Metalúrgicos en el ojo de la tormenta

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Nos ocurre a quienes hacemos el Roble que cuando charlamos con trabajadores y trabajadoras, aun con distintos niveles de politización y de experiencia en la lucha sindical, tienen una coincidencia casi abrumadora en la desconfianza sobre la dirigencia sindical. Hay una mirada de desconfianza, de que son algo distinto al laburante común, más parecidos a un empresario que a cualquier operario. “Y… siempre te cagan”, se repite una y otra vez. Esa sensación magnificada, multiplicada y expresada en la calle es la que posiblemente explique el copamiento del escenario en aquel memorable 7 de marzo, cuando el triunvirato de la CGT evitó ponerle fecha al paro general y se tuvieron que ir corriendo esquivando botellazos.

Es cierto también que ese evidente malestar no termina de traducirse en organización propia de esos mismos trabajadores por abajo, que logre ser una alternativa de dirección seria a esa dirigencia entreguista. Si bien es un proceso en ascenso, con avances y retrocesos, la recuperación de herramientas gremiales por sectores democráticos y combativos -como el SUTNA, la Federación de Aceiteros, la seccional Haedo de Ffcc Sarmiento o la seccional Buenos Aires del Banco Provincia-, no es menos cierto que la mayor parte del movimiento obrero organizado es todavía dirigido por la denominada “burocracia sindical”.

En la actualidad, convive ese enorme desprestigio de la burocracia (elemento clave en la aplicación del ajuste que impulsa Macri) entre su base, con la falta de una dirección alternativa que realmente represente una organización propia de la clase obrera. Esta situación contradictoria, se expresa en innumerables conflictos que se dan en lugares de trabajo que corresponden a esos gremios cuyas altas dirigencias se dedican a la entrega de sus propios representados.

La Unión Obrera Metalúrgica hoy expresa uno de los más claros ejemplos de este panorama. Recordemos que la UOM es el principal sindicato del país con 260 mil afiliados, los cuales en mayoría trabajan en grandes empresas y particularmente en las autopartistas, que es uno de los sectores más dinámicos de la industria nacional, pese a la crisis relativa que atraviesan actualmente. Es tan simple como hacer la cuenta entre  un aporte salarial de 2% (2,5% para afiliados, 3% para quienes usen la obra social) por la totalidad de los trabajadores del sector cuyos salarios más bajos están en los 15 mil pesos, para entender la millonada de dinero que sirve de botín para la dirigencia, en buena medida explica las pujas internas y también la dureza con la que responden cuando se dan procesos de organización y lucha independientes de esos dirigentes traidores.

Hoy la UOM atraviesa una importante crisis que se arrastra desde el kirchnerismo, donde su secretario general Antonio Caló jugó abiertamente para un gobierno que preparaba el terreno para el ajuste que con mayor fiereza aplica este gobierno. Las y los metalúrgicos vieron cómo se firmaban paritarias de miseria, no se iniciaba ni un amague a luchar por sus intereses, se dejaban pasar despidos y avanzaba la precarización en el rubro. Parte de esta crisis se evidencia, por ejemplo, en el hecho de que entre el tercer trimestre de 2015 y el mismo periodo de 2016 (último dato oficial disponible), se perdieron 19 mil puestos metalúrgicos. En ese mismo 2016, aunque Caló fue reelegido como secretario general, su lista tuvo que enfrentar oposición en al menos ocho seccionales en distintas partes del país, lo que no ocurría desde mucho tiempo. Esas divisiones internas, en general entre sectores mismos de la burocracia, se expresan también en  la orientación política que en los hechos toman las distintas seccionales, algunas que por ejemplo han sido partícipes activas de las jornadas de diciembre contra la Reforma Previsional.

 

Conflictos

En nuestras páginas hace años que damos cuenta de muchísimos de estos conflictos, como los de Tirolyt, Valeo, Liliana, Metalsa, Canale, Tenaris Siat, Siderca, los desaparecidos talleres de Emfer y Tatsa, o el escándalo del congelamiento salarial hasta 2022 de las ensambladoras fueguinas, entre otros. Repasamos acá los más sonantes de los últimos meses.

Stockl: Tras tres meses de conflicto, la patronal debe salarios y aguinaldo. Rodolfo Stockl no da ninguna respuesta y los obreros hacen permanencia en la puerta para evitar el vaciamiento. La UOM Avellaneda en las últimos días recién se hizo presente ofreciendo algo de dinero para cada trabajador, pero con una política para aislar a los trabajadores del resto del movimiento de solidaridad que acompaña desde el primer momento. Según los trabajadores, justamente, fue la solidaridad de otros sectores, organizaciones sociales y políticas los que apuntalaron a los compañeros para continuar resistiendo. Actualmente el conflicto está abierto, pero ni el Estado ni la empresa dan respuestas favorables, por lo que es fundamental rodear de solidaridad a los compañeros para que la lucha no sea quebrada por hambre. Participar de las actividades, colaborar con el fondo de lucha y difundir por todos los medios posibles, es una tarea urgente.

Fanazul: El gobierno planteó el cierre de la planta, lo que significa la pérdida de 250 puestos de trabajo. Esto afecta al conjunto de la ciudad, lo que empujó a una lucha que excedió a los propios trabajadores. Cortes de ruta, cierres de comercios en solidaridad, caravanas masivas y la solidaridad de amplios sectores. Marcharon también a Buenos Aires, para manifestarse en el Ministerio de Defensa. Hasta ahora el Estado no les dió ninguna salida y la lucha está abierta. El cierre de Fanazul es un claro ejemplo del ajuste que impulsa el gobierno de Cambiemos, pese a que los obreros creen que es totalmente viable la reactivación de la planta.

Rapistand: El conflicto se desató por salarios adeudados. Rápidamente los obreros procedieron a la ocupación de las tres plantas. Luego de varios días de toma, con el apoyo de la UOM Matanza, lograron que les paguen la quincena, 8 días caídos del año pasado, el bono no remunerativo de la paritaria 2017, en algunos casos parte del aguinaldo, pero deberán pelear los 29 días de toma de planta. Sin embargo, la deuda total de la empresa con los trabajadores es mayor y, según lo que nos comentaba algún trabajador, esta resolución del conflicto “tiene gusto a poco”.

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Envases del Plata: Tras el despido de 40 compañeros el 3 de enero, los obreros ocuparon la entrada a la planta por dos días. Fue muy importante la solidaridad de vecinos, familiares y otros sectores obreros que enseguida se hicieron presentes, al igual que la UOM Morón. El Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, por lo que se tuvieron que retrotraer todos los despidos. Luego se conformó una mesa de negociación con la empresa, que en principio se plantó en la posición de mantener los despidos. Pero los trabajadores, concientes que se trata de un intento de achicar la planta de personal para reemplazar por trabajadores de agencia (es decir, más precarización), también fueron firmes en que si había despidos volverían  las acciones de fuerza. En esta batalla, finalmente, tuvo que ceder la empresa y se pudieron defender los 40 puestos de trabajo. Es importante este caso, porque demuestra no solo que luchar sirve, sino que es fundamental.

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El cuadro de situación que se presenta en la UOM es parecido en otros gremios. Y aunque la correlación de fuerzas no sea la más favorable y dentro de esas fábricas se vivan verdaderas dictaduras, es posible -y necesario- que las y los trabajadores se organicen. Para eso es indispensable la paciencia, saber que no es “soplar y hacer botellas” sino que se requiere combinar el trabajo “tapado”, charlar, discutir y escuchar mucho a los compañeros; y en toda la medida de lo posible generar espacios democráticos donde reflexionar -estudiar- cómo es que nos explotan los patrones para así pensar las mejoras formas de enfrentarlos. La asamblea de fábrica debe ser la herramienta privilegiada para que sea el conjunto el que tome la lucha en sus manos. Aquí no hay secretos: nosotros/as somos muchos/as y en la unidad -y la acción- está la enorme potencia que tenemos como clase. Es lo que más temen los patrones y los burócratas.

 

Por Gabriel Frutos.

 

 

 

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