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Venezuela: Defender al Gobierno de Maduro sin apoyar su política burguesa

Vene
Por la autodeterminación del pueblo venezolano
Solo la clase obrera puede derrotar la ofensiva de Trump

La situación crítica en Venezuela se encuentra en el centro de la política latinoamericana, y por esta razón es preciso conocer los elementos que la constituyen y cómo se desenvuelven en la lucha de clases de este país. La avanzada de los gobiernos entregadores, antiobreros y abiertamente pro-imperialistas en la región se coloca en este mismo sentido. Es interés del capital financiero internacional, especialmente de la burguesía norteamericana, avanzar sobre las condiciones de vida de la clase obrera, liquidar las conquistas de las masas en todo el mundo para amortiguar los efectos de la crisis económica a nivel global que amenaza sus ganancias. Esta avanzada general que llevan adelante Macri y Bolsonaro como punta de lanza (anteriormente Temer mediante un golpe civil en Brasil) tiene como fase decisiva el golpe en Venezuela para imponer un plan económico en los países en los que no logró disciplinar a las burguesías regionales.
Los intentos de insurrección del Fuerte Paramacay, en el estado de Carabobo, en 2017, y de un grupo rebelde de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), de 21 de enero de 2019, van en este sentido. Ambos levantamientos fueron orquestados por la oposición y el imperialismo. Debían servir de base de maniobra al intervencionismo externo.
Por esta razón la crisis venezolana combina dos cuestiones centrales: la incapacidad del chavismo de organizar la economía, y la intromisión golpista estadounidense en los asuntos internos que opera con una oposición servil y entregadora, que busca utilizar a un sector de las fuerzas armadas para su beneficio, y que no tiene reparos en empujar a la sociedad a una guerra civil. La máscara democratizadora del golpe “humanitario” sólo puede tener éxito en la medida en que el golpe militar aparezca como expresión de las necesidades e intereses populares.
Pero esta actitud servil y entreguista de la oposición les juega en contra. Importante parte de la población ve a los opositores como marionetas de los intereses externos. Ven que, incluso ante la situación crítica de la economía actual, estos opositores preparan aún peores condiciones para ellos. Ya lo estamos viendo en Brasil y Argentina, y no será Venezuela la excepción. No por casualidad, las últimas movilizaciones contra Maduro no pudieron movilizar amplias masas, como lo hicieron en el pasado.
El último intento de golpe de la oposición el 30 de abril pasado juntó al títere Guaidó con Leopoldo López, y utilizó abiertamente los métodos de un golpe militar, sin enmiendas. Se acabaron las maniobras y las descalificaciones institucionales y el desconocimiento del Gobierno de Maduro. La intención del Estado norteamericano es controlar militarmente Venezuela, conjuntamente con el alineado Estado Colombiano. Esta situación muestra a las claras la desesperación por la remoción del nacional-reformismo chavista.
Por otro lado está en el hecho de que el chavismo es incapaz de combatir hasta las últimas consecuencias para derrotar en toda la línea a la oposición y a la intromisión imperialista. Lo que exigiría romper la espina dorsal del golpismo, expropiando el gran capital, y apoyándose en la iniciativa revolucionaria de las masas. El Gobierno chavista es impotente ante la necesidad de superar la crisis, sin tomar medidas de carácter anti-imperialista como las ya mencionadas, expropiar la gran propiedad privada de los medios de producción, estatizar los bancos y nacionalizar el comercio exterior.
Es una necesidad del momento defender al Gobierno de Maduro contra el golpe militar de Trump, sin apoyar su política burguesa, señalando a la clase obrera y a todos los explotados las limitaciones del nacional-reformismo y la urgencia de organizar a la sociedad sobre otras bases, impulsando la estrategia de la revolución y la dictadura proletaria.

Agustín – Partido Obrero Revolucionario

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Crisis política en Brasil

fora temer

Al cierre de la edición impresa de El Roble de Abril la Justicia brasileña y la derecha más reaccionaria amenazan con encarcelar al expresidente Lula Da Silva. Con excusas judiciales buscan impedir que se candidatee para las próximas elecciones.

El gobierno del PT representó a principios del siglo XXI un nuevo impulso para el capitalismo brasileño, que luego de los duros ajustes de los años 90´, requería una nueva consolidación. Y para ello, llevó adelante una redistribución parcial del ingreso, mejorando objetivamente las condiciones de vida de amplias franjas de la población. Esto, que a primera vista resultaría perjudicial para la burguesía, no solamente resultó compatible con grandes niveles de ganancias empresarias, sino que también aportó a frenar la protesta social que años antes era activa en Brasil, resguardando así la propiedad privada. De esta forma, el capital no solamente se volvió a asegurar sus privilegios como clase al redistribuir un poco de su excedente, sino que también logró combinar esto con un crecimiento de sus ganancias. Este fue el rol histórico de Lula da Silva: asegurar la continuidad de la explotación capitalista y mejorar las ganancias de la burguesía.

En la actualidad, la clase patronal exige un duro ajuste para relanzar sus ganancias. Dicho ajuste fue iniciado por el propio PT pero no con la celeridad que ellos demandan y por eso la fracción patronal más radical necesita sacarse a Lula y al PT de encima. Por eso la justicia burguesa buscan encarcelarlo.

Ante este panorama, lxs trabajadorxs debemos entender que Lula en su momento llegó al poder para ratificar las instituciones capitalistas, instituciones que posibilitan la explotación de nuestra clase día a día, cosa que realizó con éxito. En segundo lugar, debemos comprender que en la actualidad, el expresidente representa una amenaza para la ganancia de la patronal brasileña, la cual no requiere de políticas redistributivas sino que, ante la crisis internacional, necesita reimpulsar sus ganancias. Y eso se hace con ajuste. En este marco, la orden de encarcelamiento a Lula es un avance de la burguesía, y también es un ataque a las libertades democráticas. Hoy atacan al PT, mañana bien podrán atacar a expresiones políticas de la clase -como ya hicieron con el asesinato de Marielle Franco del PSOL-. Es momento de que la clase obrera y el pueblo luchen en unidad contra el ajuste en curso, defendiendo las libertades democráticas, pero sobre todo, entendiendo que la única forma de terminar con la miseria que genera el capitalismo, es por medio de un gobierno propio de los trabajadores y trabajadoras, sin explotadores ni explotadxs.

Equipo de El Roble.

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Huelga en Brasil: Piquete en el Puente para el futuro

En el último viernes 28 de abril, las principales centrales sindicales de Brasil construyeron una paro general ampliamente aceptado por la clase trabajadora. Centenas de miles de manifestatntes fueron para las calles y paralizaron sus actividades para defender el trabajo y la democracia.[1]

brasil

Desde la caída de la presidenta Roussef, en 2016, a través de un rito institucional orientado por una ideología macartista y financiado por los grandes medios, las federaciones industriales y el capital financiero, el vice Temer asumió para aplicar un programa económico, político y social derrotado en las elecciones de 2014. En esa elección, los efectos de la crisis pasaron a ser discutidos y disputados, generando desempleo para la sociedad brasileña y sobrecargando el tan maltratado presupuesto de la nacional. En una elección extremamente polarizada, podríamos resumir, así, los dos proyectos en disputa: para el PT (Partido de los Trajadores) y la relección de Roussef, la recuperación de la economía dependería de la manutención de las inversiones estatales e del aumento de la eficiencia de la máquina pública, para el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), del candidato Aecio Neves, la recuperación dependería de la retracción del Estado y  de la moralización de la política pública, cuya práctica demagógica y corrupta de la izquierda seria la principal villana. Vence Roussef por una margen pequeña de votos, cuestionada judicialemente por el candidato derrotado, desde ya en una relación conflictiva con el congreso nacional de mayoría opositora, se configuraba una situación insostenible para el presidencialismo.

El segundo mandato de Roussef fue agonizante, sin aliados en el congreso y sin apoyo popular, en una búsqueda infructuosa de atender los chantajes del capital, perdía la dedicación de los movimientos sociales. Por segunda vez en la historia de la nueva República, un presidente era impedido. Temer hizo exactamente lo contrario del papel institucional reservado para un vice, antes mismo de ser iniciado el proceso de juicio político, él propagaba una agenda para el Brasil, llamada “Puente para el futuro”, totalmente alineada al programa derrotado en las elecciones de 2014, que preveía la cartilla neoliberal para el ajuste de las cuentas, y así también una reforma política.

Desde que asumió, nombró varios ministros del PSDB y con amplio apoyo del congreso ya aprobó un techo de gastos del presupuesto, ahora estipulado apenas a través de la inflación, e inició los trámites para las reformas de jubilación y laborales. Para resolver los problemas de la jubilación, aún con conclusiones divergentes sobre su sustentabilidad, Temer transfirió todo el costo para la clase trabajadora, aumentando el tiempo de contribución y el piso de la edad para la jubilación, igualándolos entre los sexos y dificultando la jubilación de los campesinos. Brasil actualmente tiene cerca de 14 millones de desempleados y la responsabilidad de eso fui transferida a la legislación laboral, cuyo arcaísmo no permitiría la generación de empleos, por dificultar la actuación del sector productivo, necesitado de una mayor flexibilización, y criar muchos pasivos jurídicos, dado el rigor de la Justicia del Trabajo, significando más horas de trabajo, remuneración menor, el fin del impuesto sindical, prevaleciendo lo acordado con la patronal sobre lo legislado.

El hecho es que ninguna política del actual gobierno consigue reactivar la economía y todos sus esfuerzos fueran direccionados para la aprobación de esas reformas. La retórica oficial defiende el “Puente para el futuro”, contraponiéndolo al colapso delante de una desaprobación récord del gobierno Temer (61% de mal un pésimo, 28% de regular; 71% de los brasileños son contra las reformas), que apura la tramitación, independiente del esclarecimiento público, para intentar aprobarlas lo más lejos posible de la próxima elección, ya en 2018, en que Lula, mayor líder político del país y de base sindical, es señalado por las encuestas como  favorito. La parte negativa fue la brutal represión de las fuerzas policiales, principalmente en las dos mayores ciudades del país, San Pablo y  Rio de Janeiro, con manifestantes presos, hospitalizados y agresiones claramente ilegales. En Goiana (centro oeste del país, cerca de Brasilia), un manifestante está hospitalizado en estado grave, un policía quebró su bastón sobre el cráneo de Mateus Ferreira da Silva.

Brasil Pasa por un periodo sombrío, su democracia, en gran medida una farsa, intensifica su naturaleza antipopular, sin embargo, la población comienza a tomar consciencia y avanza en la defensa militante de sus derechos.

Corresponsal para El Roble desde Recife, Brasil.

[1] “Puente para el futuro” es el nombre del documento de carácter neoliberal que guía las acciones de gobierno del PMDB (gobierno Temer).

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Siria: el gran juego

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Desde que asumió hace 100 días Donald Trump ha decidido ampliar la presencia de su país en Siria incrementado el apoyo en el terreno al único actor confiable que le quedaba, los kurdos, para la toma de la capital de facto de ISIS, al Raqqa, esto pese a las protestas turcas. En paralelo, hace apenas una semana, su secretario de Estado, Rex Tillerson, declaraba que el derrocamiento del presidente Asad había dejado de estar entre sus prioridades y que lo principal era derrotar a los grupos terroristas. Sin embargo, posteriormente y en pocas horas, todo parece haber cambiado.

El 4 de abril pasado se produjo la muerte por armas químicas de cerca de 100 personas en un área dominada por los rebeldes anti Assad en el noroeste de Siria, Ildib, limítrofe con Turquía. Sin haber quedado claro si ello se debió al bombardeo sirio u a otra fuente, ni siquiera sin quedar claro de qué gas se trató, a las 72 horas, desde dos destructores en el Mediterráneo con base en España, EE.UU. arrojó 50 misiles de crucero sobre una base del gobierno sirio desde donde supuestamente había partido el ataque químico.

Las causas de dicha determinación pueden ser varias. Por un lado, permitió a un maltrecho Trump recuperar legitimidad en la política doméstica de Estados Unidos, ya que el ataque fue apoyado tanto por republicanos como por demócratas y pone paños fríos a las denuncias de sus supuestos lazos con el ruso Putin (aliado de Asad). Por otro lado, le permite recuperar ciertos lazos que se encontraban maltrechos con sus aliados europeos, turcos, árabes y sionistas.

Tampoco puede descartarse que fuese una señal por elevación para China y Corea del Norte, ya que el Lejano Oriente es otro punto caliente de la geopolítica global actual. El ataque coincidió con la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos, en el marco de la presión de Estados Unidos para que China ponga coto al programa nuclear y de misiles norcoreano, bajo la amenaza de que si no habrá una acción unilateral norteamericana.

En este caso, el escenario más benévolo sería que el bombardeo haya sido un acting para recuperar prestigio político y que la cosa no pase a mayores, de allí que la base atacada no haya sufrido grandes daños, mientras el escenario más crítico sería que los intereses de las grandes potencias nucleares sigan en rumbo de colisión.

Sea cuál sea la razón principal, nos recuerda la práctica norteamericana de inventar amenazas para justificar su intervención militar. Ya sean los ataques de falsa bandera que dispararon la intervención en Cuba hace un siglo, o la nunca comprobada denuncia de posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak en 2003, o incluso un anterior supuesto ataque químico en 2013 que casi lleva a la intervención norteamericana en Siria al estilo libio y que quedo en la nada por la intervención rusa.

No es casual que, ante la rápida salida de los cancilleres de Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y otros a condenar a Siria, Brasil se haya abstenido suponiendo los peligros que para otras potencias que aspiran a jugar un rol regional (tal el caso de Brasil en Latinoamérica) representan el hacer el juego a la política intervencionista yanqui.

Otra enseñanza es que Trump termina haciendo la política internacional que le criticaba a Hillary Clinton en campaña, mostrando que detrás de las operatorias de los Estados burgueses se mueven fuerzas estructurales mucho más determinantes que las voluntades de los individuos que supuestamente los conducen.

Por Eloy.

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