante está hospitalizado en estado grave, un policía quebró su bastón sobre el cráneo de Mateus Ferreira da Silva.

Brasil Pasa por un periodo sombrío, su democracia, en gran medida una farsa, intensifica su naturaleza antipopular, sin embargo, la población comienza a tomar consciencia y avanza en la defensa militante de sus derechos.

Corresponsal para El Roble desde Recife, Brasil.

[1] “Puente para el futuro” es el nombre del documento de carácter neoliberal que guía las acciones de gobierno del PMDB (gobierno Temer).
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