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Medios y desapariciones: el recuerdo más oscuro

Distintos casos se vienen repitiendo en el marco de una escalada represiva. Desde la desaparición de mujeres en el marco de luchas contra la violencia de género, hasta casos de gatillo fácil en el marco de una creciente estigmatización de muchos jóvenes. En ellos, el rol de los medios hegemónicos exhibe una peligrosa tendencia a enfocarse en la víctima justificando, directa o indirectamente, al victimario. Desde Araceli Fulles hasta Anahí Benítez o, en otros casos, como el de Nadia Rojas, actualmente desaparecida, donde los medios directamente callan. La desaparición de Santiago Maldonado, que por sus características remite a los tiempos más oscuros, no solo no es la excepción, sino que refuerza aún más la relación entre las desapariciones actuales con las ocurridas durante la dictadura militar. Por Ramiro Giganti, para ANRed.

 

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Desde el “algo habrá hecho” al “se lo buscó”, o el “mirá lo que se puso”, instalados en el “sentido común” que justifican lo injustificable, muchas veces contienen su origen en el abordaje que medios de consumo masivo difunden e instalan. “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria” o “un hippie que se fue al Bolsón”, “una niñera en una fiesta swinger” o “una joven obsesionada por un profesor”.

Los abordajes suelen coincidir en un eje: poner el foco en la víctima. Lo que en determinadas noticias parece una “nota de color” termina salpicando a quien ya fue manchado/a con su propia sangre. De responsabilizar a una chica que fue violada por su forma de ser o vestir, a hacerlo con un hombre por su aspecto “hippie” no hay mucha diferencia. El “algo habrá hecho” ya estaba a la vuelta de la esquina, o directamente a un paso. Con la desaparición de Santiago Maldonado, en el contexto de numerosas represiones a la comunidad mapuche, ignoradas y omitidas por los medios hegemónicos, ese paso ya se dio.

Sobre la construcción de una “otredad negativa”

Numerosos estudios sobre la periodización de una práctica genocida incluyen como primer paso la construcción de un “otro” negativo. Es “otro”, de cumplirse los siguientes pasos, será exterminado. Si bien es cierto que no siempre se cumplen los siguientes pasos, esa construcción de otredad negativa muchas veces oculta las intenciones más oscuras. Durante el holocausto Nazi, hubo diversos “otros negativos”. El más conocido y atacado fue la comunidad judía, pero también lo fueron gitanos y, sobre todo, disidentes políticos.

En la Argentina de los años 60’ y, posteriormente, en los 70’, esa construcción apuntó primero a jóvenes vinculados a movimientos culturales o políticos (desde hippies, hasta militantes de izquierda, obreros o estudiantes) para luego enfocarse en la guerrilla y desde allí, una vez dadas las condiciones, arremeter contra ellos. El saldo fueron 30.000 detenidos desaparecidos (además de muchos de otros asesinados incluso desde antes durante la triple A) y la instalación de un modelo económico que multiplicó el endeudamiento, incrementó el desempleo y empeoró las condiciones laborales, ampliando la brecha entre una minoría enriquecida y una mayoría trabajadora.

Actualmente, desde funcionarios del gobierno y medios hegemónicos (como el diario La Nación) se puso en cuestión la cifra de 30.000 desaparecidos. También, se inició una campaña de “reconciliación” con los actores del pasado genocidio, promoviendo el arresto domiciliario a genocidas y el beneficio del repudiado “2×1”.

A los obreros y estudiantes organizados políticamente, hoy se les suma un “nuevo” sujeto de cambio: las mujeres. Las comillas expresan que en realidad no es “nuevo”, ya que hubo un importante activismo feminista en aquellos tiempos, pero sin las dimensiones y masividad que logra, tanto en Argentina como en otros países del mundo, este novedoso activismo. Y es que a partir de la lucha contra la violencia machista se desenmascaran muchas otras formas de opresión, enquistadas en el “status quo”: desde el acoso laboral, hasta la opresión patriarcal, el conservadurismo en todas sus formas, y los recortes de presupuesto, por ejemplo hacia los centros de atención a las víctimas por violencia machista.

También, sucede que cada vez que una mujer desaparece, el foco en las movilizaciones apunta a sectores de poder, por ejemplo, vinculados a redes de trata, donde más de una vez fue probada su vinculación. Se ha relacionado, en más de un análisis, a las prácticas de las redes de trata con las ejercidas por grupos paramilitares en la desaparición de personas en numerosos casos de terrorismo de estado.

Volviendo a la construcción de “otredades negativas”, en la última semana, además de la repetición sobre el foco en mujeres víctimas de femicidios, reaparecieron viejos “otros” en su presentación negativa: “hippies, indios y guerrilleros”, todos presentados como “amenaza a la patria” o mas directamente como “terroristas”. Desde la delirante caracterización de comunidades mapuches por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, donde se presenta a una peligrosa guerrilla de la que nada se sabía hasta la desaparición de Santiago Maldonado, pero que tiene en peligro a dos países (Argentina y Chile), se vinculó a los Mapuches con la ETA, con guerrillas kurdas, con las FARC y hasta con Inglaterra.

Rara vinculación de los mapuches con Inglaterra, cuando una de las figuras cuestionadas por usurpar tierras en la Patagonia es el Magnate inglés Joseph Lewis, quien fuera defendido públicamente por el presidente Mauricio Macri hace unos meses. La “extranjerización” con connotaciones negativas parece no afectar a empresarios. La idea de patriotismo, con sus elementos fascistas innegables, tiene ese tipo de selecciones. En nombre de la construcción de una nación se realizaron campañas al “Desierto” (curioso nombre para tierras ocupadas por comunidades desde mucho antes de la llegada de europeos).

Ambos genocidios, tanto el de las campañas al desierto exterminando comunidades originarias como el de la pasada dictadura militar, encuentran un actor común que se benefició de ambos: la clase terrateniente, representada actualmente (y desde hace más de un siglo) en la Sociedad Rural Argentina (S.R.A). Dicha organización, cuyos fundadores fueron beneficiados luego de la usurpación de tierras a comunidades originarias en las mencionadas “campañas”, apoyó abiertamente a la dictadura militar de 1976 a 1983. El reciente pronunciamiento de esta organización marca su continuidad, que también nos remite a los recuerdos más oscuros.

Criminalizar a los mapuches

A partir de la desaparición de Santiago Maldonado, tanto desde el gobierno como desde medios de comunicación, se impulsó una burda operación de calumnias. Tras no informar sobre numerosos episodios de represión a las comunidades mapuches, algunos de gravedad, ocurridos en el pasado mes de enero, y tras no informar de la desaparición de Santiago durante los primeros días (donde no sólo se denunció su desaparición sino que se realizó un pedido de habeas corpus), la primer información “relacionada” a estos hechos fue al informar sobre “destrozos en la casa de Chubut”. En dicho episodio se hablaba de “encapuchados violentos” sin precisar datos, y una pintada que decía “aparición de Seba Lechu”. Resulta curioso que esos “encapuchados violentos” ni siquiera sepan el nombre del desaparecido.

Evitando nombrar a Santiago Maldonado, durante el programa “Periodismo Para Todos”, conducido por Jorge Lanata, se disparó contra la comunidad mapuche. Un informe los presenta como “una amenaza que preocupa al gobierno”, con fuentes y entrevistas muy confusas. Luego inserta un hecho policial por un crimen, aún impune, ocurrido en 2012 en el paraje Pilo Lil en Neuquén, donde ocurrió el crimen del policía José Aigo. El testimonio de los familiares del asesinado no muestra la creencia en que su crimen sea de autoría mapuche, de hecho la justicia atribuye la autoría a un grupo en el que identifica a dos ciudadanos chilenos, actualmente prófugos, que no son mapuche, en una causa más bien ligada al narcotráfico. Por la coincidencia entre el apellido del policía (de origen mapuche) asesinado y una comunidad mapuche de Argentina, Lanata mezcla ambos casos e instala al movimiento mapuche por la autoría de un crimen del que nada tiene que ver.

Dicho episodio fue emitido por un programa de consumo masivo que ya viene realizando numerosas operaciones contra sectores vulnerables acusándolos. En este caso, recurrió a criminalizar sectores para, sin mencionarlo, justificar la desaparición de Santiago Maldonado. Porque, “si estaba vinculado con grupos asesinos, claramente algo habrá hecho”. Ni estaba vinculado a grupos asesinos, ni tampoco se sabe de nada que “haya hecho”, pero si así hubiera sido, Santiago Maldonado está desaparecido, fue visto por ultima vez mientras la Gendarmería reprimía. Lanata, no solo omitió esa información, sino que difundió informes de confusa procedencia que no solo desinforman, sino que estigmatizan tanto al pueblo mapuche como a Santiago Maldonado.

No es la primera vez que desde este programa se busca estigmatizar a un sector vulnerable y presentarlo como peligroso. Pocas semanas atrás, emitió un programa que, no solo violó los derechos del niño al exponer a un menor, sino que buscó instalar a menores como sujetos peligrosos.

La nota sobre “el Polaquito”, un pibe que “mantiene aterrorizado al barrio” de Villa Caraza, Lanús, estaba cargada de irregularidades que valieron la denuncia, tanto de la madre del niño, como de diversas organizaciones. No conforme con el daño realizado siguió atacando tanto a organizaciones sociales como a quienes cuestionaron sus prácticas, siempre con el estilo soberbio y burlón que lo caracteriza.

El Cuento del camionero

Mientras es curiosa la omisión o poca intención de los medios hegemónicos de cubrir el tremendo episodio de la desaparición de un joven que fue visto por última vez mientras reprimía la Gendarmería Nacional, más lo es la cantidad de noticias infundadas (por no decir inventadas) que se han publicado con “pistas falsas”. Llama la atención el poco espacio que se le da a los familiares de Santiago, para expresar sus reclamos y una desproporcionada difusión de la “versión oficial” del gobierno, carente de preguntas relacionadas a irregularidades por parte de las instituciones. Desde la “delirante” hipótesis de la ministra Bullrich relacionando a las comunidades mapuches con distintos sectores hasta la publicación y difusión de pistas falsas que sólo logran entorpecer la investigación.

“El cuento del camionero” es una historia repetida. Durante la búsqueda por la desaparición de María Cash, en el año 2011, el diario “La Nación” publicó una noticia donde sostenía que “Un camionero dijo haber visto a María Cash en Santa Fé”. Fue una pista falsa.

En este año, “el cuento del camionero” volvió a hacerse presente mientras Araceli Fulles estaba desaparecida. Allí, “un camionero” dijo haberla trasladado desde Zárate hasta Ceibas, Entre Ríos, y declara que “Araceli planeaba ir a Brasil”. Otra pista falsa. El cuerpo de Araceli fue encontrado muy cerca de donde fue vista por última vez, en el conurbano.

Llama la atención la coincidencia con una noticia publicada, primero en el diario La Nación (el mismo de la pista falsa con María Cash), pero luego difundida tanto por “el gran diario argentino”, como por diversos medios de la misma corporación empresaria, donde “un camionero asegura que trasladó a Santiago Maldonado por rutas de Entre Ríos”. Otra vez un camionero, otra vez Entre Ríos.

No conformes con ésto, desde el canal de noticias TN (grupo Clarín), como otros medios, se difundieron unas supuestas imágenes de Santiago en Entre Ríos. Primero, fue su familia quien desmintió que fuera Santiago.

Pero como si fuera poco, Francisco Maestre, un clown y animador, corroboró que en realidad era él el de las imágenes. Decir que todo esto es una payasada podría tomarse con humor, pero la realidad es que detrás de toda esta información falsa difundida por medios hegemónicos de consumo masivo hay un desaparecido.

Las notas al respecto no cesaron a pesar de ser desmentidas. Incluso aclaraciones, con un fuerte contenido surrealista, donde se asegura que “hay un barrio de Gualeguaychú donde todos se parecen a Santiago”. Incluso, bajo la excusa de éstas “pistas” se realizó un allanamiento del Barrio Ecológico de Gualeguaychú, cuya respuesta fue un comunicado de sus vecinos solidarizándose con Santiago, exigiendo su aparición y una foto de ellos con la imagen de la cara de Santiago.

Estas informaciones falsas también nos remiten al recuerdo más oscuro. Durante la dictadura, ante las primeras denuncias de madres de desaparecidos, las respuestas fueron muy similares: o atacar a las madres por no saber donde estaban sus hijos, o directamente decir que “están en Europa”. Vale también recordar que la segunda desaparición de Julio Lopez también nos remitió a esos tiempos oscuros, incluso con declaraciones como “se fue a la casa de la tía” o similares.

Lo cierto es que Santiago Maldonado está desaparecido. Como también Nadia Rojas, que la semana pasada desapareció por segunda vez. Nadia había sido encontrada luego de 32 días de desesperante búsqueda y se encontraba bajo “protección estatal” cuando volvió a desaparecer, poco tiempo antes de declarar. La escasa presencia de este caso y de indagaciones al Juez Canicoba Corral, vinculado al caso, también son llamativas.

El pasado viernes 11 de agosto, numerosos organismos de Derechos Humanos, junto a los familiares de Santiago ,convocaron a una movilización que, a pesar del clima lluvioso y el accionar de los medios hegemónicos, llenó la Plaza de Mayo exigiendo su aparición con vida. El mismo reclamo que hace cuatro décadas fuera realizado por un grupo de madres que en esos tiempos oscuros fueron calificadas como “las locas de la plaza”.

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Nota central de El Roble N° 114 de agosto: “Gran lucha de Pepsico: nada sale de un repollo”

El feriado del 20 de junio se enteraron con un cartelito pegado en la puerta, que la fábrica se cerraba. Eran 600 nuevos despidos. El 26 del mismo mes decidieron tomar la fábrica. El planteo era simple, recuperar sus puestos de trabajo.

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En la puerta de la planta armaron una carpa donde circularon centenares de trabajadores, organizaciones sociales, estudiantiles, políticas, periodistas, artistas, representantes de la lucha por los ddhh llevando su solidaridad. De un día para el otro, #Pepsico se convirtió en el ejemplo más saliente de una película que vemos cada vez más seguido: la lucha contra los despidos. Pero ¿Por qué PepsiCo ocupó este lugar destacado?

Es un ejemplo más, impresionante últimamente, contamos unos 15000 en una semana de lo que nos enteramos, más todo lo que no nos llega. La única diferencia que tuvo Pepsico con el resto, es que Pepsico se plantó y decidió pelear, a pesar de tener toda la política, los sindicatos, la justicia… todo un aparato en contra. A pesar de eso decidimos pelearla. Nos damos cuenta cada día que sí se puede. Vemos que Pepsico puede ser una punta de lanza, para que los otros trabajadores del país se den cuenta que lamentablemente hay que salir a luchar. Que no tenemos el apoyo de los sindicatos, que el gobierno solo cuida a los empresarios y los ricos, tampoco la justicia que nos deja totalmente desamparados.” Con esta claridad nos definía la importancia de este conflicto un obrero con 18 años de antigüedad en la fábrica.

El 13 de julio, luego de varias amenazas de desalojo, finalmente se hizo efectiva la orden de Macri y Vidal y entraron en acción las fuerzas represivas. “La represión fue el inicio de la campaña electoral de Cambiemos, como una señal: si se toma la fábrica o hacen un corte hay palos”, nos decían luego del desalojo. Esa señal tiene un claro componente de clase, porque es el propio gobierno demostrando con hechos a todas las patronales que está dispuesto a garantizarles sus ganancias.

Tomando estos dos elementos, la predisposición a la lucha y la política del gobierno, se entiende que el conflicto esté en el ojo de la tormenta de la situación política. Es que, en definitiva, lo que está en juego son las intenciones de la clase capitalista de imponer nuevas –y peores- condiciones para el conjunto de la clase y así abaratar costos de producción; y a la par, la capacidad de defensa de los intereses de las y los trabajadores.

“No queda otra que luchar”

La voluntad de lucha es un ejemplo de que se puede enfrentar el ajuste que el gobierno hace en nombre del capital más concentrado –y multinacionales como Pepsico-. Demuestran que se puede pelear contra el gobierno de Macri, Vidal y la burocracia sindical.

Pero esta voluntad no sale de un repollo. La organización en esta fábrica lleva años. Todo un proceso de trabajo gris, paciente y sostenido por abajo. Es un trabajo en la organización de los y las trabajadoras, que crece a medida que se desarrolla la conciencia de que son una clase aparte, opuesta a los patrones. Y que del gremio, en mano de los burócratas, tampoco pueden esperar lo más mínimo. Es una conciencia que se desarrolla a costa de sudor y sangre, muchas veces literalmente, cuando las largas jornadas de trabajo redundan en accidentes y enfermedades crónicas.

En este sentido, advertimos al lector/a que no hay entre los obreros y obreras de Pepsico superhéroes; simplemente laburantes con conciencia de clase. Ni más, ni menos.

El arraigo de estas ideas en la base obrera también es la que explica, en gran medida, cómo se resistió el desalojo. Porque defendernos ante los ataques patronales forma parte del derecho que tenemos como clase. La violencia, que comienza cuando se nos niega llevar el pan a nuestras casas, poder educar a nuestros hijos, tener atención sanitaria digna y se completa cuando reprimen nuestros reclamos, debe responderse. Los compañeros atrincherados en la terraza de la planta son un modesto pero importante ejemplo de esto. No se trata de “ser violentos” simplemente, sino de hacer lo que tiene que hacerse para defender nuestros derechos.

El papel de las compañeras

Las mujeres fueron claves para la conformación del cuerpo de delegados. “Ahora en la lucha fueron muchas las compañeras que no firmaron, teniendo hijos, madres solteras, teniendo que pagar alquiler, lo contrario que varios compañeros.” De los 600 despidos, 200 son obreras. Históricamente en la planta tenían menor salario y dejaban la salud a la par que los varones. Muchas se tienen que hacer cargo solas de sus hogares. Ese cúmulo de injusticias es, posiblemente, lo que las empujó a ser centrales en la construcción de esta experiencia. Incluso aquellas que reconocen que por la presión económica tuvieron que terminar aceptando la indemnización, son las que hoy siguen al frente organizando la actividad en el acampe y participando de cada acción. En esta experiencia colectiva, pareciera ser que con una claridad absoluta fueron las trabajadoras las que se dieron cuenta que solamente organizándose lograrían igualar sus derechos con los de los hombres y que solo así podrían tener mejores condiciones para todos. Así se explica que una de las principales referentes sea Catalina (del PTS y fundadora de la lista Bordó, agrupación que dirige hace varios años el cuerpo de delegados). Ella fue despedida pero, tal era el respaldo de sus compañeros y compañeras, que la Justicia reconoció que se trató de un caso de persecución política, que era delegada de hecho y la tuvieron que reincorporar. Esta victoria fue un impulso muy grande en la organización dentro de la fábrica, donde la Bordó ganó gran simpatía.

Las compañeras son centrales para comprender la tenacidad de esta lucha. No solo porque forman parte del activismo en la planta desde hace años, sino porque una vez desatado el conflicto han organizado el acampe en la toma, la difusión y la relación con los medios, movieron por todos lados el fondo de lucha y se bancaron, junto a sus compañeros, los gases y los palos de la policía el día del desalojo. Y hoy, con la carpa en Congreso, se las sigue viendo permanentemente organizando muchísimas actividades.

Si miramos este ejemplo o el de las trolebuseras en Córdoba o el de las docentes o la experiencia de las ferroviarias en el Sarmiento, no cabe ninguna duda del enorme potencial de combatividad y transformación que hay cuando se liga la lucha de clases con la lucha de género, que son dos partes de una misma pelea.

“El gran problema es la unidad”

La movilización de unas 20.000 personas el 18 de julio marcó al menos dos cuestiones: la vigencia de la bronca en amplios sectores contra el gobierno y la amplia solidaridad que ha logrado este conflicto.

Han recibido apoyo del SUTNA, seccional Oeste del Sarmiento, el FIT, IFS, Madres de Plaza de Mayo, Pérez Ezquivel, periodistas, Baradel, D’elía, las CTA, etc. “El día de la marcha salía la gente de los edificios, cantidad de dibujitos que nos dieron los nenes y nos saludaban. Gran solidaridad de los vecinos, acá en la carpa nos tocan bocina, nos dejan dinero, alimentos…”. Se combina la solidaridad de clase con la bronca que viene creciendo en estos meses. El apoyo al conflicto de PepsiCo expresa una continuidad con las movilizaciones masivas del “marzo caliente” o contra el “2×1” para los genocidas.

Y como se viene el panorama, lo que suena con mucha fuerza, la flexibilización laboral, tenemos que dejar de lado las diferencia y unirnos porque si dejamos pasar esa reforma laboral, no importa el color o lo que cada uno piense, nos van a hundir a todos. Hay que luchar porque nadie nos va a regalar nada.” En la charla en la carpa sale una y otra vez este problema ¿Qué hace falta? ¿Cómo nos unimos? “Falta que todos los trabajadores abran un poco más la cabeza. Yo mismo hasta hace unos años atrás cuando entre a Pepsico era un pibe que no me interesaba en política, el sindicato, ni nada… después de un tiempo, estás ahí, ves las injusticias, me empecé a interiorizar. Yo tenía muchos amigos de la verde [Lista que responde a Daer], pero con el tiempo ves quién está siempre y cuando hay quilombo se borran, vas viendo quiénes te bancan, quienes te usan cuando les servís y después se borran. Hay que hacerle ver al trabajador común quién realmente te va a ayudar, que sean ellos mismos los que abran la cabeza, quiénes defienden los intereses de los trabajadores y quienes no. Pero lo tienen que ver con hechos.”

Este conflicto está en un momento muy difícil. Al igual que muchos otros. La relación de fuerza con el frente patrones, Estado y burocracia, no nos favorece. Y desde ya que no podemos esperar que las elecciones nos solucionen demasiado. Han participado muchos sectores en los plenarios convocados por Pepsico, como ocurrió con AGR. Desde el acampe los compañeros se acercaron al piquete de los despedidos de Cresta Roja, de Atucha y apuestan a que esta carpa se convierta en la “carpa de los despedidos”. Ensayar formas con las que dar respuestas de conjunto al ajuste en curso son una necesidad urgente.

Cómo sigue…

Al cierre de esta edición, continúa el acampe en la Plaza Congreso, la campaña internacional de boicot a la marca, la difusión del fondo de lucha y seguirán con las asambleas y reuniones de coordinación con otros sectores para decidir nuevas medidas.

Por Facundo A., docente y militante del PRC.

Agradecemos a Walter, Fabián, Nancy, Patricia, Lucho -y los muchachos de Logística-, Camilo, a Martín y su papá y a todos los compañeros y compañeras que con sus relatos, ideas y opiniones hicieron posible esta nota.

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Sobre legalismos y canalladas

Mientras aproximadamente un tercio de las y los trabajadores en Argentina se encuentra en condiciones ilegales de precarización laboral, un discurso legalista de sectores dominantes que ejercen o promueven dicho ilegalismo, inunda los medios hegemónicos cada vez que se desarrolla alguna medida de fuerza por parte de sectores oprimidos. La represión a trabajadores de #Pepsico fue uno de los escenarios de ese debate donde sectores afines a las patronales desplegaron este hipócrita discurso. Por Ramiro Giganti, para ANRed.

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Foto: Enfoque Rojo.

“No existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder” Michel Foucault.

El uso de leyes o verdades ejercidas desde instituciones gubernamentales siempre está ligado a una cuestión de poder. El poder judicial no es la excepción. Las leyes y fallos judiciales muchas veces se plantean desde relaciones de poder. La creencia en la neutralidad de la justicia suele ser la religión con mayor cantidad de fieles.

Mientras casos de represión institucional son ignorados por la justicia o “resueltos” con fallos ridículos: uno de ellos la absolución al policía que asesinó a Jonathan “kiki” Lescano y Ezequiel Blanco, el fallo impune en relación al juicio a los policías de la metropolitana que reprimieron con balas de plomo a corresponsales de medios alternativos durante el desalojo de la Sala Alberdi. Ambos fallos, ocurridos durante el pasado mes de junio. A pesar de contar con pruebas, testimonios y fundamentos legales suficientes, el fallo judicial llegó a pedido de las instituciones gubernamentales y las fuerzas de seguridad. Estos fallos se dieron en un contexto de creciente escalada represiva dando luz verde a que el poder ejecutivo continúe con sus políticas represivas.

Retomando la frase de Michel Foucault, la relación de poder pudo revertir un desastre judicial cuando el poder de las masivas movilizaciones y repudio generalizado al 2×1 para genocidas pudo dar el brazo a torcer, pero ante el silencio de los medios hegemónicos frente a otras injusticias, éstas se desarrollan con total impunidad institucional.

Para poner otro ejemplo concreto en relación a ésta afirmación en torno a la impunidad: el desalojo de la planta de Pepsico fue ordenado por la jueza Andrea Rodriguez Mentasty, nombrada el año pasado durante el actual gobierno. La jueza tiene vínculos muy cercanos con el poder gubernamental desde antes de ocupar su cargo: es ex esposa de un diputado de la UCR en Cambiemos (macrista) cercana al intendente de San Isidro Gustavo PosseLa orden de desalojo estaba plagada de irregularidadesen torno a la cuestión legal. Una de ellas es que se atropelló un pedido de cautelar apurando el desalojo probablemente para que las ferias judiciales no prorroguen la ocupación. Sin embargo desde medios hegemónicos la respuesta fue “el derecho a despedir pagando indemnizaciones”.

Poco se habló en los días previos a la represión de la destrucción de vidas, de familias en las calles, del “pan para hoy, hambre para mañana” que supone la indemnización para un trabajador despedido en un contexto de creciente desempleo. Por otra parte, mientras la empresa anunció que en realidad estaba reorganizando su producción, mudando el trabajo a Mar Del Plata, donde habría mejores maquinarias, la realidad es que mientras realiza 600 despidos sólo incorpora 160 empleadosen la ciudad costera.

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FLaFrenteDelCiudadanoOficial%2Fvideos%2F495155334157188%2F&show_text=1&width=560

Refutando la idea de “inversión” también se importan productos de Chile, donde la mano de obra es más barata (es decir, salario más bajo), mostrando la impunidad para recortar presupuesto. Todo esto en un contexto de ganancias de esta poderosa empresa, que en el primer trimestre de este año sus balances dieron ganancias por más de 1.300 millones a nivel mundial. La pregunta es inevitable: ¿dónde van esos 1.300 millones? ¿es la clase trabajadora beneficiaria de esa riqueza? La respuesta está en la planta de Pepsico en Vicente López: no, la empresa trata a su fuerza de trabajo como simple maquinaria descartable, un simple instrumento para incrementar más y más sus ganancias, y la ausencia de instituciones que pongan freno a esa voracidad permite el desastre. Su único freno es la lucha de sus trabajadores/as y la solidaridad recibida.

Otro ejemplo, por solo mencionar uno a modo de testimonio de que lo ocurrido en Pepsico no es un caso aislado de “impunidad patronal” es lo ocurrido en la automotriz Metalsadesde 2012 la empresa viene despidiendo trabajadores, siendo despidos más de 100Ignacio Serrano, trabajador de la fábrica, fue votado delegado en su planta por una lista independiente de las burocracias que controla la UOM, en ese entonces. Ante su negativa a aceptar los despidos, Serrano fue perseguido, al igual que sus compañeros, por su actividad gremialDe manera ilegítima se le quitaron los fueros, y poco tiempo después fue despedido. Ante sus respuestas, desde el marco legal, tanto Serrano como otros compañeros despedidos lograron medidas cautelares a su favor que obligan a la empresa a reincorporarlos.

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fnachoserrano1983%2Fvideos%2F10207807219248006%2F&show_text=1&width=560

La empresa no respetó las cautelares. Actualmente, Ignacio Serrano sigue sin poder reingresar a su lugar de trabajo. Este ejemplo es una muestra entre tantas otras de cómo las patronales violan leyes a su antojo, pero ante una medida de fuerza de los trabajadores lloran “ilegalismos” desde los medios masivos.

Existen otros ejemplos. El cierre de Donelley, la grafica que fue ocupada y puesta a producir por sus trabajadores, que hoy funciona bajo el nombre de Madygraf. Más reciente fue el cierre de la planta de AGR, la grafica del grupo Clarín, con una historia muy parecida a la de Pepsico, pero con la grosera muestra del cerco mediático empleado, ya que se trata de una planta de la corporación mediatica mas poderosa del país: el grupo Clarín. Los trabajadores de AGR, además de poner en evidencia los altos niveles de impunidad de la empresa en cuanto a cercos mediáticos y maltratos, también evidenciaron mentiras e ilegalismos por parte de este monstruo de las comunicaciones.

Legislación, dietazos y corrupción

Desde el Congreso Nacional se aprueban leyes que cercenan (aún más) los derechos de los trabajadores. Desde el Poder Judicial los fallos van en la misma dirección. Sin embargo, legisladores y jueces se aumentan sus salarios y dietas con cifras obscenas para cualquier trabajador. Lo mismo ocurre con funcionarios del Poder Ejecutivo. Mientras condenan a los docentes a sueldos miserables y se los ataca desde los medios hegemónicos, sus salarios son cínicamente obscenos, la burla de parte de las instituciones hacia la clase trabajadora crece. Desde los tres poderes del Estado se legaliza el maltrato, se avala el robo y se cristaliza la impunidad.

Retomando la frase de Foucault que abre la nota, desde las instituciones de poder se decide “qué es legal y que no”, o mejor dicho desde el ejercicio del poder. La toma de conciencia de la clase trabajadora, el saberse dueña de un poder inalienable es la una herramienta que permanece. Las medidas de lucha, la solidaridad de clase y el ejercicio del legítimo derecho a la protesta y el rechazo a la impunidad es lo único que permanece.

Las mismas empresas poderosas que despiden trabajadores, financian pautas publicitarias (al igual que los gobiernos) y son auspiciantes de programas de “debate político”, financian campañas electorales y medios de comunicación (cuando no son directamente los medios de comunicación, vale recordar los despidos en ARG-Clarín). Entre las empresas que se presentan como auspiciantes, muchas veces aparecen sindicatos manejados por burocracias cómplices de los despidos que actúan en consecuencia con gobiernos y patronales. Entonces: ¿con qué “objetividad” periodística nos vamos a encontrar en esos programas televisivos “auspiciados por…”? Vale recordar que la agencia estatal Télam acaba de despedir a un periodista por hacerle una pregunta al Jefe de Gobierno Horacio Rodriguez Larreta. ¿Se acuerdan del “queremos preguntar”?

Algo similar ocurre con partidos pseudo-opositores que, más allá de sus discursos, no se ve a sus dirigentes apoyando a los/as trabajadores/as y en las distintas legislaturas votan leyes oficialistas. Mientras la mayor central sindical se mantiene en su cómplice parsimonia, la principal fuerza opositora, que hace no mucho tiempo fue gobierno, especula desde la misma pasividad e incluso llama a “no movilizarse” buscando rédito en las próximas elecciones.

En el año del centenario de la Revolución Rusa, y habiendo pasado pocas horas de un nuevo aniversario de la Revolución Francesa, la historia universal nos da ese saber para conocer el poder inalienable de la población para enfrentar a instituciones despóticas.

El próximo martes 18 de Julio, los trabajadores de Pepsico convocaron a una movilización en el obelisco a las 17hs. La historia del ejercicio del derecho inalienable a enfrentar a la tiranía institucional podrá tener un nuevo capítulo en esa jornada.

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Dejá de hacerle el aguante

Reproducimos un relato publicado por muchopalonoticias.com sobre las reflexiones y emociones de una persona que evitó el linchamiento de un joven en Nueva Córdoba. Este episodio ocurrió dos días después del ocurrido en el centro de la ciudad de Córdoba contra un niño acusado de robar un teléfono celular. Por: Emi G. / Para Mucho Palo Noticias
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Llego a casa y aún desde la angustia, empiezo a escribir estas líneas sobre lo que viví. Evité, junto a otra mujer, que lincharan a un pibe de 17 años en Nueva Córdoba.
Desde el local donde trabajo, salí al ver a lo lejos que un chico corría. De repente alguien lo intercepta y este joven vuela y cae al piso por el impacto. Su cuerpo queda desparramado en la vereda.
Será que tantas veces ahogue gritos y me arrepentí por no actuar que salí eyectada del local.
Todo era confuso, pero me propulsaba sentir, lamentablemente, por dónde venía la mano. “El pibe chorito”, murmuraban. Y al toque ya todos decían lo mismo en la cuadra. “Seguro robo el negro este de mierda”, “que vaya a laburar”.
No sé ni cómo pudimos salir del tumulto de gente. Recuerdo la mirada de ira del hombre que vomitaba un odio visceral: “seguro que robó algo, sino porque corría”. Su piel blanca, su cabello risado, y su ropa cool eran las credenciales que al pibe le faltaban para habitar este sector de la ciudad. Su rostro sospechoso no soporta ni un paso en falso que haga que llame la atención. Porque hacer notar su existencia solo le devuelve repudio.
Con la otra mujer que intervino lo abrazamos y empezamos a caminar. Como sea, pero teníamos que irnos de ahí. Cada vez había más personas solo vomitando odio. Si no nos íbamos, la ligábamos nosotras también.
Lxs tres temblábamos. El miedo, la bronca, el dolor, la tensión. El pibe se agarraba las costillas y su cabeza, y largaba gemidos suaves de dolor. Ni el dolor se permitía expresar, pensé. Quisimos acompañarlo al hospital pero no quiso, solo quería irse. Solo quería llegar a su casa.
La piel se me eriza de dolor. Al sentir que somos humanos comiéndonos unxs a otrxs, de igualdades abstractas y privilegios naturalizados e incuestionados. Esta historia es sobre un pibe que asustado corrió cuando sintió que querían pegarle, y en sus bolsillos solo llevaba chocolates. Esta historia es sobre un pibe que esta vez zafó.
¿Y si en sus bolsillos en lugar de chocolates tenía algo más? ¿Si hubiese tenido algo que no compró en la ciudadanía del consumo? ¿Qué tenía que suceder?
Pero tampoco puedo dejar de pensar que el golpe de gracia que lo hace caer nuevamente se lo propició el cuidador de autos de la cuadra, el naranjita que a diario me cruzo. Cuando le pude preguntar por qué lo hizo, no pudo responder. Estaba aún consternado, angustiado. “Me la mandé”, “a mi me pasa eso mismo todo el tiempo”, decía. Sí. A él también lo señalan, lo marcan, lo corren, le pegan.
Hay detalles que decido guardar. Pero deseo compartir que donde sea que estemos: que nuestros cuerpos no queden ahí, tan solo siendo observadores de escenas que parecen de ficción pero son hiper-realistas. Que nos afecte, que nos interpele, que actuemos.
Cada violencia del machote que milita la propiedad privada y el disciplinamiento social que tan solo desfila ante nuestros ojos, es una violencia que aceptamos tolerar.
Las miserias que trae  la dictadura del capital deshumanizan hasta los más pobres y lleva a enfrentarnos entre nosotros
Publicado: Martes 20 de Junio de 2017

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