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Editorial de EL Roble -Julio 2020.Edición especial por cuarentena: “Siempre la clase trabajadora es la más expuesta, y con la pandemia también”

Por tercer mes consecutivo nuestro periódico se adapta al aislamiento y nos preparamos para un nuevo número que saldrá en forma digital. Nuestra normalidad como medio de comunicación alternativo se ve alterada al igual que la de millones de obreros y obreras en todo el mundo. Un enorme esfuerzo en pos de evitar contagios y la circulación del virus, aplicando la cuarentena, una antigua medida sanitaria que muchos siglos después, en pleno siglo XXI continúa siendo la más efectiva para cuidar la salud y la vida.

En este marco de crisis se impuso un gran debate: la necesidad (empresarial, claro) de no extender el parate de la producción económica. Por este motivo, con una rapidez que no se expresó en otras áreas, aunque sí para convalidar acuerdos para rebajar salarios o habilitar el pago en cuotas de aguinaldos, los gobiernos nacional y provinciales fueron exceptuando la cuarentena para distintos rubros de la producción. En plena llegada del invierno, cuando se espera el pico de casos, cuando la circulación del virus autóctono crece día a día, las zonas industriales fueron retomando la actividad habitual y en ellas -y particularmente en el tránsito hacia y desde ellas- miles de trabajadores y trabajadoras exponiéndose al contagio.

El debate “salud o economía” que baja desde círculos empresarios y medios hegemónicos se demuestra falso a nivel global y también en nuestra realidad nacional. Aunque con matices que no se verifican en otros puntos del mundo, también aquí se privilegian las ganancias de los patrones, que amenazan “sino tendremos que cerrar los portones para siempre” de la misma forma que lo han hecho siempre. Desde el primer momento se exceptuaron actividades de dudosa esencialidad, y ese listado no dejó de aumentar con nuevos rubros semana tras semana. La lógica consecuencia es la acumulación de noticias de distintos lugares de laburo donde se confirmaron contagios. Los supermercados en primer lugar, con patronales con prácticas de ocultamiento y absoluta negligencia como la de Coto, las fábricas de neumáticos Fate y Firestone, la química Linde (ex Praxair), la textil RA, la metalúrgica Metalsa, la automotriz Volkswagen, Coca Cola, el ferrocarril Sarmiento y decenas de líneas de colectivos, por mencionar sólo algunas. Esta situación verifica que la gestión que se hace de la enfermedad es netamente desde un punto de vista capitalista, más allá del discurso sanitarista de Alberto Fernández y mucho más allá de los rancios que hablan de “infectocracria”. Mientras grandes medios ponen la mirada en otros aspectos, como quienes salen a correr o andan por la calle sin barbijo, poco se dice sobre esta otra situación.

Entre marzo y junio los recursos del Estado para enfrentar la pandemia se han destinado en su mayor parte a subsidiar empresas, ya sea eximiendo de impuestos, aportando para el pago de salarios o financiando pymes, unos 181 mil millones de pesos. Como contrapartida, apenas 80.000 millones fueron ejecutados para el IFE y reforzando el sistema de salud $11.000 millones. Y más allá de los anuncios, no se verifica avance en el impuesto a las grandes fortunas y ante estafas gigantescas como es el caso Vicentin el discurso oficial zigzaguea entre expropiación, intervención y mero “rescate”.

Este cuadro de situación sumado a que el mayor número de contagios se está dando en las barriadas populares de capital y el conurbano, postergados desde hace décadas en cuestiones habitacionales y sanitarias, indican que una vez más la crisis la estamos pagando las y los trabajadores. Enfermándonos, quedándonos sin trabajo o en exposición ante la más inmediata necesidad de generar ingresos, dejando la vida por el virus o por las condiciones laborales.

Pero aún cuando el panorama es negativo, debemos mirar qué pasa en los lugares donde existe organización gremial y fuerza obrera. En Fate por ejemplo han logrado no solo que no haya descuentos salariales, sino que pudieron discutir el protocolo sanitario y han ido al paro total para asegurar su aplicación cuando surgieron los primeros casos positivos. En el tren Sarmiento rápidamente lograron aislar sectores con casos sospechosos evitando exponer a más compañeras y compañeros. Los comités mixtos de salud y seguridad laboral de las fábricas aceiteras han implementado protocolos superadores a los bajados por el Estado y hasta ahora no han reportado contagios. En los barrios, son las organizaciones sociales las que no sólo garantizan el plato de comida de miles de personas, sino las que promoviendo cuidados preventivos en las comunidades evitan que los casos no se multipliquen exponencialmente. Señalamos esto -y por lo mismo decidimos no dejar de contar las luchas, aún cuando no podamos salir en papel- porque desde El Roble creemos y confiamos en que la salida a esta y a todas las crisis a las que nos somete el capitalismo es la lucha, es la organización en todos los niveles y la más profunda solidaridad de clase. Desde ahí es que podremos forjar la fuerza suficiente para conseguir nuestras reivindicaciones, expropiar a los expropiadores y que la crisis la paguen las patronales, los ricos y poderosos, los burgueses, los que siempre se benefician ante la miseria y el dolor de las grandes mayorías.

Equipo de El Roble.

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Editorial de El Roble edición digital por Cuarentena – Abril 2020. Pandemia y crisis humanitaria: La respuesta no es con más milicos

tapa cuaren

¿Se acuerdan cuando era normal escuchar decir “¡2019 qué año de mierda, cuándo se termina!”? Finalmente terminó, llegó el 2020 ya sin macrismo pero con una dificilísima situación económica a nivel mundial y ahora además con una pandemia que mantiene en en cuarentena a una enorme porción de la población del planeta. Nuevamente una crisis humanitaria que pone en evidencia lo inviable que se puede tornar la vida bajo el capitalismo.

Sobre llovido mojado

La crisis sanitaria que produjo el brote de coronavirus no es un relámpago en cielo sereno. Por el contrario, es un elemento más que profundiza la crisis económica, política y social que, aquí y allá, viene convulsionando la situación mundial. La guerra comercial entre EEUU y China, gobiernos abiertamente derechistas que -vía parlamentaria o con golpes de Estado como en Bolivia- intentan implementar políticas racistas, misóginas y sanguinarias para la clase obrera que por supuesto responde con lo que puede, la crisis migratoria generada por la guerra en Siria y el norte de África que mueve enormes contingentes de personas hacia Europa y dejando un tendaderal de muerte en las aguas del Mediterráneo, los chalecos amarillos en Francia contra el gobierno y la reforma laboral, las revueltas en distintos puntos en Latinoamérica como Ecuador o Chile, las movilizaciones en Bolivia contra la destitución de Evo Morales por parte de los militares, el movimiento feminista que sigue movilizado, la juventud reaccionando en defensa de la ecología, sólo por enumerar lo más saliente.
Es en este escenario que la pandemia llega a profundizar y mostrar con más crudeza la desigualdad social que genera la ambición capitalista. Pero a su vez, se expande debido a condiciones preexistentes que el mismo capitalismo genera, como sistemas de salud completamente endebles, cientos de miles que no pueden acceder a una cobertura sanitaria adecuada, o ni siquiera a condiciones medianamente dignas de vida (vivienda, servicios esenciales, agua potable, etc.). Ocurre entonces que para trabajadores y trabajadoras la crisis sanitaria abierta por el COVID-19 es muchísimo más trágica. Quienes viven de un salario, quienes changuean, lxs cuentapropistas, quienes ya luchaban por llegar a fin de mes, ven ahora empeorada su situación de manera exponencial. Ya sea por ver en peligro la propia subsistencia si cumplen con el aislamiento, ya sea porque se ven obligadxs a exponerse al contagio por tener que trabajar o, simplemente, porque las condiciones habitacionales no permiten el confinamiento.

La respuesta no es con más milicos

Si bien en distintos países se ensayaron estrategias distintas para enfrentar la pandemia, ya sea con cuarentenas obligatorias, sugeridas o aislando a la población en riesgo, el común denominador es el recrudecimiento de las medidas de control social.
En nuestro país, se tomó el camino de la cuarentena obligatoria que hasta ahora se está perfilando como la medida más eficaz en el corto plazo para detener la circulación del virus y el contagio. Pero al mismo tiempo, como manera de garantizar la medida, el presidente Fernández habilitó a que todas las fuerzas patrullen las calles y barrios exigiendo a la población demostrar tener las autorizaciones del caso para poder circular. Como era de esperar, sobre todo en las barriadas populares, esto redunda en la suba exponencial de las detenciones arbitrarias, el “verdugueo” a lxs pibes y hasta balas de goma. Por supuesto que repudiamos el accionar policial y los abusos de autoridad pero, sobre todo, advertimos enfáticamente sobre la aceptación que puede generar esta presencia de las fuerzas represivas controlando aún más a la población. El pánico y angustia que genera la situación, alimentada por los medios y redes sociales con información basura muchas veces, puede fácilmente hacer ver con buenos ojos este control policíaco. O directamente alimentar el “alma de buche” que anida en muchas personas que siguen pensando que la policía está para cuidarnos.
Por el contrario, no será con represión que se saldrá de esta durísima situación, ni buchoneando a lxs vecinxs, que la más de las veces son compañeros y compañeras laburantes que tienen que arriesgarse porque no les queda otra. De esta crisis saldremos, como de toda la miseria que genera el capitalismo, practicando la solidaridad que conocemos entre laburantes, tendiendo una mano al compañerx y apostando a la organización en todos los niveles.
Por eso, es tramposa la formulación mediática del “salimos entre todos”: serán los trabajadores y trabajadoras de la salud, de la industria alimenticia y farmacológica, de la recolección de residuos y otros servicios fundamentales quienes saquemos adelante esta situación. Pero para no salir en peores condiciones que las que teníamos antes de la pandemia, es una necesidad urgente la lucha por garantizar las condiciones de higiene para realizar tareas esenciales, para que toda producción no fundamental se detenga por completo garantizando salarios sin descuentos ni despidos, por un sistema de salud público, gratuito, centralizado y de acceso universal, por el testeo a quienes tengan síntomas y la facilitación de un lugar para hacer el aislamiento y tratamiento correspondiente, por impuestos a las grandes fortunas y nacionalización de la banca como forma de hacerse de recursos en forma inmediata, por el fin de las detenciones arbitrarias, las torturas y vejaciones policiales. Esta lucha, que se torna en una lucha en defensa de nuestras propias vidas, no es solo contra un virus, debe ser contra toda una forma de organizar la vida bajo la lógica del capital, debe ser por una vida que merezca ser vivida. Así como está en nuestras manos superar esta crisis sanitaria, está también la posibilidad (y la necesidad) de una transformación radical que tumbe de una vez y para siempre al capitalismo y toda su miseria.

Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble Nº 138: “¿Qué papel juegan el gobierno de Fernandez y el Frente de todos?”

Tapa ER 138

Luego de 4 años de política macrista, de destrucción de puestos de trabajo, avance sobre nuestros salarios y jubilaciones, de saqueo mediante la toma de deuda para fugas de capital, represión en toda la línea que les fue posible, persecución política y un sinfín avanzadas sobre nuestras condiciones de vida, el nuevo gobierno de Fernández y el Frente de Todos se presentan como el único sector político capaz de resolver los grandes problemas de nuestro pueblo, de gobernar para todos

Han hecho toda clase de promesas en torno a la recomposición salarial, la restitución de puestos de trabajo y a cómo “sacar el país adelante”, sin embargo toda su política económica se encuentra atada a la descomunal deuda contraída por el FMI para la fuga de dólares del país por parte de los empresarios. Una cuestión es clara: si tomar deuda para garantizar la fuga dólares de los empresarios fue criminal, organizar la economía para garantizar su pago es nada menos que consumar ese crimen, no importa si es en 4 años o en 10. Las imposiciones del FMI a la política de nuestro país continúan, mientras no haya un rechazo del Estado a ese organismo, un desconocimiento total de una deuda adquirida de manera fraudulenta para garantizar el saqueo de unos pocos.

Es importante señalar que las primeras medidas tomadas por este gobierno dan cuenta de su orientación política, de la clase social a la que responden (al cierre de esta editorial han pasado ya casi 3 meses de la asunción de Fernández). Bajo el maquillaje progresista de restituir el carácter de Ministerio a los sectores degradados por el macrismo (como el Ministerio de Trabajo, Salud, y Cultura, entre otros) se esconde la política de sumisión al imperialismo que tanto conocemos. Esto no significa que sean lo mismo que el gobierno anterior, pero en lo elemental de la clase a la que pertencen, no presentan grandes diferencias. Cómo resolverán los problemas heredados del gobierno de Macri?  Las negociaciones del gobierno con el FMI sobre los 4 años de gracia para el pago de la ilegítima deuda giran en torno a que toda la riqueza producida por nuestro trabajo durante estos próximos 4 años, finalmente servirá para consumar el saqueo. Detrás de todo el circo de “negociaciones”, el gobierno busca como sea “honrar” la deuda. Con ese dinero podrían resolverse los graves problemas de trabajo, de vivienda, de salud y educación, y poder avanzar con la creación de empleos mediante el desarrollo de la actividad productiva en nuestro país (creación de fábricas, desarrollo productivo de la ciencia y la tecnología, etc.). Ni más ni menos que esto es lo que se rifan desde los gobiernos, mientras nos prometen soluciones que nunca terminan de llegar.

Toda su política de “solidaridad” es servil a intereses de empresarios, multinacionales, banqueros. Nunca de los trabajadores. Si quisieran avanzar en este sentido, la política debiera ser absolutamente opuesta: rechazar el pago completo de la deuda y total disposición de las riquezas del Estado para la restitución de puestos de trabajo y del aparato productivo.

  Con una canasta familiar de 60.000 (datos del Indec), no es “solidario” entregar 10.000$ a jubilados que ganan la mínima, o una tarjeta alimentaria, mientras de pagan bonos usurarios como los de la Provincia de Buenos Aires (Kicillof) por 250.000 dólares (equivalente a la construcción de 10.000 viviendas).

Entendemos que para resolver nuestros problemas debemos hacerlo con nuestras manos, dar una respuesta como clase organizada. No podemos esperar nada de los nuevos, que ya conocemos. Los pasados 4 años hemos enfrentado al macrismo con organización y lucha, todo eso que fue anestesiado por las grandes ilusiones generadas por el nuevo gobierno,  que desde su inicio no ha dado muestra de llevar a cabo. Es imprescindible romper con la ilusión de que la clase que nos explota y nos saquea desde toda nuestra historia, pueda hoy resolver lo que nunca resolvió.

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Equipo del Roble

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Editorial El Roble N° 133, Julio-Agosto: “Coyuntura y elecciones”

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Desde el colectivo editor de El Roble sostenemos que la tarea central de los trabajadores en este periodo será organizarnos y prepararnos para enfrentar las medidas de fondo que, gane quien gane las elecciones, querrá aplicar.
Las reformas previsional, tributaria y laboral son una necesidad de la burguesía para poder competir en el mercado mundial como lo sostienen empresarios y economistas tanto Macristas como Nielsen, Kulfas o Agis principales candidatos al ministerio de economía si gana Fernández .
La crisis económica mundial irresuelta desde hace una década, una lenta entrada en recesión que viene preocupando al poder económico mundial y la guerra comercial entre EEUU y China darán marco al próximo período.
Es un hecho que la mayoría de la población piensa que votando a las diferentes variantes van a mejorar sus condiciones de vida, pero en realidad el voto es la ilusión ideológica más potente que tiene la burguesía para contener a la organización de la democracia obrera por ello es circunstancial, táctico a quien votemos. (Las variantes que en nuestro colectivo sostienen los distintos compañeros las expresaran en notas a continuación).
Históricamente las condiciones de vida han mejorado cuando las masas movilizadas le impusieron al gobierno de turno que dé concesiones, así ocurrió con el primer peronismo o con el kirchnerismo de 2003/2009 para dar dos ejemplos de periodos con algunos avances en condiciones de vida de la población.

¿Cuál es la situación actual?

En 2020, entre capital e intereses, hay vencimientos por 60.000 millones de dólares solo con el sector privado. Esto es impagable y obliga a ir al default o refinanciar. Los acreedores, impondrán condiciones, se tratará de generar un marco político- social que por más que se tomen medidas como control de precios, cepo cambiario, regulación en la liquidación de remesas al exterior, u otras, asegure las reformas estructurales.
No son lo mismo, pero el ser capitalistas los hace parecidos
Hay dos escenarios posibles luego de las elecciones, uno, que Macri salga reelecto con lo cual, seguramente habiendo aprendido de su intento de reformismo permanente de 2017, que le duró desde las legislativas de octubre hasta la ruptura con el moyanismo y los combates de plaza congreso del 14 y 18 de diciembre donde los y las trabajadoras y sectores populares pusieron un límite a esa idea. Aprendido esto, esta vez intentará meter las reformas estructurales sin más vueltas, probablemente por decreto a sangre y fuego. El otro escenario posible es que gane Fernández quien, renogaciando la deuda, tal vez logre un plazo de gracia para poder meter las reformas solapadas con oí alguna medida que mejore las condiciones de vida momentáneamente, aprovechando el consenso logrado tras un pacto social.

Organizarnos es la unica respuesta

Ante esta perspectiva trabajadores, trabajadoras y el pueblo humilde debemos prepararnos, como decíamos al principio, más allá de quien gane en octubre. El cambio social que necesitamos para realmente salir de esta situación de miseria en que nos han sumido décadas de neoliberalismo en sus variantes populistas o de neto corte empresarial está lejos, no tenemos la organización necesaria para imponer un programa obrero y como ya decíamos no será con los votos que lograremos una salida de fondo a la actual crisis.
Lo mejor que podemos hacer es organizarnos desde abajo para enfrentar la nueva embestida que tendrá el ajuste, tenemos que impedir que pase la ley de reforma laboral con que pretenderán consolidar lo que ya vienen avanzando en varios convenios, y la nueva reforma previsional que querrán imponer, debemos buscar los más amplios espacios de unidad para dar estas peleas y comenzar a prepararnos para recuperar el salario. En el camino de ir construyendo una verdadera organización revolucionaria capaz de darle una salida socialista a la crisis de la humanidad originada en el régimen de propiedad privada de los medios de producción y cambio que es la escencia del capitalismo.

Equipo de El Roble.

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