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Rosario: marchan en defensa del río y los humedales

Difundimos el comunicado de prensa.

Este viernes 4 de febrero MARCHAMOS:

¡PARANÁZO EN DEFENSA DEL RIO Y LOS HUMEDALES. NO ES SEQUIA, ES SAQUEO!

Desde la ASAMBLEA SOCIOAMBIENTAL DE ROSARIO Y ALREDEDORES este viernes 4 de febrero convocamos a salir nuevamente a la calle contra las políticas extractivistas, la destrucción de humedales y la exigencia de una ley de los mismos. Esta acción es parte de una convocatoria nacional de distintas Asambleas Populares Ambientales de todo el país en el convencimiento que solo una lucha nacional sostenida puede parar este verdadero ecocidio.
Llamamos a toda la población a que se levante frente a este atropello y desde una Asamblea Autoconvocada Socioambiental que se reúne y organiza todos los lunes a las 18hs en plaza San Martín, a la cual los invitamos a participar y ser protagonistas de acciones en defensa del ambiente.
En nuestro territorio, si bien las quemas nos llenan de humo y traen consecuencias en la salud, también asistimos a la destrucción de humedales, cursos de agua, esteros, fauna y flora que afectan nuestro hábitat y condiciones de vida de las generaciones presentes y futuras. Este ataque a la naturaleza es la responsable de la bajante récord del Río Paraná, que ya ha dejado a barrios enteros sin agua, elemento esencial para todo ser vivo. Por eso decimos que no es sequia sino saqueo.
Denunciamos que este Ecocidio no cae del cielo. Hay responsables, el entramado de negocios de los representantes de la agroindustria y los negocios inmobiliarios, que se proyectan a lo largo del país, son la base de los incendios intencionales en nuestra provincia, así como también en Córdoba, Trelew, Misiones, la Comarca Andina, Bariloche y Chaco, sólo por mencionar algunas. Esto sucede en el marco de la ineficiencia y también complicidad de los gobiernos nacionales, provinciales y municipales.
Las políticas que permiten estos hechos, están íntimamente ligadas a una política nacional de ofensiva del extractivismo. La destrucción de humedales son parte de un proceso en el cual se intenta imponer la megaminería en Chubut, Mendoza, Catamarca o la Rioja entre otras, el fracking en Vaca Muerta y el sur de Mendoza, los emprendimientos para la explotación del litio o seguir desarrollando la agroindustria sojera a base de venenos como el glifosato, defendido a capa y espada por los gobiernos.
Estas políticas no han sabido de “grietas”. Han sido una política de Estado continua, que avalan y aseguran las acciones de las empresas extractivistas nacionales e internacionales que dañan severamente el ambiente en su desenfrenada búsqueda y obtención de dólares para sus ganancias y para pagar la Deuda Externa. Empresas que en la mayoría de los casos cobren jugosos subsidios del propio estado.
Denunciamos que el reciente acuerdo con el FMI para pagar una deuda fraudulenta y odiosa no va a significar otra cosa que miseria para nuestros pueblos y una profundización de estas políticas extractivistas, expresadas en la ofensiva para la producción de petróleo a como dé lugar, a los proyectos mega mineros y a la nueva caída de la Ley de Humedales.
Nos sentimos parte de una lucha más general: la de los Pueblos y Territorios contra las políticas extractivistas. Nos hermanamos con las comunidades originarias como Quemquemtrew, que recuperan Territorios considerados “zona de sacrifico” y hoy de los pueblos de la Costa Atlántica contra la explotación minera off- shore, con los cuales creemos debemos construir una lucha nacional.
¡BASTA DE QUEMAS, LEY DE HUMEDALES YÁ! es nuestro grito. Llamamos a las organizaciones sindicales, estudiantiles, políticas, sociales y a todo el pueblo a que levantemos la voz unificadamente y con fuerza contra estas políticas y contra los negocios agroindustriales e inmobiliarios que hay detrás de estos eventos que dejan devastación y miseria a los pueblos.

¡FUERA CABANDIE Y LAS POLÍTICAS EXTRACTIVISTAS IMPULSADA POR EL GOBIERNO NACIONAL Y LOS ESTADOS PROVINCIALES AL SERVICIO DEL FMI Y LAS MULTINACIONALES!

BASTADEECOCIDIO

PARANÁZOEN DEFENSADELAGUAYLOSHUMEDALES.

NOESSEQUÍAESSAQUEO

LEYDEHUMEDALESYA

NOALACUERDOCON ELFMI

BASTADESAQUEO.

EL PRÓXIMO VIERNES 4 DE FEBRERO, AUTOCONVOCADES, ORGANIZACIONES SOCIOAMBIENTALES, SINDICATOS, PARTIDOS POLÍTICOS Y COLECTIVOS, CONCENTRAMOS, A LAS 17 HORAS, EN MORENO Y PELLEGRINI (TRIBUNALES PROVINCIALES) PARA MARCHAR HACIA PLAZA SAN MARTIN (GOBERNACIÓN).

Rosario, 31 de enero del 2022

VOCEROS DE PRENSA
LUIS CUELLO: 3416195888
SERGIO GOROSITO: 341-6632454
SUE CEBALLOS: 3415693758
PATRICIO ATKINSON: 341 6239650

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OTRA VEZ EL FUEGO ¿PARA HACER NEGOCIOS?

El 1 de marzo en el Congreso Nacional, Alberto Fernández reafirmó el Acuerdo Federal Minero y la aceleración de la extracción de gas y petróleo en Vaca Muerta, y se comprometió a realizar la obra pública que se necesita para avanzar en dichos emprendimientos. Al mismo tiempo, Omar Gutiérrez reafirmaba en la Legislatura de Neuquén las palabras del presidente. – Por El Cascotazo.

En Río Negro, la gobernadora Arabela Carreras y el opositor Miguel Picheto, comparten el mismo proyecto a pesar de tener discursos en apariencia diferentes. Por su parte Arcioni, el gobernador de Chubut que durante la campaña electoral estigmatizó a las empresas mineras, ni bien asumió el cargo inició negociaciones con las mismas para que desarrollen la minería a cielo abierto en esa provincia.

Por eso no resulta casual que el ministro de desarrollo productivo Matias Kulfas y el secretario de minería Alberto Hensel, hayan viajado a Canadá en estos días para participar en la Conferencia de la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de ese país, con el fin de ofrecer a los monopolios mineros la extracción de oro, plata, cobre y litio en cinco provincias Argentinas.

Esta política extractivista es la que explica los incendios que comenzaron el pasado domingo en la Comarca Andina, los que se iniciaron en distintos lugares al mismo tiempo, por lo que los pobladores aseguran que fueron intencionales, algo que hasta las autoridades tuvieron que admitir.

El fuego empezó en Golondrinas, Radal, Epuyén, El Hoyo y Cholila, después aparecieron otros focos en Loma del Medio, Mallín Ahogado y varios puntos mas, quedando El Bolsón casi rodeado. Ante esta situación de desprotección por parte del Estado, los vecinos autoconvocados decidieron recorrer la zona para protegerse por si mismos.

Hasta el momento ya son mas de doscientas las casas incendiadas, además de los talleres, animales, plantas y árboles que eran el medio de vida de los habitantes de la región.

Parte de los evacuados se encuentran en el gimnasio municipal, el cual está colapsado, el resto de la gente deambula tratando de encontrar un lugar donde refugiarse.

Ya se informó oficialmente la muerte de dos personas pero hay muchas mas de las cuales se desconoce el paradero, y las autoridades no solo no dan información al respecto sino que le restan importancia al asunto, diciendo que deben estar acampando en algún lugar.

Ante la desidia de los gobiernos municipales, provinciales y nacional, como siempre, son los propios vecinos los que se organizan para solucionar los problemas creados por empresarios inescrupulosos y políticos corruptos que se enriquecen a costa de las necesidades del pueblo trabajador.

Algunos pobladores aseguran que el objetivo de los incendios es “limpiar la zona de gente”, porque ese territorio estaría asignado a los amigos de los gobernantes para realizar negocios.

Pero olvidan que en esa región, el pueblo ya lleva veinte años resistiendo la instalación de los monopolios mineros, y que están dispuestos a seguir luchando otros veinte años más. Una muestra de ello, la recibieron el presidente Fernández y el resto de los mamarrachos que viajaron hasta la Comarca Andina para sacarse la foto como parte de la campaña electoral. Ellos, y los matones de la UOCRA que llevaron como fuerza de choque, tuvieron que huir ante la furia desatada por la indignación que produce la eterna violencia estatal.

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Defensa del medio ambiente y derechos humanos: ¿Qué pasó en el Parque Aguiar?

La última semana la ciudad de San Nicolás fue noticia a nivel nacional ¿El hecho que lo motivó?: la brutal represión y posterior detención de 11 activistas ambientales. Diez de ellos aprehendidos mientras bloqueaban la circulación de camiones que, por orden municipal, pretendían descargar toneladas de escombros a una laguna habitada por flora y fauna nativa del área natural protegida Rafael de Aguiar. El último de ellos, arrestado cuando se acercó a la comisaría para preguntar por el destino y la situación de sus compañeros y compañeras. Pero hay que retroceder bastante para entender cómo se llega hasta aquí.

Nos encontrábamos a mediados de año y con la cuarentena en su etapa más dura cuando un patrullero atropellaba a dos jóvenes que circulaban en moto y que intentaban evadir un control policial. El asesinato de Ulises Rial y Ezequiel Corbalán aún permanece impune y sus verdugos todavía están en funciones en las calles nicoleñas, portando armas y manejando patrulleros que, ocasionalmente, serán utilizados también como armamento letal. Este hecho, si bien no tiene relación directa con la lucha ambiental de la que estamos hablando, sí nos ayuda a entender mejor de qué hablamos cuando hablamos de la policía.

Por ese entonces también, y durante todo el invierno y buena parte de la primavera de 2020, el país ardía en llamas, literalmente. Los incendios forestales, intencionales en su mayoría, redujeron a cenizas una enormidad de fauna y flora nativas de las distintas regiones del país.

En algunos lugares lo que se jugaba detrás era la necesidad de desocupar tierras para la extensión de la ganadería o del monocultivo; en otros, la depredación inmobiliaria.

El delta del Paraná no fue la excepción y tal es así que las islas que se encuentran frente al continente, aproximadamente desde Campana hasta Rosario, ardieron durante meses. De a poco se conocerían algunos nombres propios de los incendiarios, y el apellido Passaglia (el clan gobernante nicoleño) siempre se escuchaba por allí.

El gobierno nacional, a través de su Secretaría de Medio Ambiente, se limitó a algunas declaraciones sobre lo trágico de la situación. Por lo demás, sólo observó todo desde la primera fila. No era de esperar otra cosa. Si hacemos un poco de memoria, aunque no esté de moda en estos tiempos, debemos contabilizar, desde el inicio mismo de este gobierno, la ofensiva megaminera contra el pueblo de Mendoza, y actualmente contra Chubut, dos provincias movilizadas en defensa de su agua. La aprobación del trigo transgénico y el empuje del acuerdo con China para instalar megafactorías de producción de carne de cerdo. La baja de las retenciones a las megamineras y a las industrias derivadas de la soja, y tantísimo hitos más. Con los Fernández, el extractivismo contaminante no sólo goza de excelente salud, sino que también parece ser el único plan para conseguir los dólares que el FMI y los acreedores internacionales reclaman.

Pero volviendo a San Nicolás, una bicicleteada organizada en repudio a los incendios en las islas fue el punto inicial de un incipiente agrupamiento de personas y organizaciones preocupadas por la protección del ambiente y la tierra que nos cobija.

Así es que cuando se conoció el intento de avance municipal sobre el Parque Aguiar, ya estaba el germen de quienes se encargarían de resistir esta embestida.El área natural protegida municipal Parque Rafael de Aguiar comprende alrededor de 1500 hectáreas y es el hogar de alrededor de 200 especies autóctonas animales, sin contar peces ni insectos –aves, mamíferos, reptiles, anfibios- y 230 especies de plantas, muchas de ellas, con usos medicinales reconocidos por los conocimientos originarios ancestrales. Las intenciones del gobierno municipal en este lugar nunca quedaron totalmente claras (porque el proyecto de obra nunca se dio a conocer), pero versiones extraoficiales hablaban de un paso vehicular atravesando toda el área para conectar con una guardería náutica en construcción, y hasta la posibilidad de explotar una de las islas del delta para la construcción de un casino.

Recordemos que esta gestión tiene historia en la explotación del lugar: hace algunos años se encargó de privatizar lo que fuera el balneario municipal, para transformarlo en una pista de windsurf para los amigos del poder. En ese momento, cuando los empleados municipales ingresaron al lugar con palas y picos, arrasando con cuanto árbol encontraran a su paso, y mientras por el otro lado, camiones arrojaban toneladas de escoria proveniente del Alto Horno de Siderar, la medida desesperada de un pequeño grupo de ciudadanos fue instalar un acampe que permitiera frenar la depredación.

Así transcurrieron casi 60 días. Con un grupo de jóvenes (y no tan jóvenes) que se turnaron para hacer guardias en las carpas, restándoles horas a sus actividades laborales y familiares, y dejando hasta su última energía en una medida tan desgastante como lo es el acampe. Hubo infinidad de actividades para cosechar la solidaridad de una mayor parte de la población nicoleña que permaneció como un espectador externo e indiferente a la situación. Hubo momentos de mayor o menos tensión, con la presencia siempre amenazante de las fuerzas policiales. Hubo marchas muy coloridas y creativas, por las calles de la ciudad, con las consignas principales de “Saquen la basura del parque” y “Proyecto oficial con estudio de impacto ambiental y participación ciudadana”. Hasta que, casi terminado el año y después de pasar la navidad a la vera del arroyo, se decide el levantamiento de acampe, ante el agotamiento psicológico y físico de quienes venían manteniéndolo y ante la amenaza cada vez más cercana de un desalojo violento de la mano de la policía.

Días después de esto, y con las actividades de movimiento de suelo del parque detenidas, los camiones municipales retiran la escoria del lugar; y esto es visto por la mayoría de la población como una pequeña victoria de los y las acampantes.Pero esta sensación no duraría mucho porque enseguida comenzado el año, la basura invadió nuevamente el área protegida y puso en movimiento a quienes, a esta altura, son los únicos que verdaderamente la protegen. Aquellos que habían mantenido por dos meses el acampe y que entienden que a la naturaleza se la defiende, porque ella no puede defenderse sola.

Así se llega a la mañana del martes 26 de enero cuando, después de que el día anterior una orden judicial hubiera suspendido los trabajos y la circulación vehicular en el lugar, algunos activistas se enteran que los camiones, nuevamente, están contaminando una de las lagunas del lugar con escombros, demostrando cómo las órdenes judiciales no tardan en convertirse en papel mojado cuando obstaculizan algún interés económico.

El grupo que se dirige al lugar, decide sentarse frente a los camiones para evitar su circulación, poniendo sus cuerpos como barrera ante el avance del “progreso”. Y es entonces que llega la policía bonaerense; para demostrar, nuevamente, de qué lado está el poder y qué validez tienen las leyes cuando éste no las quiere cumplir, y cuál es la función primera de esta institución armada.

Lo que sigue es conocido: hombres y mujeres golpeados, arrastrados por el piso de los pelos, celulares rotos o robados cuando intentaban documentar lo que pasaba. 10 activistas detenidos sin razón alguna (como si fuera necesario), dos de ellos hospitalizados producto de la golpiza propinada por los perros guardianes del poder. Y un joven chupado de la vereda de la comisaría, cuando había ido a preguntar por el destino de sus compañeros y compañeras.Digamos entre paréntesis, que la comisaría tercera, adonde fueron llevados los detenidos, había sido noticia hace algunos años por haberse descubierto que manejaba toda la circulación ilegal de drogas de la zona norte de la ciudad. Su cúpula fue apartada y reemplazada, pero cuesta creer que sus subordinados hayan aprendido otra forma de funcionar.Con el paso de las horas, y gracias a la presión de decenas de personas reunidas frente a la comisaría, uno a uno fueron liberados y el paso de las semanas dirá cómo continua esta pelea.

En una nota complementaria analizamos las implicancias políticas de los hechos. Que sirva ésta para ilustrar el desarrollo de este proceso que lejos está de haber finalizado, pero que nos va mostrando cómo se manejan los poderes fácticos en San Nicolás, la provincia y todo el país, cuando de sacar ganancias se trata, cueste lo que cueste.

Por Borrador Definitivo. Periodismo de clase – Revista Disonancia

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La quema de los humedales y el ecocidio capitalista

Desde hace algunas semanas, se hicieron visibles desde las ciudades a la vera del río Paraná (principalmente Rosario y Paraná) columnas de humo provenientes de las islas. Y no solo visibles: el humo no tardó en enturbiar la atmósfera de las ciudades ribereñas y las cenizas a poblar la ciudad. Algunas imágenes que rápidamente se viralizaron por las redes adquirieron un tinte dramático: ya no humo sino directamente el fuego tiñendo de rojo el cielo y brindando una imagen francamente apocalíptica, en un contexto de pandemia que ya de por sí venía semejando bastante una distopía literaria o cinematográfica. Por: Alejo Mayor*, para AIM.

Todo progreso de la agricultura capitalista no es solo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de un período dado, es un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad (…) La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador. Karl Marx, El Capital.1867

El resto del país pronto conoció lo que acontecía en Rosario, una gran metrópolis y con una histórica tradición de lucha (no en vano a principios del siglo pasado se la conoció como “la Barcelona argentina” por el desarrollo de su movimiento anarquista), que se manifestó velozmente en hechos de protesta significativos. ¿Y en Paraná?

La semana pasada se produjo en la capital entrerriana la movilización más masiva en lo que va de la cuarentena iniciada a partir del 16 de marzo pasado ante la pandemia por el Covid-19. Miles de personas se movilizaron, con barbijos y atentos a las medidas recomendadas de “distanciamiento social”, desde la plaza mansilla, frente a la Casa Gris hasta el puerto paranaense. La velocidad de acción y organización no llama la atención en una provincia que cuenta con una sensibilidad sobre ciertas problemáticas ambientales y un variado y desarrollado repertorio de acciones al respecto, desde la asambleas desarrolladas en Gualeguaychú en contra de la instalación de las plantas de celulosa, pasando por el movimiento asambleario que se desarrolló en Paraná en contra de la utilización del fracking para generar termas con destino turístico contaminando el río, hasta el extendido movimiento que denuncia la fumigación con agroquímicos que afecta a las poblaciones rurales y envenena alimentos ¿Y luego que pasó? Luego llegó el viento sur que alivió un poco la humareda, y al cabo de unos pocos días el problema parece haber quedado atrás, a pesar de la conformación de una multisectorial en defensa del Delta paranaense unida principalmente en torno a la demanda urgente de una ley de humedales que proteja al ecosistema amenazado. Pero, ¿bastará una Ley para proteger duraderamente al planeta que nos acoge o existen causas más profundas, asentadas en la lógica de producción y de reproducción del sistema de organización social que rige nuestras relaciones sociales que es menester transformar para poder reproducir nuestra vida sin destruir el planeta que nos contiene? Este artículo pretende ser un insumo para problematizar y reflexionar críticamente sobre esta cuestión en este contexto de creciente conflictividad ambiental.

Definitivamente no han sido buenos días para las personas que padecen de problemas respiratorios crónicos, más aún cuando el aire se torna más viciado y recrudecen los incendios hacia las horas del atardecer. Peor seguramente es la situación para la fauna y flora del ecosistema de los humedales del delta paranaense, especies que se pierden día a día, sin gozar de la prensa internacional de otros ecosistemas igualmente amenazados pero que generan mayores dividendos en conceptos de turismo. ¿Cuál es el origen de estos incendios? En primer lugar, hay que decir que los incendios son intencionales, y tienen una finalidad: la expansión de la frontera agropecuaria, la generación de mayores territorios aptos para siembra (principalmente de soja) y pastoreo cuya propiedad se encuentra en manos privadas. En otras palabras: la “Diosa” ganancia es la que se impone como en todos los ámbitos sobre los que reina. Los culpables de los incendios, más allá de los perejiles que puedan llegar a agarrar con el encendedor y el bidón de nafta en la mano, son miembros de la clase social (antes bien de la fracción de clase) que detenta la propiedad sobre dichos medios de producción: la burguesía agropecuaria (valga la aclaración que no son productores, como se autodenominan sino dueños, los que producen son los trabajadores que tienen en negro, a veces esclavizados y envenenados con agrotóxicos). Y el gobierno nacional, el capitalista colectivo que debe hacer las veces de equilibrista entre las distintas fracciones de las clases dominantes y a su vez garantizar unas mínimas condiciones de reproducción para el conjunto de la población (al menos, de las que son necesarias para la producción en términos del capital, los que sobran que se arreglen como puedan) es responsable, claro, porque es su gestión y nunca puso en duda este modelo nocivo ni dudo en defenderlos y ampararlos con su política. Huelga decir que a esta situación se ha llegado luego de décadas de posibilismo político, que ha optado por opciones que se presentaban como «el mal menor», ante la desertificación ideológica y política que siguió a la caída del muro de Berlín con la ideología del “fin de la historia” (y de la clase obrera, y las ideologías, etc.) lo que no es otra cosa que decir que no hay horizonte más allá del capitalismo, la incapacidad de pensar (y obrar en consecuencia) en otra forma de organizar la sociedad, sobre nuevas bases.

Sin embargo, como señala Ariel Petrucelli en un reciente artículo, “[u]na auténtica pax-capitalista es inviable (aun cuando las fuerzas anti-capitalistas sean sumamente débiles). Y no se trata únicamente de la naturaleza intrínsecamente destructiva del capitalismo como sistema (basado en lo que se suele llamar “destrucción creativa”) y la recurrencia ineliminable de las crisis periódicas. En la actualidad se ha sumado un componente muchísimo más grave: la crisis ecológica provocada por un tipo de desarrollo basado en el agotamiento de los recursos no renovables, la “compra de tiempo” a costa de la hipoteca del futuro y la depredación de las dos fuentes de la riqueza: los trabajadores y la naturaleza. El futuro ha llegado tras tres o cuatro siglos de desarrollo capitalista: el sistema más “exitoso” y expansivo de todas las creaciones humanas se halla al borde de una catástrofe sin precedentes: ha cortado las ramas sobre las que estaba parado, ha destruido su entorno vital.[1]Si bien el capital parece tener bajo control la “primera contradicción” (capital-trabajo), adormecidas las clases explotadas en un maremágnum de consumo (o ansías de) e individualismo y la hiper fragmentación de las alternativas anti sistémicas, relegadas a un archipiélago de expresiones marginales incapaces de presentar una alternativa de poder y un proyecto alternativo de sociedad, la situación del sistema capitalista presenta grietas que empiezan a exponer la fragilidad del mismo. Es que como dice Petrucelli, “[e]l crecimiento económico inherente al desarrollo capitalista ha destrozado el suelo sobre el que se levanta todo el edificio social. La devastación incesante y sistemática de la naturaleza coloca a la civilización del capital a las puertas de un colapso, debido a la incapacidad de integrarse establemente en el medio ambiente”.

El proceso que conocemos como “calentamiento global” ha puesto la contradicción “capital/naturaleza” en un primer plano y ha encendido las alarmas de una catástrofe inminente en tanto el aumento de la temperatura promedio no se detenga en 1,5 grados. No se trata ya solo de la conservación de especies animales o de ecosistemas sino directamente de hacer posible la vida en el planeta. El modo en que se produce y se desarrolla la industria alimenticia, con la expansión de animales inyectados con antibióticos sobre la devastación de selvas, bosques y humedales, a su vez, se vincula con la proliferación de virus como el actual y pandemias (diez en los últimos diez años).

Pero esta contradicción no es un fenómeno nuevo, ni ha sido descubierta ni analizada por “nuevos movimientos sociales” como el ecologismo, en boga en occidente desde la década del sesenta del siglo pasado. Ya en 1844, en sus manuscritos redactados en París, Marx señalaba la alienación del hombre con respecto, no solo al trabajo, sino también a la naturaleza y señalaba que el comunismo sería la “verdadera solución del conflicto que el hombre sostiene con la naturaleza y con el propio hombre (…) es la unidad esencial plena del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo consumado del hombre y el humanismo consumado de la naturaleza[2]”. Estos desarrollos sobre el “problema de la naturaleza” (el concepto de medio ambiente es más reciente) acompañaron la reflexión marxiana sobre el modo de funcionamiento y desenvolvimiento del capitalismo, como puede evidenciarse en la cita de El Capital que abre el presente escrito. Anton Pannekoek, un comunista holandés de formación marxista, defensor de la democracia de los consejos (y crítico del proceso de cooptación y burocratización de estos de parte de los bolcheviques), ya alertaba en 1909 sobre la devastación capitalista de la naturaleza y el peligro de la explotación de los recursos naturales como si estos fuesen inagotables, orientada por la obtención de ganancias acaparadas en unas pocas manos privadas. Y recomendaba: “Un orden social razonable tendrá que usar los tesoros de la naturaleza puestos a su disposición de tal manera que lo que se consume sea al mismo tiempo reemplazado (NdR: hoy se le dice “desarrollo sustentable”) [El capitalismo]no piensa en el futuro, solo vive en la instantaneidad. En el orden económico actual, la naturaleza no está al servicio de la humanidad, sino del capital”. Es el apetito del lucro privado el que gobierna la producción: el capitalismo es “una economía sin cerebro”. La sociedad organizada de acuerdo con este modo de producir la vida “se puede comparar con la fuerza gigantesca de un cuerpo desprovisto de razón. A medida que el capitalismo desarrolla un poder ilimitado, al mismo tiempo devasta el entorno en el que vive locamente. Solo el socialismo, que puede darle a este poderoso cuerpo conciencia y acción conscientes, reemplazará simultáneamente la devastación de la naturaleza con una economía razonable[3]”

Volviendo sobre los humedales que hoy nos (pre)ocupan, hay que decir que representan el 21.5 por ciento del territorio nacional y no solo se trata de enormes reservas de agua dulce y son el hábitat de biodiversidad sino que también operan de amortiguadores de inundaciones sobre campos y poblaciones costeras, cumpliendo la función ecosistémica de esponjas. Por esto y por el desenfreno de los capitalistas que rifan el futuro colectivo en la festichola de sus ganancias privadas es que la Ley de humedales es urgente, pero sería ingenuo pensar que nos van a proteger a nosotros y a nuestro entorno los mismos que nos explotan diariamente y depredan el planeta por ganancia, que nos fumigan con agrotóxicos, que envenenan el agua con cianuro, que fomentan la megaminería y el extractivismo que destruye la tierra sobre la que nos paramos y nos nutre. No es la ciencia ni la técnica en sí, es su uso capitalista, es el capitalismo, la lógica de funcionamiento de un sistema mundial. Por eso se impone el pensar más allá, el ser capaces de organizarnos para poder presentar una alternativa de sociedad, siendo conscientes que esto no se producirá sin lucha, puesto que los que tienen la sartén por el mango, los que disfrutan de sus ganancias despreocupados por la naturaleza y por los explotados de ayer, hoy y mañana sobre los que cimentan su riqueza, no renunciarán al placer individual por el bienestar colectivo por un acto de buena voluntad. Ahí está el ecocidio en marcha, con todas las pruebas científicas confirmando la debacle sistémica planetaria para confirmar este diagnóstico.

El proyecto de Ley de humedales encuentra una frontera en la propiedad privada de la tierra (en este caso, de las islas), por lo tanto, mientras no se avance sobre una expropiación de los humedales (reconociendo y respetando los derechos adquiridos por los isleños sobre las tierras que habitan) y se garantice la protección del área no se podrá proteger realmente el ecosistema en peligro. Pero atento a lo que desarrollamos, este tipo de medidas “legales”, en el marco del capitalismo, no son más que paliativos que patean la pelota para adelante. Por eso reafirmamos, el modo de producción capitalista y su lógica de funcionamiento entra en abierta contradicción con el cuidado del planeta. Solo una planificación con una lógica colectivista donde la posesión de los bienes comunes se haga sobre otra lógica en la que, al decir de un joven Karl Marx, se consiga una “unidad esencial plena del hombre (y las mujeres, agregamos) con la naturaleza”, será capaz de satisfacer, con los beneficios del desarrollo de la cultura y la ciencia que ha conseguido la humanidad, las necesidades de todos los habitantes del planeta, sin depredar el ambiente del cual formamos parte. Tal vez allí, sin hacer volar el planeta por los aires con la humanidad y todas las especies dentro, podremos ingresar en una nueva era de nuestra historia.

* Alejo Mayor. Sociólogo y docente. Miembro del Grupo de Estudios Históricos sobre Clases y Conflictos Sociales en Entre Ríos (Uader) y militante de Agmer.

[1]Petruccelli, Ariel, “Algunas reflexiones sobre el marxismo de nuestro tiempo”, 2020.
[2]Marx, Karl, “Manuscritos económico-filosóficos”, 1844
[3]Pannekoek, Anton, “La destrucción de la naturaleza”, 1909.

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