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Debate: Anular el voto, con la política de la clase obrera

Ninguna lista, ningún candidato, expresa la política de la clase obrera. Es indispensable considerar que ninguna de las fuerzas políticas que se presentan a elecciones desnuda el carácter reaccionario del Congreso, ni denuncia el papel que juegan las elecciones en el capitalismo.

Las elecciones son un mecanismo que busca legitimar la explotación y la opresión sobre la mayoría, sobre quienes trabajamos y hacemos funcionar las máquinas, las fábricas, el transporte, la economía. Legitiman el régimen actual, y discuten a espaldas nuestras el futuro de nuestro pueblo, sin cuestionar la gran propiedad. 

Ninguno de las listas y candidatos dice que es necesario un levantamiento nacional para terminar con estas políticas del gran capital y del imperialismo, ni denuncia que el Congreso ha servido para sacar todas las leyes que necesitaron Macri y el FMI, que además es cómplice e impotente frente a todas las tropelías del Gobierno, utilizando las Justicia y los servicios de espionaje, reforzando el autoritarismo contra las masas. Los candidatos se cuidan muy bien de no decir qué medidas van a tomar, porque no están dispuestos a romper con los grandes bancos y el FMI, tampoco con los terratenientes ni las petroleras.

Por estas razones llamamos a anular el voto, con la política de la clase obrera. 

  1. Ajuste inmediato de salarios y jubilaciones para que alcancen como mínimo al costo de la canasta familiar ($45.000 hoy) y ajustado mes a mes de acuerdo a la inflación real.
  2. Terminar con la desocupación y toda forma de precarización laboral y esclavización en el trabajo, repartiendo todo el trabajo entre todos los trabajadores sin afectar el salario. 
  3. No a las reformas previsionales, laborales e impositivas contra los trabajadores.
  4. Desconocer toda la deuda del Estado, en pesos o dólares. Desconocer el acuerdo con el FMI, que tuvo como destino la fuga de divisas del país.
  5. Estatizar toda la banca e imponer el monopolio del comercio exterior. Para que no se fugue un solo dólar. Para impedir la importación de mercancías que se producen en el país. Para importar los insumos imprescindibles para la producción industrial y para atender la salud pública. 
  6. Expropiar sin pago a la oligarquía terrateniente, estatizando toda la tierra.
  7. Expropiar sin pago y estatizar los sectores vitales de la economía, en gran medida en manos de la multinacionales recuperando todas las privatizadas, fundamentalmente el gas y el petróleo. Anular los tarifazos.
  8. Por un sistema único, nacional y gratuito de salud y educación. 
  9. Plan de obras públicas para resolver las necesidades urgentes de la población.
  10. Confiscación de las cadenas de supermercados para garantizar una red de abastecimiento e todos los productos necesarios, desde los productos a los consumidores, a precios que se puedan pagar.

Estas medidas no pueden ser impuestas por el voto, o por ley. Solo serán impuestas con la lucha, con la acción directa de masas. La clase obrera tiene que tomar las riendas de la sociedad para terminar con el camino de la barbarie.

Agustín, militante del POR.

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Debate: Elecciones: El voto contra Macri

El calendario electoral impone cada tantos meses a la militancia popular y clasista el interrogante de qué postura definir ante las urnas. 

La respuesta no tiene por qué ser una, ni siempre la misma en cada ocasión. Desde una perspectiva dialéctica, ante cada coyuntura es necesario hacer un análisis profundo y sin concesiones. Desde una perspectiva clasista, las elecciones del sistema político burgués son terreno ajeno, una instancia más en la maquinaria institucional capitalista que se renueva para garantizar la perpetuación de la explotación de la clase trabajadora. 

Pero su resultado, como cualquier otra instancia de poder, no nos resulta indiferente, en tanto puede generar, y genera, mejores o peores condiciones para la continuidad de la lucha obrera. 

Al igual que en 2015, hay una alianza de partidos burgueses -la que controla ahora el Estado- que propone una ofensiva patronal total: la destrucción de los derechos laborales, sindicales y sociales. 

En su gestión de gobierno ya se han demostrado los resultados de la aplicación “gradual” de esta política: destrucción productiva, timba financiera, desocupación y caída de los ingresos de las familias obreras. 

Frente a esta realidad, lo que muchas trabajadoras y trabajadores harán será intervenir en la instancia electoral con un voto en defensa propia, razonando que de esta forma se detendrá el desplome de sus condiciones de vida.

Desde el activismo clasista, en particular el que ha logrado avanzar en organización sindical concreta, podemos reconocer la legitimidad de esa postura y plantear nosotros que ese voto es táctico, en el marco de una estrategia más larga de seguir construyendo organización para la lucha. 

Porque no es sólo el ataque a los ingresos de cada trabajador. El macrismo propone acelerar. Anular de una vez por todas la “excepcionalidad argentina”, demoler las organizaciones gremiales, los convenios colectivos y las conquistas laborales que se mantienen en pie. 

La gravedad de la coyuntura vuelve aún más asincrónica, si cabe, la interna fraticida que sacude a una de las principales organizaciones de la izquierda, a la que no le falta ningún condimento: espionaje interno, purgas, reescritura histórica. El espectáculo, lamentable, debilita aún más la postura de que los trabajadores deberían considerar el frente que integran como la opción que los representaría en las urnas. Tener un programa que se declama no burgués no es suficiente, cuando en lo concreto se despedaza la organización en la disputa por las rentas obtenidas en rondas electorales previas. 

El problema del delimitacionismo en la izquierda argentina es más profundo, de cualquiera manera, y como muchas de sus prácticas, poco marxista. “Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los demás partidos obreros. No tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado. No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario”, escribían en 1848 Marx y Engels. 

Le cabe a la clase obrera el principal peso de construir sus propias organizaciones, organizar su lucha y cambiarlo todo. No a los partidos en el juego electoral burgués. En esa perspectiva, es necesario sacar al macrismo del control del Estado.

Por Ernesto.

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Debate: En estas elecciones votamos contra los patrones, votamos al FIT-U

Como venimos planteando en El Roble (incluso antes de que Macri ganara las elecciones en 2015), los planes del gobierno de Cambiemos son de ajuste y tarifazo como forma de bajar el “gasto” público; de reformas laboral, previsional, impositiva y devaluación de la moneda como forma de abaratar el costo de la mano de obra. Los efectos de estas políticas los venimos padeciendo directamente en nuestros bolsillos y en el empeoramiento de las condiciones de trabajo, la pobreza ha crecido y la desocupación ya supera el 10%. A la par, ha sido exponencial el aumento de la deuda externa con el subsiguiente sometimiento a los mandatos del imperialismo vía FMI.

Desde este punto de vista, lo que está en juego en estas elecciones es la legitimidad con la que el gobierno que venga avance con los planes a pedido de los patrones. Si el gobierno consigue la reelección, seguramente -como planteamos en la editorial de este número-  apretará el acelerador en esas reformas que, pese a haber avanzado, hasta ahora no ha podido aplicar a fondo gracias a la lucha obrera y popular. Pero si resulta triunfante la fórmula Fernández – Fernández, que aparece polarizando el escenario electoral, la situación puede llegar a ser distinta en su forma pero no en su contenido: hablan de pagar la deuda intentando renegociar los acuerdos con el FMI, de tener que revisar (o “modernizar”) las normativas laborales -reforma encubierta- y miran para otro lado a la hora de pronunciarse a favor del aborto legal. Así las cosas, el resultado electoral funcionará como aval para hacer avanzar esta política en 2020.

Desde ya que es comprensible la expectativa que genera la posibilidad concreta de sacar al macrismo del poder, teniendo en cuenta la crisis económica y social que sufrimos como clase obrera. Pero debemos advertir que no habrá un cambio de rumbo desde el punto de vista de las necesidades del capital. El programa económico, en cualquier caso, sigue siendo el de los patrones, el de encontrar la vía más efectiva para reimpulsar la tasa de ganancia con los mayores niveles de paz social posible.

Por eso, teniendo en cuenta las expectativas que amplios sectores de la población tienen en las elecciones, creemos que los trabajadores y trabajadoras tenemos que expresarnos en las urnas rechazando los planes patronales. El voto al Frente de Izquierda y los Trabajadores – Unidad (FITU) es lo más avanzado en este sentido, ya que expresa esa independencia de clase, expresa la lucha consecuente contra los despidos y los cierres de fábricas, por los derechos del movimiento feminista -como el aborto legal-, plantea abiertamente el no pago de la deuda,  el rechazo a la reforma laboral y a toda pérdida en las condiciones de vida de nuestra clase. Por supuesto que el rechazo político que podemos hacer con los votos es una manifestación más de descontento, pero no es ni la única ni la más importante: ponerle un freno a los planes patronales, derrotar a la burocracia sindical cómplice del ajuste y seguir acumulando fuerzas para las batallas venideras, son tareas que tenemos que seguir desarrollando en las calles, en la organización desde abajo, en la unidad de acción y en el desarrollo de frentes de lucha pongan en el centro los intereses de la clase obrera. 

Facundo Anarres, militante del PRC.

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Opinión: La vieja trampa del nacionalismo

La Revolución de Mayo de 1810 señala el comienzo del ascenso de la burguesía como clase social dominante en esta parte del mundo. La independencia conseguida poco tiempo después no debemos entenderla como un hecho político solamente, sino ante todo como un hecho económico: la remoción de las trabas que España imponía al desarrollo de las relaciones sociales capitalistas en el plano comercial, primero; agrario e industrial, después. El desarrollo del capitalismo y sus instituciones era el programa de la incipiente burguesía local.
Puede decirse, por lo tanto, que la historia del capitalismo en la región, que más tarde (hacia 1853) será conocida como Argentina, comienza con la Revolución de Mayo de 1810. Lo que hoy estamos festejando entonces es el aniversario del capitalismo en estas pampas.
¿Cómo pueden festejar los trabajadores el aniversario del sistema social y político que los mantiene esclavos? A esta situación se pudo llegar únicamente a través de un gran engaño que se llama “nacionalismo”.

La gran ventaja que la burguesía encuentra en el nacionalismo es que le permite ocultar la división en clases sociales. Es decir, según el nacionalismo, antes que burgueses y trabajadores, explotadores y explotados, seríamos argentinos y, como argentinos, nos dicen, tenemos que “tirar todos para el mismo lado”. Es como encerrar al lobo con las ovejas y pretender que éstas crean que tienen intereses en común.
Para peor, sólo los trabajadores se toman al nacionalismo en serio y siempre están dispuestos a hacer grandes sacrificios para salvar a la Patria cada vez que se lo piden (guerras, desastres naturales, crisis económicas). Y luego de pasada la emergencia, su esfuerzo no es reconocido.

Por el contrario, los patrones no son nacionalistas sino de la boca para afuera, todas sus acciones están guiadas por un único fin: la ganancia privada. Son nacionalistas de su bolsillo y de sus cuentas bancarias en Suiza y Uruguay, y cuánto más lleno de dólares, euros y yenes, mejor están. No importa si en esa carrera por la acumulación perjudican a la educación, la salud pública, y la balanza comercial, si vacían al Tesoro Nacional o si apuntalan un sistema productivo dependiente de maquinarias y repuestos importados, o si dejan al 40% de los argentinos en la pobreza. El nacionalismo de los patrones se reduce a llevar una escarapela una vez por año, pero a la hora de tomarse vacaciones prefieren ir a Miami, Cancún o a algún otro destino exótico. ¿Por qué prefieren los autos, la ropa, los perfumes, la comida importados si tanto apoyan a nuestro país? En todos los países Coca-Cola alienta a las selecciones de fútbol nacionales. O bien los directivos de Coca-Cola son esquizofrénicos o bien el nacionalismo es un sentimiento popular que ellos aprovechan inescrupulosamente para vender y ganar más. Nos inclinamos por la segunda opción.

La hipocresía de la burguesía llega tan lejos que hoy festejan la fecha patria con la palabra “Soberanía” en la boca, mientras lo fundamental del aparato productivo afincado en el territorio nacional pertenece a multinacionales extranjeras. ¿Cómo pueden hablar de soberanía mientras que las decisiones sobre qué y cuánto se producen son tomadas por multinacionales extranjeras? Además, la ganancia no queda acá, ni siquiera para reinversiones, sino que va a parar a los bolsillos de multimillonarios estadounidenses, europeos, etc. Surge entonces la respuesta fácil: que el Estado compre, todas las empresas fundamentales (nacionalización) y así, los resortes de la economía quedarán en manos argentinas. Esto, además de ser imposible por como se ha desarrollado el capitalismo (división internacional del trabajo, países imperialistas, etc.), sería seguir cayendo en la trampa del nacionalismo. Ya que nuevamente seríamos los trabajadores quienes haríamos el esfuerzo trabajando para que nuestra producción fuera competitiva y poder exportar, mientras que la burguesía sería quien tomaría las decisiones de qué se produce, cuánto y cómo se distribuye la ganancia. Como conclusión de estas reflexiones: el nacionalismo es una ideología que conviene a la burguesía, que ni siquiera se molesta en ser coherente. Los trabajadores debemos hacer esfuerzos por liberarnos de esta trampa, difundiendo la ideología del internacionalismo proletario: todos los trabajadores de cualquier país, hablen el idioma que hablen, profesen la religión que profesen, etc., somos hermanos y todos los burgueses de cualquier país son nuestros enemigos. Hoy en día, que las grandes multinacionales explotan trabajadores de una veintena de países a la vez, el internacionalismo no es sólo una idea romántica, sino algo necesario para la lucha reivindicativa.

Por Gastón

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