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Protesta y represión en Francia: la otra cara del primer mundo 

Normalmente se suele decir que tenemos que copiar lo que pasa en el “primer mundo”. Que allí la población es ordenada, seria y responsable. No obstante, estas últimas semanas, en Francia se registraron una seguidilla de movilizaciones que hicieron temblar a toda Europa. – por Cristian.

Francia arde

En medio de un proceso de ajuste global donde la burguesía avanza abiertamente sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora, el conflicto de los “chalecos amarillos” se enmarca en un proceso de movilización de largo aliento. Hace poco tiempo, los trabajadores franceses protagonizaron grandes movilizaciones contra la reforma laboral, movilizaciones que plantearon una dura resistencia a las políticas de Macron.

Esta vez, el detonante del conflicto fue el aumento de los impuestos sobre los combustibles, impuesto regresivo que encarece la canasta básica de todo laburante. No obstante, este aumento puntual se da en medio de una reforma fiscal regresiva mucho más amplia, donde el gobierno francés redujo tributos sobre la burguesía, haciendo así recaer todo el peso del ajuste sobre la clase trabajadora.

En función de esto, el reclamo fue escalando su tenor. Inicialmente, se decía que las movilizaciones estaban fuertemente ligadas a la ultraderecha francesa. Sin embargo, con el correr del tiempo, a medida que el reclamo se masificaba, esta supuesta dirección tendió a diluirse al tiempo que se incluían entre las consignas de los manifestantes la caída del poder adquisitivo del salario, el creciente desempleo, y la precariedad laboral.

Claramente el proceso de luchas que se desarrolla en Francia muestra que la clase trabajadora sufre penurias en todos los puntos del planeta, inclusive en el primer mundo, donde supuestamente están los mejores niveles de vida.

Este proceso muestra a las claras que la lucha de clases es un fenómeno indivisible del capitalismo, y que, mientras haya explotación, siempre habrá algún tipo de resistencia. Por el momento, esta resistencia parece no llegar a frenar el ajuste que está implementando Macron, sin embargo, la movilización se agudiza, al tiempo que la represión crece y se cobra cada vez más víctimas.

Es una labor urgente de aquellos que se identifican con el clasismo organizar esta resistencia, enfocándose no solamente en frenar este ajuste, sino también en sembrar conciencia de clase y organizar finalmente a la clase trabajadora para la toma del poder. Solamente así lograremos eliminar todas las penurias a las cuales nos condena el capitalismo.

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Editorial de El Roble Nº 128 – Diciembre: “El ajuste sigue, las resistencias también”

INCIDENTED

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El macrismo sigue avanzando con su ajuste. Por estos días nos enteramos que los salarios y las jubilaciones terminarán perdiendo en promedio más de un 15% de su poder de compra en 2018. A su vez, los despidos siguen su marcha, y encontramos echadas tanto masivas como a cuentagotas, tanto en el sector privado como en el sector público.

El 2019, si bien es un año electoral, tampoco se proyecta mucho mejor que el 2018. Luego de varias negociaciones, el gobierno logró sancionar el presupuesto exigido por el Fondo Monetario Internacional, por lo que el ajuste también será un protagonista central de las elecciones presidenciales.

En este marco, la represión se hace más presente que nunca, y va acumulando heridxs, detenidxs, y muertos. A la par de esto, el gobierno intenta legitimar a la misma represión, creando el fantasma del terrorismo como su justificativo. En este marco se realizó la cumbre del G20, en una ciudad sitiada por alrededor de 25.000 efectivos de las fuerzas represivas, con una clara intención de meter miedo en la población y mostrarle al mundo que tienen todo bajo control. Pese a esto, se realizó una gran movilización, con organizaciones sociales y políticas, recorriendo la 9 de julio y Avenida de Mayo, hasta el Congreso.

Al mismo tiempo, la victoria en Brasil de Bolsonaro pone en alerta a toda la región, y plantea la consolidación de un avance represivo y conservador sobre toda Latinoamérica.

Por otro lado, dados los efectos sociales del mismo ajuste, el Macrismo está en su peor momento político, y su imagen pública no para de caer. Frente a esto, el peronismo huele sangre e intenta organizar su unidad para alcanzar el poder, esperando que Macri meta todo el ajuste posible y le allane el camino. No obstante, el gobierno aguarda con esperanza que en el 2019 la situación económica mejore levemente, para lograr su reelección.

En tanto que la burguesía se impacienta por más ajuste, la clase trabajadora sigue resistiendo tanto de forma directa como de forma indirecta los embates del gobierno y el capital.

Son claros ejemplos de lucha los casos de Télam, Astillero Río Santiago, Canale o Siam. Sin embargo, los despidos y la flexibilización laboral avanzan en muchísimas fábricas, sin mayor repercusión mediática. Esto plantea que las resistencias, si bien se dan, son aisladas y puntuales, lo que claramente les quita fuerza para bancar el ataque de la patronal.

Esta situación se debe obviamente al rol desmovilizador de la burocracia, pero también a las propias falencias de quienes nos denominamos clasistas, ya que todo esto también muestra nuestra propia incapacidad de incidir en la conciencia de los laburantes. En función de esto, además de darnos un trabajo paciente y de largo plazo en el núcleo de la clase trabajadora, debemos empujar a la unidad de todxs los que luchan, dejando atrás todas las acciones divisionistas que tan mal le hacen a lxs proletarixs.

En este escenario de ajuste, no solamente debemos resistir, sino también debemos plantear una política independiente, que tenga como eje la construcción de un gobierno de lxs trabajadorxs, sin explotadorxs ni explotadxs.

Equipo de El Roble.

 

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Ya salió El Roble de Noviembre – Nº 127: “Que la tortilla se vuelva”

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El 30 de noviembre va a realizarse la cumbre del G 20 en Buenos Aires, con las 20 potencias mundiales. El gobierno quiere demostrar al mundo y a los capitalistas que tiene bien controlada la situación política, aprobando -represión mediante- un presupuesto que se ajusta a las demandas del FMI. El despliegue represivo para cercar la Ciudad es digno de una película yanky: 40 mil efectivos de distintas fuerzas de seguridad, inteligencia y civiles. Bullrich ya anunció luego de la represión del 24 en Congreso que el operativo para el G20 será “muy superior” y actuarán rápido para “proteger el evento”.
Este “evento” que no es más que una demostración de poder, se desarrolla en un contexto mundial en el que China y Estados Unidos se disputan el control de los mercados y de las materias primas. El mismo contexto en el que Bolsonaro probablemente gane en Brasil, con una propuesta pro-dictadura, homofóbica, xenófoba y antiderechos por donde se mire. ¿Es que hasta ahora todo era color de rosas? No, como no lo era Argentina antes del 2015 pero no podemos dejar de sostener que se trata de un avance de políticas neoliberales, que vienen por lo que aún no han podido aniquilar en décadas anteriores. Y es en ese mismo contexto donde en Argentina, durante las últimas semanas varixs referentes políticos y sindicales de la oposición recibieron amenazas; donde hay vía libre para las infiltraciones, escuchas y persecución a toda persona que se oponga a estas políticas; donde conviven en los barrios los ya conocidos grupos parapoliciales y mafias diversas como lo hemos visto en Moreno con las amenazas, torturas e infiltraciones en la comunidad educativa; donde siguen los despidos en el ámbitos público y privado; donde se modificó el código procesal penal de la Ciudad, aumentando el tiempo de detención sin audiencia, ampliando los supuestos para dictar prisión preventiva e intervenir las comunicaciones y negando la defensa en el inicio de la detención; donde avanzan las reformas educativas, destruyendo las orientaciones técnica y especial en la provincia de Buenos Aires, avanza el proyecto de UNICABA con una política de vaciamiento de los 29 profesorados de la Ciudad de Buenos Aires; donde todas las paritarias siguen debajo de la inflación y la mayoría de las conducciones sindicales solo convocan a paros aislados sin un plan de lucha.
Por ahora, pese a la crisis económica y política, el gobierno sigue teniendo el control aunque como venimos diciendo desde El Roble, la presión y el descontento social crece y crece, pero aún no se logra unificar las luchas, coordinar, funcionar de manera organizada para resistir y avanzar. El macrismo y los gobernadores siguen implementando sus planes de ajuste con más represión y pauperización de lxs trabajadorxs y el pueblo.
Seguimos insistiendo en que la única manera de terminar con este gobierno es en unidad, en las calles y con la organización en cada lugar de trabajo, de estudio, en los barrios, desde abajo y de manera democrática, haciendo asambleas y reuniones donde decidamos acciones concretas, donde estudiemos y nos formemos pacientemente para entender la realidad y para intervenir. Ninguna receta servirá si no somos conscientes de que el enemigo es muy fuerte y está organizado para obtener ganancias y mantener el poder. Por eso, no confiamos en grandes líderes que vengan a proponer soluciones mágicas. Tenemos que ir conformando un polo que nuclee a todos los sectores de laburantes que se propongan una salida desde abajo, que no confíe en ningún sector de la burguesía y que tenga como norte la construcción de una sociedad sin explotación.

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Equipo de El Roble.

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Editorial de El Roble de Septiembre: “A la mierda todo”

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Es difícil sintetizar una lectura sobre el momento actual. Desde El Roble siempre tratamos de mencionar los hechos más relevantes de la actualidad, analizar por qué en este sistema siempre perdemos quienes laburamos todos los días y ganan los patrones y sus políticos. Este número no será la excepción pero pasan tantas cosas que a veces no sabemos por dónde empezar.

Al cierre de esta edición el dólar cerró 37, 50 luego de un jueves en el que llegó a 42. Así dicho parece un número más o podemos pensar que no nos importa el dolar porque no tenemos ahorros que cuidar ni estamos pensando en viajar al exterior. Pero el gran problema es que el precio de ese papel verde condiciona los precios internos: la comida, el pasaje, el combustible, los servicios, los medicamentos, el precio de cualquier producto. Y ese efecto lo veremos en algunos meses, cuando se transforme en devaluación, llegando a los precios. Nuestro salario se devalúa todos los días y nos alcanza para cada vez menos. Pero eso es algo que no tenemos que contar…. lo vivimos en carne propia.

Según un informe de la CTA-A el salario mínimo vital y móvil para este año es de apenas 10 mil pesos y que el 35% de lxs trabajadorxs ocupadxs cobra menos que eso. Estima que para fin de año la caída real del salario mínimo será del 8,5% respecto al año pasado. También muestra que el salario real de lxs trabajadorxs del sector privado cayó un 6% y el de lxs trabajadorxs públicos un 9% en el último año. En otros sectores este porcentaje es aún más alto y es en aquellos donde no hay negociaciones colectivas porque mientras más precario sea el trabajo, menos posibilidad de obtener mejoras salariales. Los últimos datos que publicó el Indec indican que al menos el 34 por ciento de los asalariadxs estamos precarizadxs y el 25,7 somos pobres. Nada indica que este panorama vaya mejorar. Y frente a esto, la CGT convocó a un paro general recién para el 25 de septiembre… falta mucho como para saber si lo mantendrán.

Quizás un buen modo de subir el ánimo es recordarnos que en momentos de crisis tenemos que hacer lo imposible por unir nuestras fuerzas, tener siempre los valores de la solidaridad y la mano levantada para cada compañerx que sale a luchar por su fuente de trabajo, por aumento salarial, porque las condiciones laborales son cada vez peores ya que somos la primera variable de ajuste. Una tarea fundamental es no olvidarnos de esto: somos una misma clase trabajemos en el estado o en el sector privado, produzcamos caños, autopartes, ropa, comida; trabajemos en capital o en provincia, en el sector de la educación, de la salud, en servicios, hagamos changas de lo que podamos, laburemos en empresas chicas o grandes, o estemos sin laburo o nos ocupemos de los trabajos en la casa o el cuidado de otras personas sin cobrar un sueldo. Somos de la misma clase trabajadora.

Pero los planes del gobierno no hace distinciones. Deben hacer pasar el ajuste porque es lo que piden todos los capitalistas. Y por eso las fuerzas represivas están cada vez más en las calles tratando de callar nuestra voz: la de las mujeres que salimos por el aborto legal y contra la violencia patriarcal; la de cada sector que está en lucha como el universitario, que lleva casi un mes de paro por el recorte en el presupuesto y porque la oferta salarial es un chiste; o la del conjunto de trabajadorxs que sale a defender los cierres y despidos como los compañeros de Astilleros Río Santiago, como TELAM, como el INTI, Agroindustria y tantos otros;  a cada comunidad que sale a decir NO a la minería contaminante o a la producción con transgénicos como es el caso de Jáchal que se opone a la multinacional Barrick Gold. Por todo esto es fundamental la UNIDAD Y SOLIDARIDAD. Porque vamos a seguir resistiendo cada uno de los ataques y si estamos divididos es segura la derrota.

Gran ejemplo de esta unidad fue la marcha convocada en principio por docentes, no docentes y estudiantes de las universidades, pero que se transformó en una convocatoria necesaria para todo el pueblo trabajador que quería salir a Plaza de mayo, a reclamar y hacer sentir el repudio hacia la política del gobierno.

Toda la máxima unidad en la calle y en ese camino ir desarrollando un programa que ponga por delante los intereses de nuestra clase. Nuestra opción nunca será junto a ninguna opción de la burguesía, por más lindo que sea su discurso. La única forma de barrer de una vez por todas con este sistema es acabando con la explotación y con todo tipo de opresiones. Solo la organización obrera y de todos los sectores oprimidos será la que plantee otra forma de vida y salga a conseguirlo, en las calles y con organización.

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Equipo de El Roble.

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