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¿Por qué arde el Amazonas?

Mientras el Amazonas arde desde hace tres semanas ante la soberbia de Bolsonaro y el silencio cómplice o las declamaciones vacías de los presidentes del resto de los países, ayer 23 de agosto, en Buenos Aires, se realizó una movilización a la embajada de Brasil para exigir que se tomen las acciones que se deberían haber tomado para evitar tamaño desastre y denunciar que detrás de las caras visibles, el responsable es este sistema voraz que poco le interesa la vida con tal de aumentar sus ganancias, poniendo en un riesgo inminente al mundo entero.

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Más de un millón de hectáreas fueron arrasadas de unos de los últimos espacios de biodiversidad que quedan en este planeta ,donde el 75 % de su superficie fue alterada. Destrucción resultado de una política sistemática de depredación que se intensificó en más del 88 % desde que asumió Bolsonaro, contándose solo este año más de 72000 focos de incendio.

La persecución y asesinato de los pueblos originarios que lo habitan y defienden, la destrucción del Ministerio de medio ambiente, el desfinanciamiento de la Fundación Nacional del Indio, y la permanente arenga pro-agronegocio permitieron que el 10/08 se produjera el Día del Fuego: una quema conjunta de los hacendados entre los que se encuentra JBS, el mayor productor ganadero del mundo, en plena época seca. El resultado lo estamos viendo: tierras devastadas, animales calcinados, habitantes de la selva que hasta hace unos días vivían en armonía con su entorno ven sus casas devastadas. El humo hace unos días anocheció San Pablo a las 3 de la tarde y ya está llegando a Argentina.

El papel del Amazonas es central para el equilibrio climático mundial. La descomunal masa de vapor que genera el bioma atrae los vientos cargados de vapor del océano que terminan chocando contra Los andes condensando en el rio Amazonas, lo que permite se regule la temperatura global. También filtra el aire de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero, permitiendo que la selva lo absorba y lo acumule en las plantas. Se calcula que el 10 % del carbono de la tierra está en el Amazonas. Pero tiene otra función. Como si fuera poco, el enorme caudal que llega al Océano Atlántico, a razón de doscientos millones de litros por segundo, nutre el océano alimentando a las diatomeas y el fitoplancton, pequeños organismos responsables de producir más del 80 % del oxígeno que respiramos. Cada árbol, cada planta, cada animal juega un papel en sostener este equilibrio que se está destrozando. El verdadero efecto de este desastre está por verse.

incendio-amazonas-enfrenta-francia-brasil-jair-bolsonaro-1Imagen: televisa.news

Agronegocios

El agronegocio es una de las caras más atroces del capitalismo, que carga los costos directos sobre los hombros de las regiones que fuimos sentenciadas a ser las proveedores de materias primas. El avance permanente de la frontera agraria sobre bosques nativos, tierras que serán bombardeadas con agrotóxicos que envenenan la tierra, las napas, el agua que tomamos y la comida que comemos, para producir alimentos a una población mayor de ganado, cuyos excrementos contaminan las aguas y son responsables de casi la mitad de los gases invernadero. No hay tierra suficiente para que los casi ocho mil millones de humanos coman carne, por lo que van a parar a las mesas del primer mundo, como lo demuestra el tratado firmado hace poco entre Europa y el Mercosur. Y todo este negociado en manos de unas pocas enormes corporaciones, como Bayer-Monsanto, Bunge, JBS, JP Morgan, etc., mientras nosotros pagamos los costos. Todo para producir un alimento en abundancia pero que no nos llega. Se producen alimentos para casi el doble de los que somos, pero más de mil millones de personas viven en hambruna y más de la mitad de la población apenas llega al mínimo necesario.

Si a esto le sumamos la minería y el petróleo, tenemos el combo llamado extractivismo que está arrasando la naturaleza. No podemos confiar en los políticos de ningún pelaje. El extractivismo es central para el capitalismo argentino y de todo el tercer mundo. Con sus dólares sostienen las timbas financieras y los grandes negociados. Desde Macri avalando fumigar escuelas, Evo Morales habilitando hace un mes la quema de tierras en El Beni o Santa Cruz, hasta el propio Alberto Fernández, que promueve el modelo de minera de San Juan que produjo el mayor desastre ambiental asociado a la minería, y que pondrá como ministro de Agricultura a Felipe Solá, alguien que cuando ocupó el cargo durante la época de Menem aprobó por decreto el uso de transgénicos (además de ser el responsable político del asesinato de Darío y Maxi, vale resaltar). Y menos de los países centrales, cuyos acuerdos son una mentira.

Que arda el capitalismo

mex.jpgProtestas en México: https://www.debate.com.mx

El capitalismo nos está llevando a un abismo: El julio pasado fue el mes más caluroso desde la época preindustrial, 1.2°C globales por arriba del promedio. En lo que va del año, Francia llegó a los 46°C, Italia a 48,5°C, Kuwait a 53,9°C. Enormes extensiones de bosques se incendiaron en Alaska y Siberia. Glaciares en Groenlandia se derritiendo a nivel nunca visto, la India sufrió una de sus peores sequías, Chaco se inundó producto de la desforestación del Gran Chaco, otro de los biomas que sostienen el planeta y que gracias a Urtubey y compañía se ve cada vez más reducido. No sabemos cuál será el efecto de todo esto, pero sí sabemos que si la temperatura global supera los 1.5°C globales de aumento con respecto a los niveles pre industriales, se desencadenarán procesos irreversibles cuyo futuro es imprevisible. Este es el planeta devastado que no nos muestran.

Es central entender que es el mismo sistema que por un lado nos intoxica para mantener su negocio el que también nos explota, nos hambrea, nos reprime, nos mata. Necesitamos por en pie espacios de discusión y organización donde debatamos qué clase de mundo queremos, donde desterremos el agronegocio envenenador en pos de una producción agroecológica, el uso de energía renovable y demás tecnologías que ya están al alcance, pero sobre todo, un cambio radical en el orden social y político que permita que seamos los que trabajamos, y no un puñado de avaros, los que definamos qué mundo queremos legarles a las próximas generaciones.

Imágen destacada: disculpen_lamolestia

Shevek

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En Argentina se utilizan más de 100 plaguicidas prohibidos

Agrotóxicos

Meses atrás, en una conferencia en la sede de la Sociedad Rural Argentina, el presidente Mauricio Macri defendió abiertamente la fumigación con agrotóxicos, criticando las medidas que prohibían su uso a metros de las escuelas rurales. Este hecho no es aislado. Se enmarca en una política que defiende a las grandes multinacionales que dominan los agronegocios y se refuerza con el ataque sostenido a los pequeños productores y a quienes critican el modelo actual de producción de alimentos.
En marzo de este año Monsanto fue condenada a pagar 2000 millones de dólares por ser considerado responsable de causar cáncer en una pareja que había utilizado Roundup, un producto elaborado con glifosato, durante 35 años en un terreno en San Francisco. Este fallo se suma a otros dos anteriores donde se responsabiliza a Monsanto de contribuir al desarrollo de cáncer en quienes utilizaron con regularidad sus productos.
En la Argentina, mientras tanto, se utilizan más de 100 plaguicidas prohibidos en el resto del mundo por ser altamente peligrosos para la salud. El modelo actual de siembra directa utiliza en dosis importantes algunos agroquímicos y en mayor proporción el glifosato en el caso de la soja, y la atrazina en el caso del maíz. Y a pesar de las críticas a nivel mundial, el gobierno argentino sostiene y defiende este modelo de producción concentrado, que enriquece a dueños de grandes cantidades de tierra, a costa de la salud de la población.
Del otro lado de la vereda, la producción agroecológica, libre de agroquímicos y respetuosa del medio ambiente, es sostenida por agricultores familiares y campesinos que en su mayoría no son dueños de la tierra que trabajan y que, como muchos, sufren el ajuste y se ven perjudicados por la devaluación, la inflación, el impacto de la suba del dólar sobre el precio de los insumos y además, por medidas tomadas por el actual gobierno, tales como, el desguace de la Secretaría de Agricultura Familiar, eliminando las políticas de asistencia al sector que produce los alimentos que consumimos a diario.
Hoy cerca de 15000 productores de 15 provincias se organizan en la Unión de Trabajadores de la Tierra, organización sectorial que se moviliza fundamentalmente por el acceso a la tierra, exigiendo la implementación de un PROCREAR rural, que les permita dejar de arrendar en las usurarias condiciones actuales. Pero también son quienes mediante ferias y mercados locales acercan al consumidor frutas y verduras a precios razonables y sin intermediarios. Durante el último año, los feriazos que realizan se multiplicaron en distintas provincias, para visibilizar la lucha por la soberanía alimentaria y una vida digna para los trabajadores de la tierra.

Por Marina.

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Falleció Fabián Tomasi, emblema de la lucha contra los agrotóxicos

Esta mañana en la ciudad de Basavilbaso, falleció el ex fumigador Fabián Amaranto Tomasi, tras no haber resistido su última internación. Tomasi fue el exponente de las graves consecuencias que generan el uso de agrotóxicos, cuyos venenos le provocaron un serie de padecimientos a su salud que le ocasionaron su muerte. Por ANRed


Esta mañana en el hospital de Basavilbaso falleció Fabián Tomasi, considerado icono mundial de la lucha contra los agrotóxicos. Fabián venia peleando desde hace mucho tiempo contra el uso de agrotóxicos poniendo su cuerpo como evidencia, exponiendo las graves consecuencias de este mundo contaminado por la rapiña del agronegocio. Su lucha, incansable se apaga, pero nos ha dejado “la gesta de alguien predestinado a la tarea de abrirnos los ojos, devolvernos a lo humano”.

Compartimos una carta escrita por Fabián publicada en marzo de 2018, en la Garganta Poderosa

Desde muy joven, durante muchos años, trabajé en el campo guiando avionetas, en contacto directo con agrotóxicos. Y yo soy de Basavilbaso, Entre Ríos, donde la gente aprendió a pasar por encima de la frustración sobre las carrozas de los carnavales. Pero lamentablemente, detrás de sus coloridas luces o debajo de sus majestuosos escenarios, hoy sólo puedo ver la cara de Antonella González, una nena que murió de leucemia en el Hospital Garrahan, hace apenas 4 meses. Había nacido en Gualeguaychú, hace apenas 9 años. Y falleció, víctima de los agroquímicos. Los médicos lo sabían, todos lo sabíamos. Como también sabemos que un 55% de los internados en el Garrahan por cáncer, provienen de nuestra provincia…

La más fumigada del país, una de las más envenenadas del mundo.

Nunca participé de ninguna fiesta. Ni antes, porque jamás me alcanzó el dinero, ni ahora, porque hace mucho tiempo me diagnosticaron polineuropatía tóxica severa, con 80% de gravedad: afecta todo mi sistema nervioso y me mantiene recluido en mi casa. Mis primeros síntomas fueron dolores en los dedos, agravados por ser diabético, insulinodependiente. Luego, el veneno afectó mi capacidad pulmonar, se me lastimaron los codos y me salían líquidos blancos de las rodillas. Actualmente tengo el cuerpo consumido, lleno de costras, casi sin movilidad y por las noches me cuesta dormir, por el temor a no despertar.

Tengo miedo de morir. Quiero vivir.

Tal vez, ese miedo me pueda servir de escudo, una especie de anticuerpo, como el humor. O como tanta gente que me ayuda para que pueda estar escribiendo, en vez de largarme a llorar, porque la enfermedad me hizo adelgazar 50 kilos y he visto mucha gente fallecer por consecuencia de las fumigaciones, pero nadie se anima a hablar. Mi hermano Roberto, sin ir más lejos, fue otra víctima más de las lluvias ácidas que arrojan sus avionetas: el cáncer de hígado no lo perdonó. Jamás voy a olvidar su agonía, escuchándolo gritar toda una noche de dolor. Mi papá falleció así, con esa tortura en la mente y tragándose silenciosamente la impotencia de verme así. Ahogado, de rabia y de temor.

Yo no quiero ahogar mis palabras. Quiero gritar.

Muchas provincias del litoral son arrasadas por el glifosato y el resto de sus químicos, como si desconocieran que los seres humanos tenemos un 70% de similitud genética con las plantas. ¿Cómo esperaban que sus venenos aprendieran a distinguirnos? No lo hacen. Por eso, cuando se fumiga, sólo un 20% queda en los vegetales y el resto sale a cazar por el aire que respiramos. ¿Entienden? No todo es brillantina y diversión en lugares como San Salvador, el “Pueblo del Cáncer”, donde la mitad de las muertes derivan de la misma causa. Allí, el carnaval nunca llega… Y sí, recibí muchas amenazas por visibilizar lo que nos hacen comer, respirar y beber a diario. Pero ya no basta con decir “Fuera Monsanto”, porque las cadenas de maldad hoy se extienden al resto de las compañías multimillonarias y se enredan con el silencio. Pues no hay enfermedad sin veneno y no hay veneno sin esa connivencia criminal entre las empresas multinacionales, la industria de la salud, los gobiernos y la Justicia. Hoy más que nunca, necesitamos que paren y para eso debemos luchar, aun en el peor de los escenarios, porque nuestro enemigo se volvió demasiado fuerte…

No son empresarios, son operarios de la muerte.

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Megafusión Bayer-Monsanto: la aspirina que enferma de cáncer al campo

La megafusión entre Bayer y Monsanto ha sido concebida como un negocio redondo como la aspirina. La misma química que nos produce cáncer con el herbicida de glifosato a lo largo de la cadena alimenticia, también pretende hacer negocio vendiéndonos el presunto remedio a través de sus medicamentos.

Esta fusión de Bayer y Monsanto es una mala noticia para el campo y para toda la ciudadanía. Es urgente avanzar hacia una producción de alimentos responsable con la salud y el medio ambiente. Sin embargo, la Comisión Europea está favoreciendo la creación de un gigante empresarial que representa el camino contrario: Transgénicos, agrotóxicos y el monopolio de los datos en agricultura

La operación, de 63.000 millones de dólares, ya aprobada por la Comisión Europea y EEUU, supone que tan solo tres multinacionales controlarán el 70% de los agroquímicos y más del 60% de las semillas a nivel mundial.

Bayer y Monsanto pueden usar datos patentados y propiedad intelectual de patentes de semillas y productos químicos y plataformas de cultivo digital para hacer a los agricultores cada vez más dependientes.

‘FUSIÓN BAYER-MONSANTO: BIG DATA, BIG AGRICULTURE, BIG PROBLEMS’

La agricultura digital implica la recolección masiva de datos en una granja a través del uso de sensores, que van desde piezas conectadas a maquinaria agrícola hasta satélites. Estos datos se envían a un proveedor de servicios como Monsanto, que utiliza esos datos para analizar las condiciones de cada granja y hacer recomendaciones específicas, cobrando por ello, claro. En última instancia, se trata de diseñar recetas detalladas para la siembra de semillas y aplicaciones químicas.

Con esta fusión sólo cuatro compañías dominarán el mercado, de este modo, los granjeros dependerán cada vez más de los rasgos, semillas y pesticidas para sus cada vez más automatizadas granjas. Esta fusión no sólo viola las leyes anti-trust para crear la mayor compañía agroindustrial del mundo, sino que además hace nuestros sistemas alimentarios más vulnerables, con frágiles monocultivos, pesticidas desastrosos que matan a las abejas y amenazan a otros insectos, como las mariposas monarca, y un aumento de precios de los alimentos y una disminución de opciones no transgénicas.

MONSANTO + NEW HOLLAND = CONTROL DE LOS DATOS DEL CAMPO EN TIEMPO REAL

Las corporaciones líderes en agricultura digital se están asegurando el acceso a más clientes alcanzando acuerdos con compañías de maquinaria. Por ejemplo, The Climate Corporation, división de Monsanto de agricultura digital que examina datos de meteorología, tierras y sembrados, ha anunciado que establecerá una conectividad completa entre su plataforma de datos y la maquinaria agrícola de New Holland.

Para asegurarse el dominio de la agricultura digital, Monsanto presiona a los minoristas de semillas para que comercialicen de manera agresiva su producto Climate FieldView, un dispositivo que transmite datos en tiempo real de plantadores, pulverizadores y cosechadoras. Monsanto anunció su intención de construir una “plataforma de datos centralizada y abierta”. Climate FieldView sería el gran mercado virtual de la agroindustria. Las compañías independientes de agricultura digital podrían integrar sus herramientas en la plataforma, donde recibirían una mayor capacidad de comercialización. Monsanto ganaría dinero al vender parte de esa información bajo ciertos acuerdos. Esto permite a Monsanto elegir ganadores y perdedores entre las nuevas empresas.

Por Red Eco – Editado por El Roble.

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