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Crisis política en Brasil

fora temer

Al cierre de la edición impresa de El Roble de Abril la Justicia brasileña y la derecha más reaccionaria amenazan con encarcelar al expresidente Lula Da Silva. Con excusas judiciales buscan impedir que se candidatee para las próximas elecciones.

El gobierno del PT representó a principios del siglo XXI un nuevo impulso para el capitalismo brasileño, que luego de los duros ajustes de los años 90´, requería una nueva consolidación. Y para ello, llevó adelante una redistribución parcial del ingreso, mejorando objetivamente las condiciones de vida de amplias franjas de la población. Esto, que a primera vista resultaría perjudicial para la burguesía, no solamente resultó compatible con grandes niveles de ganancias empresarias, sino que también aportó a frenar la protesta social que años antes era activa en Brasil, resguardando así la propiedad privada. De esta forma, el capital no solamente se volvió a asegurar sus privilegios como clase al redistribuir un poco de su excedente, sino que también logró combinar esto con un crecimiento de sus ganancias. Este fue el rol histórico de Lula da Silva: asegurar la continuidad de la explotación capitalista y mejorar las ganancias de la burguesía.

En la actualidad, la clase patronal exige un duro ajuste para relanzar sus ganancias. Dicho ajuste fue iniciado por el propio PT pero no con la celeridad que ellos demandan y por eso la fracción patronal más radical necesita sacarse a Lula y al PT de encima. Por eso la justicia burguesa buscan encarcelarlo.

Ante este panorama, lxs trabajadorxs debemos entender que Lula en su momento llegó al poder para ratificar las instituciones capitalistas, instituciones que posibilitan la explotación de nuestra clase día a día, cosa que realizó con éxito. En segundo lugar, debemos comprender que en la actualidad, el expresidente representa una amenaza para la ganancia de la patronal brasileña, la cual no requiere de políticas redistributivas sino que, ante la crisis internacional, necesita reimpulsar sus ganancias. Y eso se hace con ajuste. En este marco, la orden de encarcelamiento a Lula es un avance de la burguesía, y también es un ataque a las libertades democráticas. Hoy atacan al PT, mañana bien podrán atacar a expresiones políticas de la clase -como ya hicieron con el asesinato de Marielle Franco del PSOL-. Es momento de que la clase obrera y el pueblo luchen en unidad contra el ajuste en curso, defendiendo las libertades democráticas, pero sobre todo, entendiendo que la única forma de terminar con la miseria que genera el capitalismo, es por medio de un gobierno propio de los trabajadores y trabajadoras, sin explotadores ni explotadxs.

Equipo de El Roble.

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Huelga en Brasil: Piquete en el Puente para el futuro

En el último viernes 28 de abril, las principales centrales sindicales de Brasil construyeron una paro general ampliamente aceptado por la clase trabajadora. Centenas de miles de manifestatntes fueron para las calles y paralizaron sus actividades para defender el trabajo y la democracia.[1]

brasil

Desde la caída de la presidenta Roussef, en 2016, a través de un rito institucional orientado por una ideología macartista y financiado por los grandes medios, las federaciones industriales y el capital financiero, el vice Temer asumió para aplicar un programa económico, político y social derrotado en las elecciones de 2014. En esa elección, los efectos de la crisis pasaron a ser discutidos y disputados, generando desempleo para la sociedad brasileña y sobrecargando el tan maltratado presupuesto de la nacional. En una elección extremamente polarizada, podríamos resumir, así, los dos proyectos en disputa: para el PT (Partido de los Trajadores) y la relección de Roussef, la recuperación de la economía dependería de la manutención de las inversiones estatales e del aumento de la eficiencia de la máquina pública, para el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), del candidato Aecio Neves, la recuperación dependería de la retracción del Estado y  de la moralización de la política pública, cuya práctica demagógica y corrupta de la izquierda seria la principal villana. Vence Roussef por una margen pequeña de votos, cuestionada judicialemente por el candidato derrotado, desde ya en una relación conflictiva con el congreso nacional de mayoría opositora, se configuraba una situación insostenible para el presidencialismo.

El segundo mandato de Roussef fue agonizante, sin aliados en el congreso y sin apoyo popular, en una búsqueda infructuosa de atender los chantajes del capital, perdía la dedicación de los movimientos sociales. Por segunda vez en la historia de la nueva República, un presidente era impedido. Temer hizo exactamente lo contrario del papel institucional reservado para un vice, antes mismo de ser iniciado el proceso de juicio político, él propagaba una agenda para el Brasil, llamada “Puente para el futuro”, totalmente alineada al programa derrotado en las elecciones de 2014, que preveía la cartilla neoliberal para el ajuste de las cuentas, y así también una reforma política.

Desde que asumió, nombró varios ministros del PSDB y con amplio apoyo del congreso ya aprobó un techo de gastos del presupuesto, ahora estipulado apenas a través de la inflación, e inició los trámites para las reformas de jubilación y laborales. Para resolver los problemas de la jubilación, aún con conclusiones divergentes sobre su sustentabilidad, Temer transfirió todo el costo para la clase trabajadora, aumentando el tiempo de contribución y el piso de la edad para la jubilación, igualándolos entre los sexos y dificultando la jubilación de los campesinos. Brasil actualmente tiene cerca de 14 millones de desempleados y la responsabilidad de eso fui transferida a la legislación laboral, cuyo arcaísmo no permitiría la generación de empleos, por dificultar la actuación del sector productivo, necesitado de una mayor flexibilización, y criar muchos pasivos jurídicos, dado el rigor de la Justicia del Trabajo, significando más horas de trabajo, remuneración menor, el fin del impuesto sindical, prevaleciendo lo acordado con la patronal sobre lo legislado.

El hecho es que ninguna política del actual gobierno consigue reactivar la economía y todos sus esfuerzos fueran direccionados para la aprobación de esas reformas. La retórica oficial defiende el “Puente para el futuro”, contraponiéndolo al colapso delante de una desaprobación récord del gobierno Temer (61% de mal un pésimo, 28% de regular; 71% de los brasileños son contra las reformas), que apura la tramitación, independiente del esclarecimiento público, para intentar aprobarlas lo más lejos posible de la próxima elección, ya en 2018, en que Lula, mayor líder político del país y de base sindical, es señalado por las encuestas como  favorito. La parte negativa fue la brutal represión de las fuerzas policiales, principalmente en las dos mayores ciudades del país, San Pablo y  Rio de Janeiro, con manifestantes presos, hospitalizados y agresiones claramente ilegales. En Goiana (centro oeste del país, cerca de Brasilia), un manifestante está hospitalizado en estado grave, un policía quebró su bastón sobre el cráneo de Mateus Ferreira da Silva.

Brasil Pasa por un periodo sombrío, su democracia, en gran medida una farsa, intensifica su naturaleza antipopular, sin embargo, la población comienza a tomar consciencia y avanza en la defensa militante de sus derechos.

Corresponsal para El Roble desde Recife, Brasil.

[1] “Puente para el futuro” es el nombre del documento de carácter neoliberal que guía las acciones de gobierno del PMDB (gobierno Temer).

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Siria: el gran juego

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Desde que asumió hace 100 días Donald Trump ha decidido ampliar la presencia de su país en Siria incrementado el apoyo en el terreno al único actor confiable que le quedaba, los kurdos, para la toma de la capital de facto de ISIS, al Raqqa, esto pese a las protestas turcas. En paralelo, hace apenas una semana, su secretario de Estado, Rex Tillerson, declaraba que el derrocamiento del presidente Asad había dejado de estar entre sus prioridades y que lo principal era derrotar a los grupos terroristas. Sin embargo, posteriormente y en pocas horas, todo parece haber cambiado.

El 4 de abril pasado se produjo la muerte por armas químicas de cerca de 100 personas en un área dominada por los rebeldes anti Assad en el noroeste de Siria, Ildib, limítrofe con Turquía. Sin haber quedado claro si ello se debió al bombardeo sirio u a otra fuente, ni siquiera sin quedar claro de qué gas se trató, a las 72 horas, desde dos destructores en el Mediterráneo con base en España, EE.UU. arrojó 50 misiles de crucero sobre una base del gobierno sirio desde donde supuestamente había partido el ataque químico.

Las causas de dicha determinación pueden ser varias. Por un lado, permitió a un maltrecho Trump recuperar legitimidad en la política doméstica de Estados Unidos, ya que el ataque fue apoyado tanto por republicanos como por demócratas y pone paños fríos a las denuncias de sus supuestos lazos con el ruso Putin (aliado de Asad). Por otro lado, le permite recuperar ciertos lazos que se encontraban maltrechos con sus aliados europeos, turcos, árabes y sionistas.

Tampoco puede descartarse que fuese una señal por elevación para China y Corea del Norte, ya que el Lejano Oriente es otro punto caliente de la geopolítica global actual. El ataque coincidió con la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos, en el marco de la presión de Estados Unidos para que China ponga coto al programa nuclear y de misiles norcoreano, bajo la amenaza de que si no habrá una acción unilateral norteamericana.

En este caso, el escenario más benévolo sería que el bombardeo haya sido un acting para recuperar prestigio político y que la cosa no pase a mayores, de allí que la base atacada no haya sufrido grandes daños, mientras el escenario más crítico sería que los intereses de las grandes potencias nucleares sigan en rumbo de colisión.

Sea cuál sea la razón principal, nos recuerda la práctica norteamericana de inventar amenazas para justificar su intervención militar. Ya sean los ataques de falsa bandera que dispararon la intervención en Cuba hace un siglo, o la nunca comprobada denuncia de posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak en 2003, o incluso un anterior supuesto ataque químico en 2013 que casi lleva a la intervención norteamericana en Siria al estilo libio y que quedo en la nada por la intervención rusa.

No es casual que, ante la rápida salida de los cancilleres de Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y otros a condenar a Siria, Brasil se haya abstenido suponiendo los peligros que para otras potencias que aspiran a jugar un rol regional (tal el caso de Brasil en Latinoamérica) representan el hacer el juego a la política intervencionista yanqui.

Otra enseñanza es que Trump termina haciendo la política internacional que le criticaba a Hillary Clinton en campaña, mostrando que detrás de las operatorias de los Estados burgueses se mueven fuerzas estructurales mucho más determinantes que las voluntades de los individuos que supuestamente los conducen.

Por Eloy.

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Crisis política en Venezuela

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Venezuela está viviendo en estos días una escalada de la crisis política en la que se encuentra desde hace al menos 2 años. La crisis económica, que parece no tener un fin a corto plazo, le da argumentos a la oposición de derecha y le quita todo margen de maniobra al gobierno de Maduro. En los últimos días, en medio de marchas y amenazas de paros patronales de parte de la oposición y contra-marchas a favor del gobierno, la Asamblea Nacional, controlada por la derechista MUD (Mesa de la Unidad Democrática) desde las elecciones de Diciembre pasado, avanzó en un intento de juicio político al presidente Maduro.

La crisis económica en la que está sumergida Venezuela tiene proporciones monstruosas: la inflación duplicó en 2015 a los aumentos salariales y según estimaciones del FMI podría llegar a 700% para fines de 2016. El 73% de los hogares está hoy por debajo de la línea de la pobreza (en 2013 era el 31%) y existe faltante de medicamentos básicos en los hospitales.

La capacidad de maniobra ante este panorama por parte del gobierno es casi nula, ya que la economía venezolana depende casi exclusivamente del precio internacional del petróleo, que se encuentra desde hace años en sus valores históricos más bajos. Además, el petróleo está controlado por empresas multinacionales. Esta situación desnuda lo endeble de la economía chavista que no modificó la alta dependencia histórica de Venezuela de la renta petrolera y la dependencia.

Ayudada por la crisis económica y el descontento general, la oposición de derecha encarnada en el MUD y liderada por Capriles, ganó en Diciembre pasados las elecciones parlamentarias logrando la mayoría en la Asamblea Nacional. A partir de esto comenzó una campaña para destituir a Maduro mediante un referendum revocatorio, mecanismo contemplado en la constitución, y que ya fue utilizado contra Chávez en 2004 (donde el chavismo se impuso con el 70% de los votos).

En los últimos días la justicia, que responde en su mayoría al oficialismo, ordenó suspender la junta de firmas que permitiría realizar el referendum. Esta suspensión le da aire al gobierno de Maduro, ya que si el presidente era revocado este año, se debían convocar elecciones inmediatamente. Si sucede el próximo año, asumiría el vice hasta el final del mandato.

En respuesta, la oposición acusó desde la Asamblea Nacional al gobierno de dar un golpe de estado, avanzando con una declaración que busca iniciar un “proceso político” (la constitución venezolana no contempla la posibilidad del juicio político) que buscaría la destitución de Maduro acusándolo de abandono del cargo. Es una movida que busca replicar el impeachment que en Brasil logró la destitución de Dilma Rousseff, impulsado desde la Asamblea Nacional, único órgano del estado controlado por la oposición de derecha.

El gobierno por su parte, sin el control de la Asamblea Nacional, y con cada vez menos apoyo popular a raíz de la crisis económica, se recuesta en el poder de las Fuerzas Armadas, que salieron a respaldar fuertemente a Maduro, negando la existencia del mentado golpe de estado.

La crisis, tanto política como económica, parece presagiar el paso a una etapa “post-chavista” en Venezuela, pero aún queda por ver qué características tendrá esa nueva etapa. Por lo pronto se desnuda en este proceso lo endeble de la construcción de poder del chavismo, que lejos de poder apoyarse en la construcción real, por abajo de los consejos populares y las herramientas de poder popular que eran el caballito de batalla del socialismo del siglo XXI, ante la crisis terminal de la economía y el avance de la derecha de Capriles, debe recostarse sobre las Fuerzas Armadas y gobernar por decreto.

Por otro lado, la MUD, ligada a muchos empresarios y capitales internacionales, se hace fuerte como oposición en el congreso, pero no logra seducir a las masas: el “paro ciudadano” que pretendía paralizar a Venezuela el último viernes 28 de Octubre tuvo escasa repercusión.

En el medio quedan los trabajadores, que son los que sufren a diario la inflación y la escasez de artículos básicos.

Suizo

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