Editorial El Roble N° 120 – Marzo: “Despidos, paritarias, inflación, “crecimiento invisible”… Luego del #21F ¿Qué?”

TAPA-120

La masividad de la marcha del pasado 21 de febrero es continuidad de una bronca muy extendida entre la clase obrera y el pueblo trabajador contra las políticas del gobierno de Cambiemos. Fue otra más en la numerosa saga de movilizaciones que marcaron el 2017. El enorme aparato de camioneros contó también con importantes columnas de los movimientos sociales, docentes, bancarixs, aceiterxs, estatales, entre otros. La columna del clasismo y la izquierda acompañó la jornada con la marca distintiva de haber agitado la consigna del paro general. Pero hay un marco que políticamente le agrega más condimentos a este hecho. Por un lado, la caravana de los azucareros por Salta y Jujuy dos días antes del #21F, que congregó a unas 3000 personas que recorrieron kilómetros en autos y a pie en reclamo contra los despidos y salarios (ver nota). Desde hace meses en el norte se viene gestando la lucha en las distintas empresas azucareras: El Tabacal, Ledesma, San Isidro, La Esperanza, enfrentan el ataque patronal que busca bajar salarios y precarizar las condiciones laborales. Es la puesta en práctica del programa para reimpulsar las ganancias capitalistas que intenta desarrollar Macri con las reformas laborales. Por otro lado, en lo que ya es una álgida preparación del paro internacional de mujeres el 8 de marzo, ese mismo lunes hubo una muy importante movilización al Congreso planteando la necesidad del aborto con unas 20.000 asistentes. Pese a que a muchxs oficialistas y opositores les pese, la necesidad de discutir el aborto libre, seguro, legal y gratuito está puesta sobre la mesa. Las masivas movilizaciones que en los últimos tiempos viene protagonizando el movimiento de mujeres así lo demuestran y han logrado ponerlo en agenda.

El cuadro se completa con que siguen en pie las luchas del INTI, tras un mes de ocupación de las instalaciones, del Hospital Posadas (con nuevos despidos), de Ferrobaires donde se cuentan miles de despidos, de los mineros Río Turbio, que luchan contra el cierre de la boca de extracción, y de lxs bancarixs que pelean por salario con altísimos niveles de movilización, como demostraron lxs provinciales copando de a miles las calles de La Plata para evitar que Vidal les meta la mano en la Caja previsional. Además de una chorrera de conflictos aquí y allá, donde hay empresas que cierran, o buscan bajar costos o despiden activistas –para aplicar medidas de ajuste- como en Metalsa, Stockl o Calsa.

En este sentido el #21F fue una  legítima manifestación de bronca, aún cuando haya sido capitalizada en buena medida por el moyanismo –que se defiende de la persecución judicial que impulsa el gobierno- y el PJ que busca reacomodarse como alternativa ya pensando en las presidenciales del 2019. Son sectores convocantes… y oportunistas: se montan sobre reclamos reales, se pintan la cara de combativos y plantean alguna medida aislada. Pero para nada se proponen enfrentar seriamente las políticas de ajuste del gobierno. En ese acto no se habló de plan de lucha, ni de impulsar el paro general. Tampoco apareció el rechazo a la represión con la que el macrismo pretende avanzar con sus reformas. Ni la burocracia moyanista, ni las de las CTA, ni ninguna variante peronistas ofrece hoy un camino para enfrentar el ajuste. Por el contrario, nos dicen que tenemos que “votar bien”, desalentando cualquier iniciativa para que la clase se plante. Podemos marchar juntos ante reclamos que son justos, tal como ocurrió en las jornadas de diciembre, pero hay que dejar en claro quién es quién.

El gobierno hace rato dejó en claro cuáles son sus cartas y los dichos de Macri en la apertura de las sesiones legislativas parecen estar mirando otro país o mintiendo cínicamente para las cámaras. A su vez, las alternativas peronistas demuestran no estar a la altura de las circunstancias. La situación empeora cada vez más y se viene una pulseada fuerte con las discusión paritaria. Será difícil hacer que no nos coma la inflación, mucho más si peleamos divididos. Por eso desde los sectores clasistas, las corrientes de izquierda  y todxs lxs que quieran un proyecto independiente de los empresarios debemos señalar estos límites y construir espacios que nos permitan coordinar todas las luchas. A la par, hacer asambleas en cada fábrica, escuela, oficina, en los barrios para involucrar a más compañeros y compañeras, porque la unidad y la masividad son herramientas indispensables. En ese camino, ir delineando un programa con los intereses de la clase y que plantee la necesidad de que sea nuestra clase la que gobierne. Desarrollar la unidad por abajo y con esta perspectiva es la tarea.

Descargar El Roble N° 120 desde acá.

Equipo de El Roble.

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