La línea 60 en medio de la pandemia

El Roble N° 140  – Edición Digital por coronavirus

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Compartimos las palabras de Santiago Menconi, trabajador y delegado de la línea. Lo consultamos para saber cuáles son las condiciones en las que están trabajando y qué medidas tomaron a partir del inicio de la pandemia.

Saludamos a todos los trabajadores de la línea 60 y esperamos que se repliquen asambleas en cada lugar de trabajo para garantizar el cuidado de la salud.

¿Quién cuida a los trabajadores esenciales?

El 20 de marzo pasado, el Gobierno del frente TODOS declaró el aislamiento social, preventivo y obligatorio. La cuarentena decretada contemplaba excepciones: las denominada tareas esenciales. El transporte quedó exceptuado y, con un diagrama limitado, continuó prestando servicios. Los trabajadores del transporte, entonces, tuvimos que adecuarnos a trabajar bajo emergencia sanitaria a causa de la Pandemia de COVID19.

Los primeros días fueron un caos: ni el gobierno ni los entes competentes bajaron órdenes claras sobre cómo proceder. Las primeras medidas fueron tomadas por los choferes: algunos bloquearon los asientos delanteros y otros desinfectaban las unidades por su cuenta. La falta de un protocolo nos llevó a organizarnos. Comenzamos a hacer asambleas al aire libre, respetando el distanciamiento social y, de lo discutido, surgieron las primeras medidas de cuidado.

Con el correr de los días, a causa de un decreto, se licenció a los trabajadores mayores de 60 años, a quienes tenían tareas de cuidado y a quienes presentaban determinadas patologías, cómo ser: asma, epoc, enfisema pulmonar y diabetes, entre otras. Además, se consiguió que la empresa licenciara a los choferes mayores de 51 años, quienes cuentan con el factor de mayor riesgo.

Asambleas para decidir – Los trabajadores nos cuidamos entre nosotros

De las asambleas al aire libre se desprendió, también, un protocolo propio que consistió en: lavar a fondo los interiores de los colectivos una vez por día, desinfectarlos cada vez que ingresaran a la cabecera, desinfectarlos cuando ingresaran al taller, bloquear la puerta delantera y aislar al chófer con un plástico cristal, subir pasajeros solo por la puerta trasera, exigir alcohol en gel, agua, jabón y servilletas de papel. Además, conversamos y nos concientizamos sobre normas básicas de convivencia: evitar los besos y abrazos, dejar de compartir el mate y que cada trabajador trajera su propia taza. 

Al implementar estas medidas, el grupo DOTA realizó algunos partes de inspección por bloquear la puerta delantera. A los pocos días, la CNRT incorporó estás medida a su protocolo y las sanciones quedaron sin efecto. La UTA no realizó ninguna acción y cuando salió el protocolo de CNRT salieron a decir que lo consiguieron ellos. Junto con nosotros, también tomaron medidas los trabajadores de las líneas 540 y 533. Creo, fuimos las únicas líneas en tomar medidas antes de que se establezcan los protocolos oficiales.

Con el correr de los días, y con la línea funcionando con casi la mitad de los trabajadores, ajustamos las medidas de prevención: exigimos charlas de seguridad e higiene para concientizar, tomar la temperatura al ingreso y egreso, cartelería y folletería informativa, exigimos barbijos y que se refuerce la higiene. Para esto último, se relegaron las tareas de conducción a varios choferes e inspectores y se conformaron cuadrillas de desinfección que, al llegar el colectivo, se encargan de la desinfección integral de los interiores (limpieza de asientos y pasamanos con compuesto clorado).

Hasta el momento no tuvimos casos positivos de covid 19. Sin embargo, continuamos las asambleas para ajustar detalles e informar sobre el protocolo en caso de que algún compañero presente síntomas. Buscamos evitar, así, lo sucedido en la 266 dónde frente a un caso positivo la patronal de expreso Villa Galicia ocultó el caso para no licenciar trabajadores poniendo en riesgo la salud del conjunto de los choferes. 

Un punto aparte merece la situación del transporte a nivel país: en las provincias, las patronales no están pagando los sueldos o las están pagando en cuotas. Las cámaras empresarias, como la FATAP, amenazan con lock outs patronales a causa de la disminución de la venta de boletos. Los choferes denuncian que no se cumplen con las condiciones de higiene y seguridad en el marco de la Pandemia. Tampoco respetan el decreto anti despidos, cómo es el caso de Vía Bariloche que, a los pocos días de decretado, despidió a más de 100 empleados.

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