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Editorial El Roble N° 118, Diciembre: Se acabó el tiempo, que sea “con la cabeza de los dirigentes”

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El gobierno de Macri avanza con decisión con un conjunto de medidas profundamente antiobreras y antipopulares. Buscan aprobar este paquete de leyes que en sus distintas variantes (Reforma Laboral, Jubilatoria, Impositiva, Educativa y Sanitaria) plantean bajar el costo de la mano de obra y combatir el déficit fiscal. En su conjunto, implican un importante retroceso en las condiciones de vida de la clase, hambre para las y los jubilados y avanzar con una lógica de mercado donde la salud y la educación serán para aquellos/as que puedan pagar.

El 29 de noviembre más de 200.000 personas coparon la Plaza Congreso y sus adyacencias para repudiar dichas reformas. Pero el mismo día por la noche el senado aprobó el proyecto de la reforma jubilatoria que baja el porcentaje de aumento de las jubilaciones, pensiones y asignaciones universal por hijo y aumenta la edad jubilatoria hasta incluso los 70 años. Aquí, donde los senadores opositores tenían la oportunidad de poner un freno, vimos como una gran parte de la oposición apoyó esta ley. Es que la situación económica mundial no es ignorada por el conjunto de los partidos patronales. Con sus matices, acuerdan con el plan de los capitalistas a nivel internacional: para cuidar sus ganancias hace falta más mano de obra barata, trabajar más años y crear nuevos nichos para hacer negocios (en este sentido van todas las reformas que impulsan). El gobierno, encabeza esta política y cuenta con el respaldo de los países más importantes del planeta, que bendijeron a Macri dándole la presidencia del G20.

La otra pata de esta política es alinear a la dirigencia sindical de la CGT y a muchos dirigentes sindicales. Estos perros ni ladran ni muerden. El triunvirato se ha mostrado completamente funcional y pasivo, dispuesto a acompañar la Reforma Laboral. La entrega que están haciendo de las y los trabajadores, a estas alturas, es escandalosa. Pero la dirigencia no alineada con la CGT, con Pablo Moyano, Sergio Palazzo y las dos CTA a la cabeza, tampoco prepara seriamente la resistencia. Avanzan en reagruparse, realizando encuentros con otros gremios, pero poco y nada de asambleas, congresos de delegados o algún tipo de espacio que permita la deliberación real de un verdadero plan de lucha. Ni hablar de la posibilidad de un paro de todos estos sectores juntos.

Allá por abril hablábamos del “marzo caliente” por la seguidilla de movilizaciones masivas que hubo ese mes. Ya sobre el cierre del año, podemos hablar de un 2017 que en su totalidad se caracterizó por marchas muy importantes que pusieron de manifiesto la disponibilidad de lucha y la bronca que existe en importantes sectores del pueblo trabajador. Y el oficialismo tomó nota de esto. Por eso profundiza la represión y la persecución judicial. El caso de Rafael Nahuel, el joven mapuche asesinado por la Prefectura, se suma al de  Santiago Maldonado. No son casos aislados ni excesos, sino que es la práctica efectiva de la defensa de la propiedad privada (en este caso de la tierra),  tal como vimos en AGR o en Pepsico. Calcado de los años de la dictadura, se inventa un “enemigo interno” que justifica la represión más despiadada. Por eso, en este contexto, la defensa de las libertades democráticas y la recuperación sindical -hoy en su mayoría dirigida por la burocracia- son dos tareas centrales.

Todavía falta continuidad en las medidas que se toman, hace falta coordinar las acciones por abajo, unificar a los sectores dispuestos a salir a pelear localmente formando coordinadoras entre las fábricas y los barrios, impulsar asambleas en las fábricas, los barrios, las escuelas, oficinas, etc. y desde allí ir generando las condiciones para el paro general. Hay que seguir ganando las calles y organizar la huelga para golpear donde les duele, sus ganancias. La jugada del gobierno es clara, nos están declarando la guerra; y la dirigencia sindical solo se pone a la cabeza de sus propios intereses. En muchos otros momentos de la historia se ha pasado por encima de la dirigencia cuando esta se mostraba demasiado contemplativa con el poder de turno. ¿Qué más tenemos que esperar?

Equipo de El Roble.

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Editorial N° 116 El Roble de Octubre: “¿Después de las elecciones qué?”

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Llegó Octubre y pareciera que el destino de los habitantes del país se define según los resultados en las urnas. El oficialismo, luego de haber quedado bien parado tras las PASO, parece envalentonado e intenta arrasar con todo a su paso. Ataca a sindicalistas de todos los colores, habla de mafias judiciales, mediáticas, gremiales y académicas. A la luz de los hechos, se trasluce que ataca a los jueces que osan en no dictar a su gusto, a los medios que expresan voces medianamente críticas, sindicalistas que no se alinean y contra los científicos del Conicet. Para los pibes y pibas que luchan por la educación y han tomado decenas de colegios contra la reforma educativa, no se ahorraron adjetivos para descalificarlos, con más fuerza cuanto más demostraban los y las estudiantes tener clarísimo por qué se movilizaban.

Ataques mediáticos, represión para laburantes y pueblos originarios, persecución judicial para opositores. A todo hecho mano el gobierno para encausar el descontento y tapar las críticas.

Por el lado de la dirigencia de la “oposición” peronista, en todas sus variantes, hacen la plancha. Cacarean en algunos programas de televisión y mandan a “votar bien” a sus bases que lógicamente se agitan cuando ven que hay más misiadura, falta el trabajo y suben los precios. No se apuesta a la lucha y la movilización. Se deja, en los hechos, todo para la contienda electoral.

Lo que verdaderamente está en juego en estos momentos es cómo y hasta dónde el conjunto de los patrones pueden defender sus ganancias. Presionan sin tregua para que avancen las reformas laborales. La táctica del gobierno en este sentido no será con un gran paquete de leyes como en Brasil, sino dirimir sector por sector, con cada gremio. En lo concreto, esto implica modificaciones en los convenios laborales, mayor flexibilización para contratar (y despedir), reformar la justicia laboral para que tampoco podamos hacer juicio e incluso la reforma educativa, que plantea que los estudiantes tengan que trabajar gratis en su último año de estudio (disfrazándolo de “capacitación”). La burocracia sindical tiene un papel clave en permitir toda esta entrega, pero esto ya no es novedad.

A las intenciones de la clase capitalista sólo se opone la resistencia que podamos desarrollar los trabajadores y trabajadoras en las calles, organizados y luchando. No hay otra salida. No hay margen para otra cosa. No estamos en contra de votar por alguna opción no patronal. Pero hacer visibles todas las violencias contra las mujeres, que siga activa y en agenda la búsqueda con vida de Santiago Maldonado, la lucha contra los despidos, el freno parcial a las intenciones de vaciar el ferrocarril, no podrían tener curso sin la movilización de grandes sectores. No es cuestión de buenos o malos políticos, es la lógica de una sociedad dividida en clases, donde unos viven del trabajo que hacen otros. El Estado, que puede cambiar su maquillaje según haya o no torta que repartir, está para garantizar la ganancia de los empresarios. Así se explica la agudización de hechos represivos, en donde el macrismo hace uso y profundiza herramientas que le fueron heredadas. Porque desde luego, estos planes contra la clase trabajadora generarán más descontento y el gobierno sabe que no pasan sin represión.

Por eso, repetiremos hasta el hartazgo, no hay más remedio que la unidad de los sectores democráticos y combativos del movimiento obrero que, junto a otros sectores en lucha, pueda movilizar a las masas obreras y populares en defensa de los intereses que nos unifican como clase.

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Equipo de El Roble.

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El Roble Nº 111, Mayo: “Ante el contragolpe del gobierno, avanzar en la unidad de la clase trabajadora”

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El contundente paro general del 6 de abril, arrancado por las bases a la conducción de la CGT, marcó un punto de inflexión en la coyuntura política del país. Se llegó a esa medida de fuerza luego de un marzo de tremenda movilización popular, con un fuerte protagonismo de la clase.

Vale la pena repasar rápidamente marzo, porque en pocos países del mundo se expresa hoy con tanta fuerza en las calles la resistencia al ajuste neoliberal. A pesar de que los voceros del poder económico y político, los operadores mediáticos, desprecian y ningunean nuestra capacidad de lucha, intentan que se desdibuje y se nos olvide rápido.

El 6, las y los docentes marcharon masivamente a Plaza de Mayo. El 7 la CGT convocó a un acto que se les fue de las manos, sus propias bases reclamaron el paro, pero fue sólo un puñado los que llegaron a estar frente al palco, con casi medio millón de personas en las calles. Inmediatamente, otra extraordinaria movilización: el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El 13 reclamaron los movimientos sociales en dos grandes frentes, “papales” y clasistas. Mientras, la lucha docente continuaba con paros, antorchas y el 22 la multitudinaria Marcha Federal Educativa. Sólo dos días después, enormes columnas en todo el país en un nuevo aniversario del golpe genocida cívico-eclesiástico-militar de 1976. Finalmente Hugo Yasky y Pablo Micheli en nombre de sus respectivas CTA convocaron a movilizar el 30, y ahí el primero señaló que se trató de un marzo histórico, lo que es cierto, más allá de quién lo haya dicho.

Si marzo fue el mes de la bronca popular y la resistencia obrera, abril fue el mes de la respuesta gubernamental, a cara de perro y con dientes apretados. Se acabó el versito del “diálogo”, aunque de a ratos lo revivan con fines marketineros. Ahora el macrismo se relanza sobre la fascistoide convocatoria del 1° de abril, que mostró a cara descubierta el rostro de la derecha vernácula, reaccionario, xenófobo.

Más recalcitrante en su odio al pobre, al inmigrante, más antipopular que pro-oficialista, más pequeña que todas las anteriores. Así fue el #1A, pero con eso le alcanza a un gobierno que pasó febrero y marzo a la defensiva. El macrismo se aferra ahora a esa “minoría intensa”, cómo le dicen los politólogos a la moda, para el contragolpe contra el pueblo y la clase trabajadora. Pisa todos los aceleradores a la vez, el de la represión, el de la flexibilización, el de la criminalización. Se subordina incondicionalmente al imperialismo, le compra armas a Estados Unidos, mientra ataca a Venezuela, mientras se olvida de Malvinas, mientras le brinda concesiones a todas las expresiones del capital concentrado. Avanza contra el INCAA para que Clarín deje de pagar un impuesto y le regala diez años de plazo a las grandes agroexportadores para rendir cuentas impositivas. La usina mediática opera y festeja.

¿Cuál es el margen que tiene el gobierno? Sólo para hacer “gradualismo”, como llaman ellos al ajuste un poco menos salvaje, hasta las elecciones. La crisis nacional e internacional recrudece. A pesar de los davositos, el pronóstico no anuncia lluvia de capitales. No hay retorno posible a los 90, porque la globalización viene de capa caída junto con la tasa de ganancia, y el menemismo se consolidó en un mundo que ya no existe hace quince años. Por eso no hay plan B ni inversiones ni muñeca política. Sólo el intento de recomponer como sea la ganancia patronal, bajando salarios de forma directa e indirecta, pisando primero y eliminando después las paritarias, y endeudando al Estado para asfixiarlo y reprivatizar lo poco que se des-privatizó.

Estos no son los 90. El país al que quiere llegar el macrismo es peor, una tierra arrasada sin industria ni derechos, con pedazos atados a lo Frankenstein de servicios internacionalizados como los call centers de India y el turismo aventura de Australia, exportador de materias primas con equipamiento de alta tecnología y servidumbre del siglo XIX tal como la tuvieron en sus estancias los bisabuelos y tatarabuelos de los jerarcas actuales de la Sociedad Rural.

Pero nosotras y nosotros tampoco somos los mismos. Dividido por décadas de fragmentación, bombardeado con propaganda consumista y reaccionaria, nuestro pueblo tiene una larga historia de lucha que, marzo demostró, continúa vigente. Y ahí es donde tiene un lugar protagónico nuestra clase. Como venimos proponiendo desde El Roble, nuestra tarea hoy como trabajadoras y trabajadores es aportar cada uno desde nuestro lugar, para avanzar en la unidad y la organización del movimiento combativo de trabajadores para enfrentar este plan siniestro de ajuste, saqueo y represión.

Equipo de El Roble.

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El Roble N° 110, Abril: “Con esto sólo no va a alcanzar…”

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Al cierre de esta edición suenan todavía los ecos del primer paro general de la era Cambiemos. En principio hay que decir que fue un paro que se le impuso a la conducción entreguista de la CGT, luego del copamiento del palco el pasado 7 de marzo en la marcha que ellos mismos convocaran al Ministerio de Industria. Allí el triunviro se negó a ponerle fecha al paro y pagó el costo político. Días más tarde tuvieron que oficializar el anuncio, como forma de intentar contener la bronca en aumento.

El paro del 6 de abril es un hecho político más en la saga de masivas movilizaciones que tuvieron a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras como protagonistas. La enorme marcha docente el 6 de marzo, el mencionado 7 y el contundente paro de mujeres el 8, significaron cada uno en sí mismo un síntoma de la incipiente reacción obrera y popular ante las políticas del gobierno. Se suman las marchas docentes a La Plata y la marcha Federal del 22, que demostraron la voluntad de lucha de los trabajadores y trabajadoras de la educación para defender su salario. Luego el 24 de marzo a 41 años del golpe cívico militar, que también fue una jornada masiva y que repudió el embate oficialista que intentó reflotar la teoría de los dos demonios y cuestionar el número de desaparecidos y desaparecidas.

Buena parte del pulso político de estas movilizaciones de masas estuvo marcado por la lucha docente. Altos niveles de acatamiento en cada jornada de paro, pero también de movilización en la provincia de Buenos Aires, en cada distrito, intentando involucrar a toda la comunidad, a los estudiantes y sus familias, fue un acierto empujado sobre todo por la oposición multicolor. Convenientemente el gobierno de Vidal puso al secretario general del SUTEBA, Roberto Baradel, como blanco de sus ataques. La gobernadora sabe que la actual conducción es más moderada que el sector clasista y que es más sencillo imponerle condiciones. Y, consecuentemente, la política de la conducción del gremio no apuntó a organizar a los miles de docentes que se involucraron en la lucha. Ni siquiera llamando al paro por tiempo indeterminado cuando, luego de varias reuniones paritarias, el gobierno no superara la ridícula oferta del 19% y $500 en negro. La importancia de esta lucha radica en que la paritaria docente significa de hecho una referencia para las paritarias de los otros sectores. Aún no se han cerrado otras paritarias importantes del sector industrial como la de metalúrgicos, neumático o aceiteros, lo que indica que la conflictividad por salario va a continuar.

Párrafo aparte merece el aumento represivo. Si bien no han largado represiones para estos movimientos de masas, la razzia luego de la movilización de mujeres con una docena de detenidas, la disrupción muy violenta en un comedor infantil en Lanús, las detenciones arbitrarias en las barriadas pobres y lugares públicos contra la juventud, policías sin identificación, infiltraciones en asambleas docentes y la aplicación del protocolo anti piquete durante el paro general, son gestos concretos de profundización de la política represiva. Hay que sumar la corriente de opinión favorable en este sentido que imparten los grandes medios. Todo esto apunta a que se naturalice una cotidianeidad militarizada y donde no asombre todo tipo de atropellos por parte de las fuerzas represivas. Es justo decir también que unas fuerzas de “seguridad” armadas hasta los dientes forma parte de la herencia recibida del gobierno anterior, que parece no ser tan “pesada” para Cambiemos. El gobierno sabe que sus planes de ajuste no pasarán sin represión y para eso se preparan.

Frente a la crisis de representación de la burocracia sindical, su compromiso con la entrega de condiciones de trabajo y las políticas anti obreras de los gobiernos nacional y provinciales, se impone la necesidad de la coordinación y de gestar un polo de referencia para todos los sectores que salen a luchar. La bronca seguirá en aumento y se expresará como quedó demostrado en marzo. Que esa bronca encuentre canales de organización es el desafío central que tiene el movimiento combativo de trabajadores y sus organizaciones para los meses venideros.

Equipo de El Roble.

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