Cuarentena no mata lucha

 

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Las consecuencias de la crisis mundial en curso que se potenciaron con la pandemia de coronavirus, son muchísimas y se extienden a lo largo y ancho del planeta. La OIT (Organización Mundial del Trabajo) estima que el 50 % de la población activa está en riesgo de perder su trabajo, unos 1600 millones de trabajadores que en su mayoría tienen empleos informales.

Esta crisis mundial se expresa en nuestro país por medio de despidos, suspensiones, rebajas de salarios y superexplotación de quienes continúan con empleo, sea porque trabajan a distancia o porque forman parte de los sectores exceptuados. Quienes tienen que salir a trabajar sufren además el hacinamiento en los medios de transporte y la falta de condiciones de higiene y seguridad necesarias para la prevención (y no solamente de este virus, sino también  de muchas otras enfermedades). Según la Fesprosa el 17,25 % de las personas infectadas y 9 de quienes murieron son personal de salud. Desde distintos gremios denuncian que no cuentan con la protección adecuada y que además el pluriempleo intensifica el traslado del virus entre las instituciones.

 Rebaja salarial y lucha obrera

Con este panorama de fondo la CGT, algunos sindicatos, la UIA y el gobierno firmaron un acuerdo que habilita el recorte de los salarios en un 25%, dejando en claro el carácter abiertamente patronal de la CGT, que en este marco firma sin peros la rebaja salarial y no dice ni mu respecto del impuesto a la riqueza.

Lo firmaron entre gallos y medianoche sin haber discutido con les trabajadores dejando bien en claro que hay algunos temas que merecen ser discutidos y rediscutidos por jueces, políticos, medios de comunicación, economistas, etc, etc. antes de tomar una decisión como es el caso del impuesto a las grandes fortunas, y otros que se deciden entre cuatro paredes, comprometiendo la vida de millones de personas. Los ritmos de decisiones claramente no tienen que ver con las normas sino que son decisiones políticas. 

Las consecuencias de la crisis se comienzan a ver con despidos, suspensiones ,rebaja de salarios despertando resistencia y reclamo por parte de trabajadores y trabajadoras como en Bed Time, Penta, Publiexpress, La Nirva o Textil Iberoamericana y muchos otros que no nombramos acá pero que forman parte de un mismo problema: empresas que nunca aceptan ganar menos o perder un poco, y en las que siempre la variable de ajuste son quienes sostienen las fábricas y su propio nivel de vida.

Cuesta la organización, pero la bronca por abajo se siente, porque no hay un peso, es en los barrios más pobres donde la solidaridad siempre aparece; lo vemos en las ollas populares, en el cuidado entre vecinos y vecinas cuando alguien está enfermo o no tiene para comer, lo vemos en los lugares donde la cuarentena se hace imposible. Ahí es donde se forja la verdadera solidaridad de clase. Que si bien aún no se unifica y organiza para luchar, están comenzando a verse medidas de acción como la de FESPROSA del 7/5, los y las estatales de Chubut o Neuquén y los movimientos sociales por fuera de la UTEP que empiezan a salir a la calle mostrando el camino a seguir.

 Por arriba se dividen

El gobierno venía piloteando el barco con todo el arco político detrás, pero los grupos económicos más concentrados comienzan a despegarse ante políticas como la nacionalización del sistema  de salud, los créditos a tasa cero y, principalmente la formulación de un impuesto a las grandes fortunas; esta ruptura se expresa en sectores de derecha o captados por el sentido común que los medios se encargan de reforzar en cada titular o imagen. Los cacerolazos contra la supuesta salida masiva de presos (ver nota) y los cacerolazos pidiendo la rebaja de sueldos a los políticos son expresiones de esta división.

 Lo importante para los medios no es la vida ni el trabajo

Del mismo modo, en esa diferencia de tiempos, queda al desnudo el contenido de clase del estado y su rol como garante colectivo de los intereses patronales. Aún cuando parece oponerse a algún sector lo que hace es salvaguardar al sistema de conjunto, la explotación y la propiedad privada de los medios de producción.

En los medios hegemónicos no hay mucho espacio y tiempo para explicar un proyecto a las grandes fortunas o mostrar el hacinamiento en las cárceles, la policía golpeando y encerrando a pibes que salen a cartonear, la falta de agua en las villas y barrios populares, los miles de casos que podrían evitarse con condiciones dignas de vida pero sí hay tiempo y espacio para replicar hasta el hartazgo noticias falsas, casos incomprobables o a una señora de Palermo tomando sol en el parque mientras 6 o 7 policías le piden amablemente que se vaya.

¿Cómo salimos?

Es fundamental que discutamos en cada espacio de trabajo, de estudio y en los barrios la necesidad de elaborar un programa propio de nuestra clase que tercie en la disputa entre estos dos sectores burgueses. Un programa donde se expresen nuestras demandas para superar la pandemia y la crisis económica sin poner en juego nuestras vidas, salarios, condiciones y puestos de trabajo. Demandas que pueden empezar por las más inmediatas, pero deberán escalar a la lucha política para poder llevarlas adelante.

Para financiar los costos de esta crisis hay que plantear medidas como el no pago de la deuda externa o la nacionalización de la banca y el comercio exterior que un gobierno que no es capaz ni de ponerles un impuesto a las grandes fortunas no llevará adelante. Solo la movilización y la lucha coordinada de trabajadores, trabajadoras y sectores populares podrán encaminar esa pelea.

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