Opinión: La vieja trampa del nacionalismo

La Revolución de Mayo de 1810 señala el comienzo del ascenso de la burguesía como clase social dominante en esta parte del mundo. La independencia conseguida poco tiempo después no debemos entenderla como un hecho político solamente, sino ante todo como un hecho económico: la remoción de las trabas que España imponía al desarrollo de las relaciones sociales capitalistas en el plano comercial, primero; agrario e industrial, después. El desarrollo del capitalismo y sus instituciones era el programa de la incipiente burguesía local.
Puede decirse, por lo tanto, que la historia del capitalismo en la región, que más tarde (hacia 1853) será conocida como Argentina, comienza con la Revolución de Mayo de 1810. Lo que hoy estamos festejando entonces es el aniversario del capitalismo en estas pampas.
¿Cómo pueden festejar los trabajadores el aniversario del sistema social y político que los mantiene esclavos? A esta situación se pudo llegar únicamente a través de un gran engaño que se llama “nacionalismo”.

La gran ventaja que la burguesía encuentra en el nacionalismo es que le permite ocultar la división en clases sociales. Es decir, según el nacionalismo, antes que burgueses y trabajadores, explotadores y explotados, seríamos argentinos y, como argentinos, nos dicen, tenemos que “tirar todos para el mismo lado”. Es como encerrar al lobo con las ovejas y pretender que éstas crean que tienen intereses en común.
Para peor, sólo los trabajadores se toman al nacionalismo en serio y siempre están dispuestos a hacer grandes sacrificios para salvar a la Patria cada vez que se lo piden (guerras, desastres naturales, crisis económicas). Y luego de pasada la emergencia, su esfuerzo no es reconocido.

Por el contrario, los patrones no son nacionalistas sino de la boca para afuera, todas sus acciones están guiadas por un único fin: la ganancia privada. Son nacionalistas de su bolsillo y de sus cuentas bancarias en Suiza y Uruguay, y cuánto más lleno de dólares, euros y yenes, mejor están. No importa si en esa carrera por la acumulación perjudican a la educación, la salud pública, y la balanza comercial, si vacían al Tesoro Nacional o si apuntalan un sistema productivo dependiente de maquinarias y repuestos importados, o si dejan al 40% de los argentinos en la pobreza. El nacionalismo de los patrones se reduce a llevar una escarapela una vez por año, pero a la hora de tomarse vacaciones prefieren ir a Miami, Cancún o a algún otro destino exótico. ¿Por qué prefieren los autos, la ropa, los perfumes, la comida importados si tanto apoyan a nuestro país? En todos los países Coca-Cola alienta a las selecciones de fútbol nacionales. O bien los directivos de Coca-Cola son esquizofrénicos o bien el nacionalismo es un sentimiento popular que ellos aprovechan inescrupulosamente para vender y ganar más. Nos inclinamos por la segunda opción.

La hipocresía de la burguesía llega tan lejos que hoy festejan la fecha patria con la palabra “Soberanía” en la boca, mientras lo fundamental del aparato productivo afincado en el territorio nacional pertenece a multinacionales extranjeras. ¿Cómo pueden hablar de soberanía mientras que las decisiones sobre qué y cuánto se producen son tomadas por multinacionales extranjeras? Además, la ganancia no queda acá, ni siquiera para reinversiones, sino que va a parar a los bolsillos de multimillonarios estadounidenses, europeos, etc. Surge entonces la respuesta fácil: que el Estado compre, todas las empresas fundamentales (nacionalización) y así, los resortes de la economía quedarán en manos argentinas. Esto, además de ser imposible por como se ha desarrollado el capitalismo (división internacional del trabajo, países imperialistas, etc.), sería seguir cayendo en la trampa del nacionalismo. Ya que nuevamente seríamos los trabajadores quienes haríamos el esfuerzo trabajando para que nuestra producción fuera competitiva y poder exportar, mientras que la burguesía sería quien tomaría las decisiones de qué se produce, cuánto y cómo se distribuye la ganancia. Como conclusión de estas reflexiones: el nacionalismo es una ideología que conviene a la burguesía, que ni siquiera se molesta en ser coherente. Los trabajadores debemos hacer esfuerzos por liberarnos de esta trampa, difundiendo la ideología del internacionalismo proletario: todos los trabajadores de cualquier país, hablen el idioma que hablen, profesen la religión que profesen, etc., somos hermanos y todos los burgueses de cualquier país son nuestros enemigos. Hoy en día, que las grandes multinacionales explotan trabajadores de una veintena de países a la vez, el internacionalismo no es sólo una idea romántica, sino algo necesario para la lucha reivindicativa.

Por Gastón

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