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Salió El Roble N° 130 – Abril: “El ajuste no para”

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A comienzos de este año nos preguntábamos si por ser el 2019 un año electoral, la economía iba a estar más calma, el dólar se iba a mantener estable o el ajuste iba a ser un poco más suave. No hay que pensar demasiado para darse cuenta que la respuesta es no. Las cosas no están calmas y lo vemos todos los días cuando pagamos el colectivo o tren, cuando vamos a comprar para la comida, en cada conversación en el trabajo o en el barrio. Nos quejamos, puteamos al gobierno, al FMI, a los sindicatos que no hacen nada. Pero, qué más vamos a hacer? No alcanza con quejarnos y sacarnos la bronca con quien tenemos delante.

La inflación para el mes de marzo se estima en 4%, el dólar coquetea con llegar a 45. Según la CTA autónoma, quien toma datos del INDEC, la mitad de lxs trabajadorxs, en diciembre de 2018 ganaba menos de 15 mil pesos y en ese momento para no ser pobre se necesitaban 25.500 pesos (recordemos que hoy el salario mínimo no llega ni a la mitad de esta cifra). Tampoco hay que pensar mucho para decir que en diciembre estábamos muy mal y ahora estamos peor.

Y entonces, qué hacemos? Cómo organizarnos para no perder el trabajo y no quedar debajo de la inflación es algo que desde El Roble, pensamos cada día e intentamos discutir con cada compañerx que lee este periódico.

Nuestro pueblo ha sabido salir a la calle, y mucho. Este año, a 43 años del golpe cívico militar eclesiástico, fuimos miles de nuevo en Plaza de Mayo y desde el encuentro Memoria Verdad y Justicia no solo se propuso la memoria del pasado sino la crítica constante al presente. Dos semanas antes, el 8 también salimos, en el marco del Paro internacional de mujeres y disidencias sexuales, y también fuimos miles. Sin embargo, nos está costando unificarnos en los conflictos laborales. No logramos brindar la solidaridad que cada lucha merece, para cumplir con esa idea que dice “golpear con un solo puño”.  En parte, esto se dificulta por las dirigencias de las centrales sindicales, que están bastante lejos de estos objetivos y en parte también porque no llegamos a divisar la gravedad de la situación, pasarles por encima y elegir nuevos dirigentes.

Lo fundamental: unidad para la lucha

El mes pasado decíamos (y decimos) que Cofco, ex Nidera (la aceitera de capitales chinos) y FATE (empresa de neumáticos con una federación recuperada) eran dos empresas a las que teníamos que prestarle mucha atención porque marcan un camino para lxs trabajadorxs ya que, cada una con sus particularidades, nos muestra las formas organizativas que tenemos que darnos para defender nuestros intereses. En asambleas han decidido qué pasos seguir. El contexto es duro pero solo con la unidad y el respeto a las decisiones democráticas (es decir, en asamblea donde todo se plantea, debate y decide por el voto mayoritario ejerciendo la democracia de nuestra clase) podremos ir avanzando en la defensa de nuestros intereses, que siempre van a ser contrarios a los de los empresarios.

Por eso, junto a las luchas en lugares de trabajo, es fundamental poder discutir con cada compañerx que esa situación particular forma parte de un contexto general y de un sistema político que durante decenas de años nos ha privado de nuestra capacidad de decidir. Somos quienes trabajamos y construimos todo lo que existe y sin embargo son los empresarios quienes se apropian de las ganancias. Somos quienes sufrimos todas las políticas gubernamentales y sin embargo no gobernamos. Somos quienes votamos pero nunca dirigimos nuestro propio futuro.

Por eso, desde estas páginas llamamos a levantarnos contra todas las injusticias, llamamos al debate, la reflexión, el estudio crítico y la organización para construir un mundo sin explotación ni opresiones de ningún tipo.

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Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble Nº 129 de Febrero: “Fate y y Nidera: un ajuste a toda la clase obrera y sus organizaciones”

El Roble vuelve a las calles en papel en este 2019 que arranca caliente no solo por las altas temperaturas veraniegas. Se hicieron públicos los números de la inflación de enero, un 2,9% que alarma cualquier aspiración oficial de planchar el alza de los precios. Nuevos aumentos del transporte y los servicios se combinaron con importantes cortes de luz que dejaron a miles de familias a oscuras. La bronca de boletas cada vez más altas pudre la paciencia, como se pudre un pedazo de carne en un freezer que se queda sin corriente eléctrica.

También se caldean los ánimos en el movimiento obrero. Como continuidad del año pasado, los despidos y los cierres de fábrica siguen a la orden del día. Caso testigo el de Cofco, ex Nidera, una de las aceiteras más importantes del país. Los capitales chinos, que la adquirieron hace poco tiempo, decidieron cerrar sus puertas dejando 200 familias en la calle. Los compañeros acampan en la puerta de la fábrica y se preparan para una larga lucha.

Por su parte, Fate presentó el preventivo de crisis alegando bajas ganancias. Sin embargo, las empresas de Madanes Quintanilla (dueños de Aluar o la hidroeléctrica Futaleufú) reporta millonarios ingresos anualmente, aunque pretenden que los que se ajusten sean los trabajadores. Como salida, la patronal plantea la posibilidad de cerrar un turno (serían más de 400 despidos) y precarizar las condiciones de trabajo.

Estos conflictos, junto a las y los docentes que iniciaron la ronda paritaria en la provincia de Buenos Aires, cobran particular relevancia: no son solo coletazos de una economía en crisis, sino que son golpes a los sectores más avanzados en organización y en capacidad de resistir los planes patronales de ajuste. Es un ataque político al conjunto de la clase trabajadora, porque si pasan los despidos aceiteros, si retroceden las condiciones de trabajo en Fate, si se sigue degradando el salario docente, estaremos todxs en peores condiciones para luchar en nuestros sectores y enfrentar el ajuste del gobierno.

En este sentido, es de vital importancia practicar la solidaridad poniendo por delante los intereses que nos unen como clase. Y desde allí ir desarrollando la unidad con un programa claro: contra los despidos, el ajuste y los tarifazos, por la ocupación y puesta en marcha por parte de lxs propios trabajadorxs de toda fábrica que cierre, por más plata para educación y para salud, no para la deuda y el FMI. Basta de tregua de la CGT, por un plan de lucha que concluya en un paro general hasta derrotar estas políticas. Desarrollar planes de acción a partir de estas consignas, discutirlo en asambleas, en los barrios, lugares de trabajo y estudio.

Este es el contexto y nada indica que vaya a mejorar la situación para lxs laburantes. Nos podemos esperar a las elecciones que nos prometen los politiqueros de turno. Tenemos que tener claro que ningún gobierno patronal va a resolver los problemas de nuestra clase. Quienes hoy nos endulzan la oreja diciendo que “los vamos a frenar en las urnas” no hacen más que patear la pelota afuera y demostrar lo poco que les interesa dar una salida de fondo a la miseria que se vive hoy. Tomar el ejemplo del movimiento feminista, recuperar la iniciativa y hacer lo que no quiere la burocracia sindical: movilizarse masivamente, discutir en asamblea, confiar en las propias fuerzas que tenemos como clase. Ahí está la clave y la posibilidad para pararle la mano a los explotadores.

Equipo de El Roble.

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Protesta y represión en Francia: la otra cara del primer mundo 

Normalmente se suele decir que tenemos que copiar lo que pasa en el “primer mundo”. Que allí la población es ordenada, seria y responsable. No obstante, estas últimas semanas, en Francia se registraron una seguidilla de movilizaciones que hicieron temblar a toda Europa. – por Cristian.

Francia arde

En medio de un proceso de ajuste global donde la burguesía avanza abiertamente sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora, el conflicto de los “chalecos amarillos” se enmarca en un proceso de movilización de largo aliento. Hace poco tiempo, los trabajadores franceses protagonizaron grandes movilizaciones contra la reforma laboral, movilizaciones que plantearon una dura resistencia a las políticas de Macron.

Esta vez, el detonante del conflicto fue el aumento de los impuestos sobre los combustibles, impuesto regresivo que encarece la canasta básica de todo laburante. No obstante, este aumento puntual se da en medio de una reforma fiscal regresiva mucho más amplia, donde el gobierno francés redujo tributos sobre la burguesía, haciendo así recaer todo el peso del ajuste sobre la clase trabajadora.

En función de esto, el reclamo fue escalando su tenor. Inicialmente, se decía que las movilizaciones estaban fuertemente ligadas a la ultraderecha francesa. Sin embargo, con el correr del tiempo, a medida que el reclamo se masificaba, esta supuesta dirección tendió a diluirse al tiempo que se incluían entre las consignas de los manifestantes la caída del poder adquisitivo del salario, el creciente desempleo, y la precariedad laboral.

Claramente el proceso de luchas que se desarrolla en Francia muestra que la clase trabajadora sufre penurias en todos los puntos del planeta, inclusive en el primer mundo, donde supuestamente están los mejores niveles de vida.

Este proceso muestra a las claras que la lucha de clases es un fenómeno indivisible del capitalismo, y que, mientras haya explotación, siempre habrá algún tipo de resistencia. Por el momento, esta resistencia parece no llegar a frenar el ajuste que está implementando Macron, sin embargo, la movilización se agudiza, al tiempo que la represión crece y se cobra cada vez más víctimas.

Es una labor urgente de aquellos que se identifican con el clasismo organizar esta resistencia, enfocándose no solamente en frenar este ajuste, sino también en sembrar conciencia de clase y organizar finalmente a la clase trabajadora para la toma del poder. Solamente así lograremos eliminar todas las penurias a las cuales nos condena el capitalismo.

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Editorial de El Roble Nº 128 – Diciembre: “El ajuste sigue, las resistencias también”

INCIDENTED

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El macrismo sigue avanzando con su ajuste. Por estos días nos enteramos que los salarios y las jubilaciones terminarán perdiendo en promedio más de un 15% de su poder de compra en 2018. A su vez, los despidos siguen su marcha, y encontramos echadas tanto masivas como a cuentagotas, tanto en el sector privado como en el sector público.

El 2019, si bien es un año electoral, tampoco se proyecta mucho mejor que el 2018. Luego de varias negociaciones, el gobierno logró sancionar el presupuesto exigido por el Fondo Monetario Internacional, por lo que el ajuste también será un protagonista central de las elecciones presidenciales.

En este marco, la represión se hace más presente que nunca, y va acumulando heridxs, detenidxs, y muertos. A la par de esto, el gobierno intenta legitimar a la misma represión, creando el fantasma del terrorismo como su justificativo. En este marco se realizó la cumbre del G20, en una ciudad sitiada por alrededor de 25.000 efectivos de las fuerzas represivas, con una clara intención de meter miedo en la población y mostrarle al mundo que tienen todo bajo control. Pese a esto, se realizó una gran movilización, con organizaciones sociales y políticas, recorriendo la 9 de julio y Avenida de Mayo, hasta el Congreso.

Al mismo tiempo, la victoria en Brasil de Bolsonaro pone en alerta a toda la región, y plantea la consolidación de un avance represivo y conservador sobre toda Latinoamérica.

Por otro lado, dados los efectos sociales del mismo ajuste, el Macrismo está en su peor momento político, y su imagen pública no para de caer. Frente a esto, el peronismo huele sangre e intenta organizar su unidad para alcanzar el poder, esperando que Macri meta todo el ajuste posible y le allane el camino. No obstante, el gobierno aguarda con esperanza que en el 2019 la situación económica mejore levemente, para lograr su reelección.

En tanto que la burguesía se impacienta por más ajuste, la clase trabajadora sigue resistiendo tanto de forma directa como de forma indirecta los embates del gobierno y el capital.

Son claros ejemplos de lucha los casos de Télam, Astillero Río Santiago, Canale o Siam. Sin embargo, los despidos y la flexibilización laboral avanzan en muchísimas fábricas, sin mayor repercusión mediática. Esto plantea que las resistencias, si bien se dan, son aisladas y puntuales, lo que claramente les quita fuerza para bancar el ataque de la patronal.

Esta situación se debe obviamente al rol desmovilizador de la burocracia, pero también a las propias falencias de quienes nos denominamos clasistas, ya que todo esto también muestra nuestra propia incapacidad de incidir en la conciencia de los laburantes. En función de esto, además de darnos un trabajo paciente y de largo plazo en el núcleo de la clase trabajadora, debemos empujar a la unidad de todxs los que luchan, dejando atrás todas las acciones divisionistas que tan mal le hacen a lxs proletarixs.

En este escenario de ajuste, no solamente debemos resistir, sino también debemos plantear una política independiente, que tenga como eje la construcción de un gobierno de lxs trabajadorxs, sin explotadorxs ni explotadxs.

Equipo de El Roble.

 

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