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Desaparecidos en democracia: Distintos gobiernos, la misma impunidad

Pese a la campaña de confusión de los medios de comunicación, Santiago Maldonado está desaparecido. Ni perdido, ni extraviado. Aun así, no es el primer desaparecido en democracia, ni tampoco el primero después de Jorge Julio Lopez.

La continuidad de la práctica represiva de desaparecer personas tras detenerlas ha sido moneda corriente en todos los gobiernos durante los últimos 34 años. Hoy el macrismo suma una nueva víctima a la lista de más de 215 casos de desaparición forzada en “democracia, esta vez la de Santiago, “EL LECHU”, conocido compañero militante anarquista de La Plata, solidario y comprometido con las luchas populares.

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 LOS HECHOS

Desde martes 1 de agosto  Santiago Maldonado se encuentra desaparecido, luego de la brutal represión de gendarmería al interior del Lof en Resistencia de Cushamen (Chubut) por parte de más de cien efectivos de esa fuerza nacional de la que es responsable la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich.

Las fuerzas de seguridad responsables de la represión fueron los Escuadrones de Gendarmería N°34 de Bariloche, N°35 de El Bolsón, N°36 de Esquel, el Escuadrón de Ramos Mejía y Rawson, encabezadas en forma personal por el jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Nocetti.

Este repudiable funcionario fue asesor de Patricia Bullrich cuando era diputada y saltó con ella al gabinete nacional. Fue abogado defensor de genocidas procesados por crímenes de lesa humanidad en juicios realizados en Entre Ríos y La Pampa, sostuvo que aquellos procesos eran la “legalización de una venganza, estructurada y diseñada en el poder político” y atacó la legalidad de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la imprescriptibilidad de los delitos de la dictadura.

Esto es una clara muestra más de la relación que persiste entre la Impunidad de ayer y de hoy, denuncia que venimos realizando desde HIJOS hace más de 22 años.

CONSIDERACIONES SOBRE LA DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS 

La definición estricta de la  desaparición forzada de personas vigente en la Ley 26.679 es “la privación de libertad cometida por un particular o agentes del Estado, y donde la institución ha prestado su apoyo o aquiescencia y se niega a informar o reconocer esa privación de libertad”. Recordemos que el Artículo 142 ter del Código Penal, modificado por esa ley, no hace exclusivos en la definición de este delito a los casos con resultado de muerte probada o presunta, sino que pone el acento en la concurrencia de la complicidad estatal y la negativa a reconocerla o informarla debidamente.

En nuestro país la mayoría de los casos de desaparición de personas no se investigan, o bien llegan a juicio con figuras penales morigeradas o fragmentarias (como los apremios, las vejaciones, y en los menos de los casos la tortura seguida de muerte) que no explican la dimensión real de la prepotencia impune con que actúan los agentes del Estado en la represión cotidiana.

Por eso, para denunciar las desapariciones forzadas negamos el homicidio simple y la averiguación de paradero, y afirmamos que se trata de verdaderos hechos de desaparición cometidos por parte de agentes del Estado. Esto es lo que sucede con Santiago, se niega su desaparición efectuada por parte de la gendarmería, y solo se investiga el hecho como una averiguación de paradero.

LOS DATOS

Desde 1983 hubo más de 210 casos de desaparición forzada en todo el país.

Pese a la continuidad de los gobiernos constitucionales, tantas veces defendida como garantía suficiente del respeto a la vida y la libertad ambulatoria, la protección frente a las detenciones arbitrarias y las torturas, los casos se han seguido acumulando con los años.

Los picos represivos en materia de desaparición forzada han sido los años 1994 (17 casos), 1997 (12 casos), 2001 (13 casos), 2003 (13 casos), 2006 (13 casos) y 2009 (13 casos).

Esto implica que durante los seis años del gobierno de Alfonsín se produjeron el 7% de las desapariciones forzadas, durante los diez años del Menemismo el 33%, en los 3 años en que Gobernó De La Rúa 9%, en la gestión de Duhalde también el 9%, y durante los doce años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner se produjeron 39% del total de desapariciones.

Estos datos evidencian por qué el Kirchnerismo y todos sus aplaudidores intentan lavarse la cara reclamando a cuatro voces la aparición con vida de Santiago, y ocultando que durante su gobierno desaparecieron al menos 90 personas. Entre  estos podemos mencionar los emblemáticos casos de Iván Torres (Chubut-2003), Sergio Ávalos (Neuquén-2003), Julio Lopez (La Plata. Bs. As.-2006), Luciano Arruga (Bs. As.-2009), Luciano González (Chubut-2009), Mario Golemba (Misiones-2008),  Daniel Solano (Río Negro-2011).

La provincia de Chubut, en la que desapareció Santiago, es una de las que cuenta con mayor índice de desapariciones forzadas, con 15 casos desde 1983 a 2017. Allí fue desaparecido Luciano González de 41 años en 2009, detenido por el GEOP en Cerro Centinela en el marco de un operativo de cacería al poblado de Corcovado (Departamento Futaleufú), por la muerte de un policía y en un hecho represivo similar al de Cushamen. Sus restos fueron hallados e identificados en 2013 y el caso sigue impune.

No podemos tampoco dejar de mencionar que durante el gobierno de Cristina F. de Kirchner, el genocida César Milani, como jefe mayor del ejército fue el encargado del armado de la estructura represiva en la Patagonia y en todo el país.

Además que en relación a los pueblos originarios se encargaron de hostigar, robarle tierras a la comunidad Quom.

Pero, por supuesto de todo esto los Kirchneristas no dicen ni una palabra.

 https://issuu.com/ hijoslaplata5/docs/documento_ fusionado_2

ALGUNAS MODALIDADES

Varios son los “casos testigo”, en los que el desprecio por la vida, la selectividad represiva, la desidia investigativa y el funcionamiento de las fuerzas de seguridad como una corporación encubridora son el eje conductor. En casos como los de Andrés Nuñez, Miguel Bru, (durante el gobierno de Carlos Menem), y de Iván Torres, (durante el gobierno de Néstor Kirchner), la pretendida denuncia de un delito menor se convirtió en secuestro, seguido de torturas en sede policial y ocultamiento del cuerpo para encubrir los hechos anteriores.

En casos como los de Luciano Arruga y Jonathan “Kiki” Lezcano, la persecución previa de la policía da paso a las detenciones, que se suceden en torturas, homicidio y ocultamiento del cuerpo “blanqueándolo” en el sistema formal de Hospitales, Morgues y Cementerios con la complicidad de toda la estructura estatal de gestión de la muerte.

Si bien puede señalarse a un actor básico como ejecutor, la práctica de la desaparición forzada no es exclusiva de los agentes de policías provinciales o federales, como lo muestra el caso de Sergio Ávalos, donde la detención fue practicada en un sitio de diversión nocturna por su sistema de seguridad, que contaba con 40 integrantes del Ejército que realizaban adicionales.

En otra modalidad típica, como los casos de Daniel Solano y Mario Golemba, la detención arbitraria y la eliminación de las víctimas se realizó por agentes del Estado en combinación con grupos económicos sobre conocidos referentes de organización sindical de base que luchaban contra situaciones de explotación laboral.

Pero quizás el hecho que marca a fuego esta práctica perversa, y que une la continuidad del aparato de poder organizado para reprimir, es la segunda desaparición forzada de Jorge Julio López, porque se trata de un sobreviviente del Genocidio expuesto como testigo en una causa de lesa humanidad que dio inicio al proceso de juzgamiento de los crímenes del Terror de Estado con renovada impunidad. Definen el caso el señalamiento de las organizaciones de DDHH a la propia Policía Bonaerense, el silencio del gobierno Kirchnerista al respecto, pese a la gravedad material y simbólica que presenta, y la apertura de una nueva categoría: el ex detenido desaparecido en dictadura, aparecido y vuelto a desaparecer en democracia.

LA RESISTENCIA:

Hace varios años los pueblos originarios vienen sufriendo la persecución, criminalización, y represión, además  del robo constante de sus tierras por parte de empresarios como Benetton o hasta los de la propia familia del presidente Macri. En todo el territorio, estos crímenes se incrementan cada vez más.

Por eso el ataque del Lof en Resistencia de Cushamen, porque necesitan aleccionar y borrar del mapa a los que luchan y resisten. Por eso la desaparición de Santiago, para intentar ejemplificarnos una vez más, para implantar el terror y el pie de plomo, creyendo que con eso van a dominar la rebeldía de los oprimidos. Rebeldía que los 300.000 compañeros detenidos desaparecidos nos enseñaron con el ejemplo de su lucha, poniéndole el cuerpo a las balas de los milicos asesinos.

Rebeldía  que hoy con este gobierno de cipayos represores continua más vigente que nunca.

 APARICIÓN CON VIDA YA DE SANTIAGO MALDONADO! CON VIDA TE LLEVARON, CON VIDA TE QUERMOS!

 FUERA LA GENDARMERIA DE ESQUEL!

 MACRI, P.BULLRICH Y NOCETI SON RESPONSABLES!!!

 LIBERTAD YA A FACUNDO JONES HUALA!

 ESCLARECIMIENTO DE LA DESAPARICIÓN FORZADA DE TODOS LOS DESAPARECIDOS EN DEMOCRACIA!

BASTA DE REPRIMIR AL PUEBLO!

Por HIJOS LA PLATA

 

 

 

 

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Piden que no se toque Fabricaciones Militares

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La Asamblea por los Derechos Humanos y la Comisión de Vecinos por la Memoria la Verdad y la Justicia, presentaron un pedido de No Innovar (foto) en el predio de ex Fabricaciones Militares y Aceros Ohler, a la justicia “ante el peligro de destrucción del patrimonio arqueológico vital en el esclarecimiento de delitos de lesa humanidad”.
La medida puede afectar las obras del puente Lacarra, ya que alcanza al terreno limitado por avenida Pellegrini, Osorio, pasaje Aguirre y Moreno en Villa Diamante.

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Medios y desapariciones: el recuerdo más oscuro

Distintos casos se vienen repitiendo en el marco de una escalada represiva. Desde la desaparición de mujeres en el marco de luchas contra la violencia de género, hasta casos de gatillo fácil en el marco de una creciente estigmatización de muchos jóvenes. En ellos, el rol de los medios hegemónicos exhibe una peligrosa tendencia a enfocarse en la víctima justificando, directa o indirectamente, al victimario. Desde Araceli Fulles hasta Anahí Benítez o, en otros casos, como el de Nadia Rojas, actualmente desaparecida, donde los medios directamente callan. La desaparición de Santiago Maldonado, que por sus características remite a los tiempos más oscuros, no solo no es la excepción, sino que refuerza aún más la relación entre las desapariciones actuales con las ocurridas durante la dictadura militar. Por Ramiro Giganti, para ANRed.

 

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Desde el “algo habrá hecho” al “se lo buscó”, o el “mirá lo que se puso”, instalados en el “sentido común” que justifican lo injustificable, muchas veces contienen su origen en el abordaje que medios de consumo masivo difunden e instalan. “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria” o “un hippie que se fue al Bolsón”, “una niñera en una fiesta swinger” o “una joven obsesionada por un profesor”.

Los abordajes suelen coincidir en un eje: poner el foco en la víctima. Lo que en determinadas noticias parece una “nota de color” termina salpicando a quien ya fue manchado/a con su propia sangre. De responsabilizar a una chica que fue violada por su forma de ser o vestir, a hacerlo con un hombre por su aspecto “hippie” no hay mucha diferencia. El “algo habrá hecho” ya estaba a la vuelta de la esquina, o directamente a un paso. Con la desaparición de Santiago Maldonado, en el contexto de numerosas represiones a la comunidad mapuche, ignoradas y omitidas por los medios hegemónicos, ese paso ya se dio.

Sobre la construcción de una “otredad negativa”

Numerosos estudios sobre la periodización de una práctica genocida incluyen como primer paso la construcción de un “otro” negativo. Es “otro”, de cumplirse los siguientes pasos, será exterminado. Si bien es cierto que no siempre se cumplen los siguientes pasos, esa construcción de otredad negativa muchas veces oculta las intenciones más oscuras. Durante el holocausto Nazi, hubo diversos “otros negativos”. El más conocido y atacado fue la comunidad judía, pero también lo fueron gitanos y, sobre todo, disidentes políticos.

En la Argentina de los años 60’ y, posteriormente, en los 70’, esa construcción apuntó primero a jóvenes vinculados a movimientos culturales o políticos (desde hippies, hasta militantes de izquierda, obreros o estudiantes) para luego enfocarse en la guerrilla y desde allí, una vez dadas las condiciones, arremeter contra ellos. El saldo fueron 30.000 detenidos desaparecidos (además de muchos de otros asesinados incluso desde antes durante la triple A) y la instalación de un modelo económico que multiplicó el endeudamiento, incrementó el desempleo y empeoró las condiciones laborales, ampliando la brecha entre una minoría enriquecida y una mayoría trabajadora.

Actualmente, desde funcionarios del gobierno y medios hegemónicos (como el diario La Nación) se puso en cuestión la cifra de 30.000 desaparecidos. También, se inició una campaña de “reconciliación” con los actores del pasado genocidio, promoviendo el arresto domiciliario a genocidas y el beneficio del repudiado “2×1”.

A los obreros y estudiantes organizados políticamente, hoy se les suma un “nuevo” sujeto de cambio: las mujeres. Las comillas expresan que en realidad no es “nuevo”, ya que hubo un importante activismo feminista en aquellos tiempos, pero sin las dimensiones y masividad que logra, tanto en Argentina como en otros países del mundo, este novedoso activismo. Y es que a partir de la lucha contra la violencia machista se desenmascaran muchas otras formas de opresión, enquistadas en el “status quo”: desde el acoso laboral, hasta la opresión patriarcal, el conservadurismo en todas sus formas, y los recortes de presupuesto, por ejemplo hacia los centros de atención a las víctimas por violencia machista.

También, sucede que cada vez que una mujer desaparece, el foco en las movilizaciones apunta a sectores de poder, por ejemplo, vinculados a redes de trata, donde más de una vez fue probada su vinculación. Se ha relacionado, en más de un análisis, a las prácticas de las redes de trata con las ejercidas por grupos paramilitares en la desaparición de personas en numerosos casos de terrorismo de estado.

Volviendo a la construcción de “otredades negativas”, en la última semana, además de la repetición sobre el foco en mujeres víctimas de femicidios, reaparecieron viejos “otros” en su presentación negativa: “hippies, indios y guerrilleros”, todos presentados como “amenaza a la patria” o mas directamente como “terroristas”. Desde la delirante caracterización de comunidades mapuches por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, donde se presenta a una peligrosa guerrilla de la que nada se sabía hasta la desaparición de Santiago Maldonado, pero que tiene en peligro a dos países (Argentina y Chile), se vinculó a los Mapuches con la ETA, con guerrillas kurdas, con las FARC y hasta con Inglaterra.

Rara vinculación de los mapuches con Inglaterra, cuando una de las figuras cuestionadas por usurpar tierras en la Patagonia es el Magnate inglés Joseph Lewis, quien fuera defendido públicamente por el presidente Mauricio Macri hace unos meses. La “extranjerización” con connotaciones negativas parece no afectar a empresarios. La idea de patriotismo, con sus elementos fascistas innegables, tiene ese tipo de selecciones. En nombre de la construcción de una nación se realizaron campañas al “Desierto” (curioso nombre para tierras ocupadas por comunidades desde mucho antes de la llegada de europeos).

Ambos genocidios, tanto el de las campañas al desierto exterminando comunidades originarias como el de la pasada dictadura militar, encuentran un actor común que se benefició de ambos: la clase terrateniente, representada actualmente (y desde hace más de un siglo) en la Sociedad Rural Argentina (S.R.A). Dicha organización, cuyos fundadores fueron beneficiados luego de la usurpación de tierras a comunidades originarias en las mencionadas “campañas”, apoyó abiertamente a la dictadura militar de 1976 a 1983. El reciente pronunciamiento de esta organización marca su continuidad, que también nos remite a los recuerdos más oscuros.

Criminalizar a los mapuches

A partir de la desaparición de Santiago Maldonado, tanto desde el gobierno como desde medios de comunicación, se impulsó una burda operación de calumnias. Tras no informar sobre numerosos episodios de represión a las comunidades mapuches, algunos de gravedad, ocurridos en el pasado mes de enero, y tras no informar de la desaparición de Santiago durante los primeros días (donde no sólo se denunció su desaparición sino que se realizó un pedido de habeas corpus), la primer información “relacionada” a estos hechos fue al informar sobre “destrozos en la casa de Chubut”. En dicho episodio se hablaba de “encapuchados violentos” sin precisar datos, y una pintada que decía “aparición de Seba Lechu”. Resulta curioso que esos “encapuchados violentos” ni siquiera sepan el nombre del desaparecido.

Evitando nombrar a Santiago Maldonado, durante el programa “Periodismo Para Todos”, conducido por Jorge Lanata, se disparó contra la comunidad mapuche. Un informe los presenta como “una amenaza que preocupa al gobierno”, con fuentes y entrevistas muy confusas. Luego inserta un hecho policial por un crimen, aún impune, ocurrido en 2012 en el paraje Pilo Lil en Neuquén, donde ocurrió el crimen del policía José Aigo. El testimonio de los familiares del asesinado no muestra la creencia en que su crimen sea de autoría mapuche, de hecho la justicia atribuye la autoría a un grupo en el que identifica a dos ciudadanos chilenos, actualmente prófugos, que no son mapuche, en una causa más bien ligada al narcotráfico. Por la coincidencia entre el apellido del policía (de origen mapuche) asesinado y una comunidad mapuche de Argentina, Lanata mezcla ambos casos e instala al movimiento mapuche por la autoría de un crimen del que nada tiene que ver.

Dicho episodio fue emitido por un programa de consumo masivo que ya viene realizando numerosas operaciones contra sectores vulnerables acusándolos. En este caso, recurrió a criminalizar sectores para, sin mencionarlo, justificar la desaparición de Santiago Maldonado. Porque, “si estaba vinculado con grupos asesinos, claramente algo habrá hecho”. Ni estaba vinculado a grupos asesinos, ni tampoco se sabe de nada que “haya hecho”, pero si así hubiera sido, Santiago Maldonado está desaparecido, fue visto por ultima vez mientras la Gendarmería reprimía. Lanata, no solo omitió esa información, sino que difundió informes de confusa procedencia que no solo desinforman, sino que estigmatizan tanto al pueblo mapuche como a Santiago Maldonado.

No es la primera vez que desde este programa se busca estigmatizar a un sector vulnerable y presentarlo como peligroso. Pocas semanas atrás, emitió un programa que, no solo violó los derechos del niño al exponer a un menor, sino que buscó instalar a menores como sujetos peligrosos.

La nota sobre “el Polaquito”, un pibe que “mantiene aterrorizado al barrio” de Villa Caraza, Lanús, estaba cargada de irregularidades que valieron la denuncia, tanto de la madre del niño, como de diversas organizaciones. No conforme con el daño realizado siguió atacando tanto a organizaciones sociales como a quienes cuestionaron sus prácticas, siempre con el estilo soberbio y burlón que lo caracteriza.

El Cuento del camionero

Mientras es curiosa la omisión o poca intención de los medios hegemónicos de cubrir el tremendo episodio de la desaparición de un joven que fue visto por última vez mientras reprimía la Gendarmería Nacional, más lo es la cantidad de noticias infundadas (por no decir inventadas) que se han publicado con “pistas falsas”. Llama la atención el poco espacio que se le da a los familiares de Santiago, para expresar sus reclamos y una desproporcionada difusión de la “versión oficial” del gobierno, carente de preguntas relacionadas a irregularidades por parte de las instituciones. Desde la “delirante” hipótesis de la ministra Bullrich relacionando a las comunidades mapuches con distintos sectores hasta la publicación y difusión de pistas falsas que sólo logran entorpecer la investigación.

“El cuento del camionero” es una historia repetida. Durante la búsqueda por la desaparición de María Cash, en el año 2011, el diario “La Nación” publicó una noticia donde sostenía que “Un camionero dijo haber visto a María Cash en Santa Fé”. Fue una pista falsa.

En este año, “el cuento del camionero” volvió a hacerse presente mientras Araceli Fulles estaba desaparecida. Allí, “un camionero” dijo haberla trasladado desde Zárate hasta Ceibas, Entre Ríos, y declara que “Araceli planeaba ir a Brasil”. Otra pista falsa. El cuerpo de Araceli fue encontrado muy cerca de donde fue vista por última vez, en el conurbano.

Llama la atención la coincidencia con una noticia publicada, primero en el diario La Nación (el mismo de la pista falsa con María Cash), pero luego difundida tanto por “el gran diario argentino”, como por diversos medios de la misma corporación empresaria, donde “un camionero asegura que trasladó a Santiago Maldonado por rutas de Entre Ríos”. Otra vez un camionero, otra vez Entre Ríos.

No conformes con ésto, desde el canal de noticias TN (grupo Clarín), como otros medios, se difundieron unas supuestas imágenes de Santiago en Entre Ríos. Primero, fue su familia quien desmintió que fuera Santiago.

Pero como si fuera poco, Francisco Maestre, un clown y animador, corroboró que en realidad era él el de las imágenes. Decir que todo esto es una payasada podría tomarse con humor, pero la realidad es que detrás de toda esta información falsa difundida por medios hegemónicos de consumo masivo hay un desaparecido.

Las notas al respecto no cesaron a pesar de ser desmentidas. Incluso aclaraciones, con un fuerte contenido surrealista, donde se asegura que “hay un barrio de Gualeguaychú donde todos se parecen a Santiago”. Incluso, bajo la excusa de éstas “pistas” se realizó un allanamiento del Barrio Ecológico de Gualeguaychú, cuya respuesta fue un comunicado de sus vecinos solidarizándose con Santiago, exigiendo su aparición y una foto de ellos con la imagen de la cara de Santiago.

Estas informaciones falsas también nos remiten al recuerdo más oscuro. Durante la dictadura, ante las primeras denuncias de madres de desaparecidos, las respuestas fueron muy similares: o atacar a las madres por no saber donde estaban sus hijos, o directamente decir que “están en Europa”. Vale también recordar que la segunda desaparición de Julio Lopez también nos remitió a esos tiempos oscuros, incluso con declaraciones como “se fue a la casa de la tía” o similares.

Lo cierto es que Santiago Maldonado está desaparecido. Como también Nadia Rojas, que la semana pasada desapareció por segunda vez. Nadia había sido encontrada luego de 32 días de desesperante búsqueda y se encontraba bajo “protección estatal” cuando volvió a desaparecer, poco tiempo antes de declarar. La escasa presencia de este caso y de indagaciones al Juez Canicoba Corral, vinculado al caso, también son llamativas.

El pasado viernes 11 de agosto, numerosos organismos de Derechos Humanos, junto a los familiares de Santiago ,convocaron a una movilización que, a pesar del clima lluvioso y el accionar de los medios hegemónicos, llenó la Plaza de Mayo exigiendo su aparición con vida. El mismo reclamo que hace cuatro décadas fuera realizado por un grupo de madres que en esos tiempos oscuros fueron calificadas como “las locas de la plaza”.

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“Santiago estaba agarrado de una rama, con el agua hasta las rodillas, y los gendarmes arriba”

La Lof en Resistencia de Cushamen rompió el silencio y le contó a Cítrica los detalles de la represión del 1º de agosto. En la tarde del domingo, mientras la atención nacional estaba puesta en las PASO, llegamos a la Lof en Resistencia de Cushamen. A unos doscientos metros de la tranquera, sobre la ruta 40, un micro y una camioneta de Gendarmería vigilaban. “A la vuelta los van a parar y les van a pedir documentos. Así lo hacen con los que se acercan al territorio”, nos habían advertido antes de salir desde El Bolsón.

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No sabíamos si íbamos a ser recibidos, por más que nos llevaran compañeros, de los tantos comprometidos con la lucha mapuche y que también por estas horas están siendo asediados.

Por seguridad, las lamien (hermanas) y los peñi (hermanos) de la Lof que están cerca del alambrado lindero a la ruta, están encapuchados.

Su lonco, Facundo Jones Huala, está preso ilegalmente por una causa en la que ya fue juzgado. Y lleva 14 días en huelga de hambre.

Santiago Maldonado, un no mapuche que fue apoyarlos, está desaparecido.

En ese contexto, y con tal nivel de violencia represiva, mediática, política y judicial, ¿a quién le puede resultar violento que anden encapuchados? No hacerlo, sería exponerse ante un poder que, a cara de descubierta o no, los seguirá llamando “terroristas” y buscará exterminarlos.

De estas cosas hablamos ni bien nos presentamos y traspasamos la tranquera. Y de Santiago -el Brujo o el Vikingo, como lo conocen allí-, de la represión del 1 de agosto, de las marchas en todo el país, de la importancia de contar con un relato propio sobre lo ocurrido en los últimos días. De que esa voz llegue a personas y medios que los apoyan. De que esa voz, de que esa versión que está faltando, se conozca, se replique. De que ayude, al menos un poco, a enfrentar tanta impunidad y mentira.

Alrededor de un fuego, junto a una casilla de madera que resistió la furia de la Gendarmería porque “había dos peñi con sus niños”, hablamos durante poco más de una hora. Hasta del Bauen hablamos. Porque una lamien había conocido a un cooperativista del hotel y quería saber cuál era la situación, si todavía resistían el desalojo.

En el horizonte, el sol se reflejaba en los picos nevados. Por el campo, un par de chicos jugaba, corrían. Uno, tenía en la mano algo verde: un cartucho.

“No lo tomen a mal. Pero si pueden espérennos en el auto, del otro lado de la tranquera. Vamos a bajar a hablar sobre esto que nos proponen. No estamos haciendo entrevistas, queremos preservarnos. Pero lo consultaremos con otros peñi y nos acercaremos a decirle lo que decidimos”, nos dijo con voz pausada y dulce un señor que podría haber sido nuestro abuelo, al que sólo le veíamos los ojos y que nos despidió con un fuerte apretón de manos.

Unos 45 minutos después, vimos venir caminando a otro peñi. Vestía jeans y un poncho marrón con retazos verdes. Su mano y su voz eran más jóvenes. Ya dentro del auto, prendimos el grabador.

Los mapuches llaman pentukun a una formalidad que realizan cuando llegan a un lugar o reciben a alguien. En su lengua, se presentan saludando, enumerando su nombre, su familia, el lugar de donde vienen, la identidad de su lonco y algunas otras cuestiones importantes de remarcar antes de iniciar la charla. En este caso, “saludar a toda la gente mapuche y no mapuche también. A los amigos a los que pueda llegar esta entrevista”. Lo dijo en mapuche y después lo tradujo.

Decidimos venir hasta acá porque es difícil encontrar información de primera mano y confiable de la situación que están viviendo, de la represión que sufrieron en la Lof y de todo lo que tiene ver con la desaparición de Santiago Maldonado.

En la situación en la cual nos encontramos, más allá del dolor y la bronca que uno puede llegar a sentir como persona y consciente de la militancia que se ha llevado a nuestro compañero Santiago, nosotros no vamos a callar la voz. Este proceso de recuperación se ha fortalecido mucho más de lo que el winka esperaba, de lo que nosotros esperábamos, y a pesar de todo lo que está pasando, la persecución política que están sufriendo los militantes sociales, la prisión política de Facundo, la militarización del territorio acá en la comunidad, hacen que uno tome más que nunca la iniciativa en el proceso en el que nos embarcamos allá en el año 2015, que fue recuperar las tierras productivas que fueron usurpadas. Y en ese camino es donde hoy nos encontramos, en ese camino es que se llevaron a nuestros compañeros, a Santiago, a Facundo que lo tienen preso, en ese camino es que están intentando criminalizar la lucha.

¿Cómo fue la previa a la represión y a la desaparición de Santiago?

Primero hicimos un corte de ruta aquí para denunciar la prisión política de Facundo, las detenciones y violencia que habían sufrido los peñi y las lamien en Bariloche: a las once de la mañana decidimos saltar el alambrado y como forma de comunicación cortar la ruta. Repartimos panfletos, se conversó también con los camioneros de la situación en Bariloche. Recién alrededor de las cinco de la tarde, se hizo presente Gendarmería, con un (camión) Unimog y tres camionetas llenas de efectivos. Se bajan fuertemente armados en el cruce y empiezan a descender para donde nosotros nos encontrábamos. Cuando están a una distancia de cuarenta metros, empiezan a disparar y entonces activamos nuestro grupo de autodefensa.

¿Cómo se defendieron?

Con ondas de revoleo y piedras. Así logramos repeler la agresividad que había mantenido Gendarmería en ese rato. Se van unos kilómetros más atrás y ahí nos leen por altoparlante una orden de desalojo firmada por Otranto y nos dan dos horas para desalojar la ruta.

¿Entonces existió una orden?

La leyeron por altoparlante. Nosotros hasta el día de hoy desconocemos si existió realmente. No sabemos bien qué decía la orden tampoco, no se entendía bien pero decían que era una orden firmada por Otranto. Nosotros volvemos a la ruta. Justo había un periodista de canal 4 que había venido a cubrir el corte, quien se acerca hasta los gendarmes y le solicita la orden de allanamiento, la cual le es negada. El muchacho les insiste que como la orden era de conocimiento público podía hacerle una toma con la cámara y se difundía. Pero no se la mostraron. El periodista volvió, hizo una toma acá, despejamos la ruta y entramos al territorio. Ese día supuestamente quedaba en libertad Facundo y hablamos mucho para ver qué estaba pasando con la gente en Bariloche. Teníamos dos focos importantes y aquí tampoco sabíamos qué iba a pasar.

¿Y qué pasó?

No se acercó nadie, no pasaba ni un auto, porque habían desviado el tránsito allá arriba, en lo que es el cruce a Cholila y Epuyén, y a acá en la subcomisaría de Leleque, por Cholila también.

¿Habían liberado la zona?

Sí, para que no entrara nadie, como pasó en la represión de enero. Despejaron la ruta y quedó tierra de nadie. Alrededor de las cuatro y media de la mañana aparece un contingente muy grande de Gendarmería. Llegamos a contar 21 vehículos. Sacaron un pino que habíamos dejado en la ruta y se apuestan ahí, donde están ahora. Y a las seis y cuarto se acercaron unas camionetas de Gendarmería con las luces apagadas. Nosotros escuchamos los motores desde el sector de guardia y cuando alumbramos, inmediatamente empiezan a disparar. Pensamos en un primer momento que se nos iban a meter así que tomamos posiciones y empezamos a defendernos como antes.

¿Gendarmería disparaba con balas de plomo?

Sí, con nueve milímetros y escopetazos. No es la primera vez que nos ha tocado esto. Y uno con el solo ruido ya se da cuenta. Un escopetazo suena mucho más fuerte, y en cambio la nueve milímetros te silba en la oreja. Nos estaban cazando. Alumbraban para dentro del campo y donde nos veían nos tiraban. Estuvieron así como 15 minutos hasta que se fueron.

El Piltriquitron, imponente y con sus picos nevados minutos atrás, deja de verse por la bruma pero fundamentalmente por la noche que avanza. Las ventanillas se empañan en los bordes y muy cada tanto se escucha la velocidad de un auto. En el cruce se ven las luces del micro donde los gendarmes estarán hablando o mirando sus celulares. Aquella noche, en cambio, eran muchos más y no estaban tan tranquilos.

Aquella noche, estaban preparando la cacería.

¿Cómo fueron los hechos del día siguiente?

Estábamos bastantes desgastados pero volvemos a entrar a la ruta a eso de las once de la mañana, porque hay algo que no se puede callar. Y por más que repriman y esas cosas uno utiliza la forma de difusión que tiene a mano. Y en ese momento era la ruta. Inmediatamente bajó el contingente de unos cien gendarmes y empezaron abrir fuego sin hacer asco a nada.

¿Ahí ustedes se vuelven a replegar y se meten en el territorio?

Primero los enfrentamos. Les tirábamos piedras y le gritábamos que se fueran. Que ellos no tenían nada que hacer acá, porque nosotros estábamos ejerciendo nuestro derecho a la protesta y estábamos denunciando lo que el Estado estaba haciendo con nosotros. Uno trata de convencer igual, pero sabemos que ellos tienen la cabeza lavada lamentablemente. Siguieron tirando. Formaron una línea a lo ancho de la ruta. Los del medio con escopetas y a los costados, dos o tres gendarmes tirando con nueve milímetros. Nos replegamos al territorio. Pensamos que sólo venían a desalojar la ruta y que entonces iba a cesar el fuego. Pero siguieron tiroteando para adentro. Se vinieron para el alambrado. No los dejábamos entrar hasta que nos atraviesan un Unimog acá al costado, se apuestan cinco tiradores atrás y empiezan a tirar.

La voz se entrecorta, se detiene. En la oscuridad empañada del auto sólo se escucha una respiración más fuerte. En silencio, nos aguantamos un llanto que en un rato será inevitable cuando hablemos de Santiago. ¿Dónde carajo lo tendrán?

“Dejemos, seguimos después”. Pero el peñi quiere continuar, consciente de que la verdad, que este relato silenciado, tiene que llegar a más personas: “Empiezan a tirar, tirar, tirar, mientras los otros gendarmes se dispersan por el resto del alambre y comienzan a ingresar por distintas partes. Hasta que el Unimog hace una pantalla acá, rompen el candado de la tranquera, y ahí entran todos corriendo al grito de ‘agarren a uno, agarren a uno’. Y el jefe del operativo gritaba: ‘Tirales, Tirales’”.

Fue mucho peor que la represión de enero.

Sí, fue algo que no se había vivido nunca aquí. Entraron a punta de pistola disparando y disparando. Aguantamos todo lo que pudimos hasta que en un momento hicieron un ingreso todos los efectivos. Y ahí nos corren hasta el río, unos setenta metros. Donde nos tirábamos por diferentes partes, por donde podíamos, porque la lluvia de balas no cesaba. Ahí es donde el compañero Santiago no logra cruzar. Porque mientras nosotros íbamos nadando por el río, la Gendarmería igual nos seguía tirando adentro del agua. Nos tiraban con nueve milímetros, con escopetas y con piedras algunos. No les importaba nuestra vida a la Gendarmería. Ellos vinieron a matar a uno acá. El compañero nadó hasta una parte y al ver que las piedras llovían de arriba y los tiros no cesaban, decidió volverse para la orilla. Y ahí es donde hay otro peñi que lo ve al compañero Santiago agarrado de una rama, con el agua hasta las rodillas y los gendarmes arriba. Y después hay otro peñi más que también ve a tres efectivos de la Gendarmería que están golpeando a alguien que no logra reconocer.

Era Santiago…

Y sí.. Ahí sale el Unimog cargado. Sube hasta el cruce de allá. Y vemos cómo se atraviesa una camioneta blanca junto al Unimog. Varios gendarmes hacen una pantalla para que no se vea lo que están haciendo. Y la camioneta blanca de Gendarmería sale para allá, como rumbo a Esquel. Por eso no hay la menor duda de que se lo llevó la Gendarmería. Que ellos lo tienen y que ellos son los responsables de que el compañero no aparezca. Ellos y todos los medios de comunicación que también han aportado a la difamación no sólo de la comunidad sino también de nuestro proyecto de vida. Porque aquí no es que solo se ve a unas personas tirar piedras y cortar rutas. Sino que aquí hay un proyecto de vida. Como decía Santiago: “Es un gusto estar con los terroristas. Los terroristas de la verdura”, decía y se reía.

¿Por qué de la verdura?

Porque habíamos estado comiendo verdura el día anterior, cuando él llegó. Y le contábamos que estábamos plantando ajos y otras cosas. Él nos había acompañado en otras represiones anteriores. Y esa noche habíamos estado conversando bastante.

Nos contaron que Santiago es alguien de mucha conciencia, y también de muy buen humor.

Sí, el humor no le faltaba al compañero. Igual uno lo conoce poco, y siempre nos vimos en estos contextos de represión, en los que las charlas se tornan más serias. Pero igual uno va viendo la forma de vida que tienen los compañeros, cómo es el compañero, cómo se desarrolla. Y él, por más que estemos hechos de goma, cansados y esas cosas, nos hacía reír bastante. Y esa noche nos había hecho reír.

¿Qué les decía?

Cosas… De hecho esa noche nos dijo que si un día él no estaba, teníamos que decirle LHT. Viste que ahora muchos se ponen nombres con siglas. “¿Y eso qué es?”, le preguntamos. “Las hice todas. Así tienen que decirme”. Y así fue, él compañero las hizo todas. Y si es que la Gendarmería lo mató, murió como un gran luchador social, consciente de la causa nuestra, con sus principios. Y así lo recordamos.

Acá lo conocen como El Brujo, ¿no?

Sí, El Brujo y también El Vikingo le decíamos. El decía que tenía descendencia vikinga, siempre hablaba de eso y que le gustaba mucho el mar, como a los vikingos. De hecho tenía la barba así, y nosotros en joda le decíamos que se la tenía que cortar porque iba a asustar a cualquiera. Ese día también jodíamos que si venía la represión lo mandábamos al Vikingo adelante, que con esa barba asustaba y capaz no nos reprimían tanto. Nos reímos mucho esa noche. Santiago nació en 25 de mayo y aunque no era mapuche era muy consciente de nuestra historia y se ocupó de recuperar también la del lugar donde vivía. Y después anduvo por todos lados, acompañando luchas. También conversamos esa noche de lo sorprendente de la resistencia de los pescadores allá en Chiloé.

¿El estuvo allá?

Sí, estuvo acompañando a los pescadores. Y a uno lo ponía contento conversar de esas cosas, porque cuando conversás con esas personas que andan haciendo cosas, acompañando y poniendo el cuerpo, es como que uno encuentra su par, porque uno también acá está poniendo su cuerpo, su cabeza, su consciencia, y sabe lo que arriesga. Y él también era consciente de eso. Era consciente de que estábamos en una zona en conflicto. No era la primera vez que venía en una represión y siempre decía que estaba orgulloso de la gente y los jóvenes que luchaban.

Por Maxi Goldschmidt. Levantado de Revista Crítica.

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