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La economía que se viene después de las elecciones

Si miramos la historia argentina, y en especial la historia reciente, podemos encontrar un patrón que se repite: en tanto que en los años impares la economía tiende a crecer y los indicadores sociales suelen mejorar -o al menos no empeoran bruscamente-, en los años pares se dan circunstancias completamente opuestas, ya que dichos años son más propensos a registrar duros ajustes en las condiciones de vida y caídas en el PBI. A este comportamiento se lo denomina como el “ciclo político” de la economía, y, como es de sospechar, este fenómeno está fuertemente ligado a las elecciones, ya que en años electorales, los gobernantes tienden a incentivar el crecimiento económico y evitan todo lo que pueden la implementación de políticas regresivas. 

El año 2021 es un año electoral, y por ello el gobierno actúa en consecuencia. En función de lo anterior, es sabido que los indicadores económicos y sociales vienen mejorando en relación al 2020, aunque no llegan a alcanzar los niveles pre pandemia. No obstante, gran parte de esta supuesta recuperación, presagia duros ajustes para los años venideros.

Por un lado, se espera que luego de las elecciones se dé a conocer el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el cual, como es esperable, exigirá mayores recortes fiscales, que suelen recaer sobre jubilaciones, ayudas sociales, y salarios de trabajadores estatales. En función de lo anterior, no sería sorprendente que en 2022 jubilados, desocupados, laburantes informales y contratados por el Estado reciban un nuevo golpe a su bolsillo. Complementando lo anterior, también pueden esperarse reducciones en los subsidios de los servicios públicos, lo que implicará necesariamente un incremento en las tarifas, volviendo a golpear las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Por otro lado, con el afán de suavizar el proceso inflacionario de cara a la votación, el gobierno lanzó un masivo plan de precios cuidados que tienen como fecha de vencimiento el mes de diciembre, por lo que toda la inflación contenida espera pacientemente a que pasen las elecciones y los laburantes estemos distraídos entre las fiestas y las vacaciones. Asimismo, también buscando frenar los precios, en los últimos meses comenzó un proceso de ralentización del ritmo devaluatorio, lo que augura un duro incremento del precio del dólar para el año próximo, con las duras consecuencias que trae consigo cualquier devaluación.

Y por si todo esto fuera poco, toda la oposición patronal ya salió a poner en agenda la “necesidad” de una nueva flexibilización laboral, apuntando a la indemnización y criticando abiertamente numerosos derechos ganados por la clase trabajadora luego de años y años de lucha.

En resumidas cuentas, gane quien gane la elección de noviembre, el futuro económico del país es cuanto menos gris, y el destino de los laburantes en este capitalismo argentino es, siendo optimistas, muy malo. 

Los cantos de sirena que proponen “la vida que queremos” no son más que una distracción para profundizar el ajuste venidero, al tiempo que las proclamas opositoras no tienen mucho más que ofrecer.

Nuevamente como clase trabajadora se nos presenta un futuro difícil, que solamente puede ser enfrentado con unidad por abajo, organización y lucha, tanto para defender nuestras condiciones de vida, como para lograr un gobierno de, y para los trabajadores.

Por Cristian.

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Solidaridad de clase también para festejar las infancias

Con motivo de celebrar el día de las infancias sigue siendo necesaria la participación de la clase para que todos los días del año lxs niñxs puedan seguir disfrutando de su infancia.

Con la cuarentena estricta que se desarrolló en el año 2020, se siguieron profundizando factores que afectaron a la clase como la pérdida del trabajo y lo difícil que sigue siendo hoy día conseguir uno, precarización laboral, el constante golpe al bolsillo, un IFE de 20.000 en 4 cuotas por debajo de la línea de pobreza, inflación y un largo etcétera.

Esas características son las que hacen que la clase se las rebusque para mantenerse a flote. Durante la cuarentena y al calor de la profundización de la crisis social, la misma comunidad fue abriendo nuevas ollas populares ante la ausencia de políticas efectivas y recursos por parte del Estado y la falta de empatía de un gobierno “nacional y popular”.

Igual que sucede en cientos de barriadas a lo largo y ancho del país, la solidaridad de clase aparece también en la zona oeste del conurbano. En el barrio Las Catonas de Moreno, impulsado por activistas ferroviarixs que viven allí, abrieron el merendero “El tren de los pichones” a mitad del año pasado al ver el aumento de ollas populares y por lo tanto la necesidad que eso significaba. Comenzaron reforzando la merienda. Con el tiempo, lxs vecinxs, tomaron al merendero como sentido de pertenencia al barrio. Esto se refuerza luego de la apertura de la cuarentena pudiendo hacer actividades artísticas que buscaban involucrar al barrio, como hacer murales junto a lxs pibes. En alguna de las actividades llegaron a recibir más de 200 niñxs. Siempre manteniendo la independencia y de manera autogestiva, sin esperar nada de los partidos políticos patronales, responsables de la propia crisis, poniendo el hombro, codo a codo con la propia comunidad.

Creciendo y consolidándose en el tiempo, están organizando para celebrar el día de las infancias una gran actividad artística, con juegos, regalos y la clásica merienda. Como no puede ser de otro modo, tomando como propia la calle, cortándola, armando en ese espacio para recibir a las infancias de todas las edades. La cita es el domingo 22 desde las 13 horas.

La salida es, y sigue siendo, social y colectiva.

Corresponsal para El Roble.

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Editorial El Roble N° 150 – Mayo: Un proyecto propio para que no nos trague la ola

Surfeamos la segunda ola de covid, superando la cifra récord de los 29.000 casos diarios, con pocas camas de terapia intensiva disponibles y habiendo superado las 60.000 muertes. Mejor dicho, intentamos surfear en mar está revuelto, con mal clima y tiburones merodeando.

Como hemos señalado ya en nuestras páginas, el gobierno nacional y los provinciales promueven la continuidad de las actividades que garantizan la movilidad de la población y por lo tanto, la circulación del virus. La crisis sanitaria se combina con la crisis social que hunde en el mar de la pobreza a más del 40% de la población. La canasta básica alimentaria para que una familia de 4 personas no caiga en la indigencia está en los $25.600. Según el Indec se registró una suba respecto de marzo del 4,5%. Tengamos en cuenta que el salario mínimo se ubica en los $21.600. Por más equilibrio que hagamos, no hay tabla lo suficientemente buena que impida que nos tape el agua.

La vacunación avanza a cuenta gotas, de modo que no hay ninguna variable realmente seria que apunte a bajar la tasa de contagio. Se inflan mediáticamente las expectativas en la millonaria oportunidad que tiene el Laboratorio Richmond de producir la vacuna Sputnik en el país. Es cierto que podría tratarse de la posibilidad simplificada del acceso a la vacuna para la población local, pero también es cierto que el laboratorio mABxience, ubicado en Garin, ya producía el principio activo de la vacuna de AstraZeneca. Pero de esa producción (6 millones de dosis) que se exportó a México para ser envasada no se dió ni una sola dosis en el país. Es decir, no es equivocado mirar con desconfianza la gestión de la salud en cualquiera de sus aspectos cuando está en manos de empresarios que, como no puede ser de otro modo, intentarán hacer negocios para aumentar sus ganancias.  

Acuerdos en la “grieta”

Ante este cuadro de situación, vemos que la enorme parte de la población que se ve forzada a arriesgarse al contagio son las y los trabajadores centralmente por dos motivos. Por un lado, porque frente a la carestía de vida, son miles quienes no tienen alternativa más que salir a trabajar. Por otro lado, complementario a esto, están las patronales que no dan tregua y presionan para que se asista a los lugares de producción. No es casual que esté totalmente fuera de discusión que las ramas productivas no esenciales deban mantenerse en marcha, incluso cuando en plantas como Toyota haya estado funcionando un solo turno ante la suba de contagios entre sus operarios. Sin embargo, de un lado y el otro de la grieta, aún cuando ya lanzados a la campaña electoral se tiran con munición gruesa, coinciden en que “la economía no puede detenerse”. Este es el eufemismo para decir que hay que ir a trabajar. Ahí está la explicación de la altísima movilidad del virus y por ende de las cifras record de contagios.

No son accidentes

El pasado sábado 24 de abril se presentó el anuario de casos 2020 del espacio Basta de Asesinatos laborales (BAL). Allí se reveló que durante dicho año murieron 1295 personas, de las cuales 985 fallecieron por contagiarse en su puesto de trabajo. Es decir, un trabajador o trabajadora murieron cada 7 horas por causas vinculadas al ámbito laboral. Desde luego que estos números no son casuales. El capitalismo es el mal endémico que padece la humanidad y que, como otros aspectos de la realidad, recrudeció su maquinaria asesina con la pandemia. Como bien señalan en BAL, “si son evitables no son accidentes, son asesinatos laborales”.

Luchar para no morir

Desde las y los trabajadores de salud en Neuquén o en provincia de Buenos Aires, los obreros de Arrebeef, la docencia de Ciudad de Buenos Aires, los movimientos sociales en toda la zona del Amba, incluso la población catamarqueña de Andalgalá que se planta contra la megaminería, se tratan de luchas por la vida. Se trata de no perder el sustento de miles de familias obreras, de tener salarios que alcancen para vivir, de condiciones seguras de trabajo para quienes ponen el cuerpo en la primera línea contra el coronavirus, de proteger un recurso básico como es el agua. Las batallas que se vienen desarrollando, aún cuando aún sean fragmentadas, sin centrales sindicales u otros organismos que logren unificar y nacionalizar las luchas, son muestras de resistencia contra la barbarie capitalista. Enfrascados en una realidad que parece ajena a estos padecimientos, no es apostando a alguno de los lados de la grieta que encontraremos las soluciones de fondo. Se trata de construir una alternativa, un proyecto propio del pueblo trabajador haga eje en la vida y no la búsqueda permanente de ganancias que son ajenas. Esto es lo que está puesto en juego en la hora actual.

Descargá el PDF completo acá.

Equipo de El Roble.

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Chile y una nueva fase de la lucha

El pasado 25 de octubre se realizó en Chile un plebiscito nacional para abrir o no la discusión sobre la reforma de la Constitución. El resultado fue un aplastante 78% a favor del “Apruebo” mientras que el rechazo fue del 22%. De este modo, tras la revuelta popular abierta en octubre de 2019, se impuso la discusión sobre la constitución heredada de la dictadura pinochetista.

¿Qué significa esta votación?

Hay dos cuestiones centrales a subrayar.

Por un lado, es un triunfo popular producto de la lucha y la movilización del pueblo trabajador chileno que, harto de la desigualdad social, la carestía de vida y la imposibilidad de acceder a derechos como la salud, la educación, el agua o una jubilación digna, estalló de rabia contra el régimen. “No son 30 pesos, son 30 años” decían las consignas callejeras en relación a que no fue el aumento del precio del subte la causa de esta revuelta, sino solo su catalizador. Vale decir que en Chile, la salida de la dictadura fue una transición con más continuidades que rupturas respecto del gobierno de Pinochet: la mantención de la constitución reformada por el gobierno de facto, una gran concentración de la riqueza en unas pocas familias, las privatizaciones, las AFP (sistema jubilatorio gestionado en forma privada), entre otras cuestiones que han generado una gran desigualdad social. Por este motivo, muchas de las demandas más urgentes de las movilizaciones tienden a entrar en franca contradicción con los pilares del régimen mismo, que hoy gobierna Piñera pero que sigue siendo pinochetista, conservador y liberal en su contenido. Fueron necesarias las movilizaciones más grandes de la historia del país, con grandes niveles de confrontación con las fuerzas represivas y un importante desarrollo de la organización territorial, para que se ponga sobre la mesa la necesidad de reformar la constitución.

Pero, por otro lado, la apertura del proceso constitucional es también una política del régimen para intentar canalizar ese enorme descontento popular hacia la arena institucional, descomprimir la bronca callejera y aislar a los sectores más radicalizados. Es que en los espacios parlamentarios, los partidos patronales (conservadores y reformistas) cuentan con mayores herramientas para desarticular la lucha.

El debate constitucional

Con la elección favorable al “Apruebo” se inicia una nueva fase de la situación revolucionaria abierta, en donde el centro de la escena será ocupado por el contenido que tendrá la nueva constitución. El pueblo trabajador chileno tiene por delante el enorme desafío de desarrollar a fondo la pelea por esas reivindicaciones centrales que golpean al régimen, las más inmediatas producto de la brutal represión estatal (como libertad de lxs presxs por luchar, indemnización a lxs lesionadxs oculares, juicio y castigo por delitos de lesa humanidad por parte de las fuerzas represivas, etc.) y, fundamentalmente, alimentar instancias organizativas populares que en concreto disputen el poder al gobierno.

La intervención en el proceso electoral de abril que definirá quiénes participarán de la Convención Constitucional tendría que poder ligar a lo más avanzado de los movimientos territoriales, estudiantil, mapuche, movimiento obrero y las organizaciones políticas revolucionarias, que impulsen un programa de transformación profunda. Justamente, por ser el terreno institucional y parlamentario el preferido por los partidos patronales defensores del régimen, es que el principal reaseguro para que la revuelta popular chilena se profundice es mantener los niveles de movilización y organización. Estas tensiones son las que se desarrollarán en los próximos meses: avanza el movimiento de lucha transformando el debate constitucional en una crisis política mayor para el régimen o lo hará la maniobra desmovilizante del gobierno.

Por Facundo Anarres – PRC.

¿Una situación revolucionaria en Chile?

Una definición clásica desde la teoría política revolucionaria, y que Lenin sintetizó con mucha claridad, plantea que una Situación Revolucionaria se define por 3 elementos principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las “alturas”, una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que se irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que “los de abajo no quieran”, sino que hace falta, además, que “los de arriba no puedan” seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempo de “paz” se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos “de arriba”, a una acción histórica independiente.

Por supuesto que esto no implica necesariamente un triunfo revolucionario, ni una perspectiva socialista definida. Son, ni más ni menos, momentos históricos acotados en el tiempo que surgen cuando se agudizan las contradicciones entre las clases sociales. En Chile estos elementos están presentes. Por eso, por ejemplo, la demanda de una reivindicación simple y concreta como “educación pública” se choca de lleno con el régimen en su conjunto, que no la puede otorgar sin tambalearse por completo.

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