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Editorial de El Roble edición digital por Cuarentena – Abril 2020. Pandemia y crisis humanitaria: La respuesta no es con más milicos

tapa cuaren

¿Se acuerdan cuando era normal escuchar decir “¡2019 qué año de mierda, cuándo se termina!”? Finalmente terminó, llegó el 2020 ya sin macrismo pero con una dificilísima situación económica a nivel mundial y ahora además con una pandemia que mantiene en en cuarentena a una enorme porción de la población del planeta. Nuevamente una crisis humanitaria que pone en evidencia lo inviable que se puede tornar la vida bajo el capitalismo.

Sobre llovido mojado

La crisis sanitaria que produjo el brote de coronavirus no es un relámpago en cielo sereno. Por el contrario, es un elemento más que profundiza la crisis económica, política y social que, aquí y allá, viene convulsionando la situación mundial. La guerra comercial entre EEUU y China, gobiernos abiertamente derechistas que -vía parlamentaria o con golpes de Estado como en Bolivia- intentan implementar políticas racistas, misóginas y sanguinarias para la clase obrera que por supuesto responde con lo que puede, la crisis migratoria generada por la guerra en Siria y el norte de África que mueve enormes contingentes de personas hacia Europa y dejando un tendaderal de muerte en las aguas del Mediterráneo, los chalecos amarillos en Francia contra el gobierno y la reforma laboral, las revueltas en distintos puntos en Latinoamérica como Ecuador o Chile, las movilizaciones en Bolivia contra la destitución de Evo Morales por parte de los militares, el movimiento feminista que sigue movilizado, la juventud reaccionando en defensa de la ecología, sólo por enumerar lo más saliente.
Es en este escenario que la pandemia llega a profundizar y mostrar con más crudeza la desigualdad social que genera la ambición capitalista. Pero a su vez, se expande debido a condiciones preexistentes que el mismo capitalismo genera, como sistemas de salud completamente endebles, cientos de miles que no pueden acceder a una cobertura sanitaria adecuada, o ni siquiera a condiciones medianamente dignas de vida (vivienda, servicios esenciales, agua potable, etc.). Ocurre entonces que para trabajadores y trabajadoras la crisis sanitaria abierta por el COVID-19 es muchísimo más trágica. Quienes viven de un salario, quienes changuean, lxs cuentapropistas, quienes ya luchaban por llegar a fin de mes, ven ahora empeorada su situación de manera exponencial. Ya sea por ver en peligro la propia subsistencia si cumplen con el aislamiento, ya sea porque se ven obligadxs a exponerse al contagio por tener que trabajar o, simplemente, porque las condiciones habitacionales no permiten el confinamiento.

La respuesta no es con más milicos

Si bien en distintos países se ensayaron estrategias distintas para enfrentar la pandemia, ya sea con cuarentenas obligatorias, sugeridas o aislando a la población en riesgo, el común denominador es el recrudecimiento de las medidas de control social.
En nuestro país, se tomó el camino de la cuarentena obligatoria que hasta ahora se está perfilando como la medida más eficaz en el corto plazo para detener la circulación del virus y el contagio. Pero al mismo tiempo, como manera de garantizar la medida, el presidente Fernández habilitó a que todas las fuerzas patrullen las calles y barrios exigiendo a la población demostrar tener las autorizaciones del caso para poder circular. Como era de esperar, sobre todo en las barriadas populares, esto redunda en la suba exponencial de las detenciones arbitrarias, el “verdugueo” a lxs pibes y hasta balas de goma. Por supuesto que repudiamos el accionar policial y los abusos de autoridad pero, sobre todo, advertimos enfáticamente sobre la aceptación que puede generar esta presencia de las fuerzas represivas controlando aún más a la población. El pánico y angustia que genera la situación, alimentada por los medios y redes sociales con información basura muchas veces, puede fácilmente hacer ver con buenos ojos este control policíaco. O directamente alimentar el “alma de buche” que anida en muchas personas que siguen pensando que la policía está para cuidarnos.
Por el contrario, no será con represión que se saldrá de esta durísima situación, ni buchoneando a lxs vecinxs, que la más de las veces son compañeros y compañeras laburantes que tienen que arriesgarse porque no les queda otra. De esta crisis saldremos, como de toda la miseria que genera el capitalismo, practicando la solidaridad que conocemos entre laburantes, tendiendo una mano al compañerx y apostando a la organización en todos los niveles.
Por eso, es tramposa la formulación mediática del “salimos entre todos”: serán los trabajadores y trabajadoras de la salud, de la industria alimenticia y farmacológica, de la recolección de residuos y otros servicios fundamentales quienes saquemos adelante esta situación. Pero para no salir en peores condiciones que las que teníamos antes de la pandemia, es una necesidad urgente la lucha por garantizar las condiciones de higiene para realizar tareas esenciales, para que toda producción no fundamental se detenga por completo garantizando salarios sin descuentos ni despidos, por un sistema de salud público, gratuito, centralizado y de acceso universal, por el testeo a quienes tengan síntomas y la facilitación de un lugar para hacer el aislamiento y tratamiento correspondiente, por impuestos a las grandes fortunas y nacionalización de la banca como forma de hacerse de recursos en forma inmediata, por el fin de las detenciones arbitrarias, las torturas y vejaciones policiales. Esta lucha, que se torna en una lucha en defensa de nuestras propias vidas, no es solo contra un virus, debe ser contra toda una forma de organizar la vida bajo la lógica del capital, debe ser por una vida que merezca ser vivida. Así como está en nuestras manos superar esta crisis sanitaria, está también la posibilidad (y la necesidad) de una transformación radical que tumbe de una vez y para siempre al capitalismo y toda su miseria.

Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble N° 132 – Junio: “Pacto social” y “10 puntos de consenso”: las fórmulas contra la clase obrera

Hasta hace pocas semanas nos quedaba una sensación de rareza: nos bombardean con campaña electoral por todos lados pero sin candidatos de carne y hueso. Esta situación dio un vuelco cuando en la mañana del sábado 18 de mayo Cristina Fernandez de Kirchner anunció por redes sociales que iría como vicepresidenta de Alberto Fernández. Lanzada así la fórmula “F-F” (la única ya definida junto a la del FIT), el kirchnerismo tomó la delantera en iniciativa política y obligó a todo de los partidos patronales a rever la siguiente jugada.

Distintos caminos, el mismo fin
Pero desde El Roble no nos interesa tanto meternos en los aspectos de la politiquería mediática, las idas, vueltas y “panquequeadas” de los posibles candidatos, sino más bien analizar el marco político económico en el que se cocina la contienda electoral de octubre.
En ese sentido, podemos decir que la hoja de ruta del ajuste en curso tiene dos fórmulas. Por un lado, los “10 puntos” impulsados desde el gobierno de Macri como forma de alcanzar acuerdos estratégicos que puedan permanecer más allá de los resultados electorales que incluyen garantizar la reforma laboral y previsional, más ajuste y tarifazos. Todo a pedido del FMI y los grandes capitales. Haciendo como que abren el juego a los demás espacios políticos pretenden ajustar el timón en la dirección ya planteada en estos años de gestión de Cambiemos. Por el otro lado, se plantea una reedición del “pacto social” como la fórmula para alcanzar acuerdos entre distintos sectores sociales, fundamentalmente empresas y sindicatos, y así contrarrestar la crisis económica. En los hechos, esto es darle impulso al mercado interno y a la producción fabril al precio de garantizar a las empresas las condiciones para su rentabilidad. Es decir, necesariamente ir por la reforma laboral, mantener bajos salarios. Y desde luego, pagar la deuda pero intentando renegociar los acuerdos con el FMI. Por si hiciera falta aclararlo, al conjunto de trabajadores y trabajadoras nos toca bajar la cabeza y resignarnos porque -ahora sí- se carga con la “pesada herencia”.
Saliendo de la tontería analítica que supone el “son lo mismo”, pues a las claras no lo son, hay que decir que ambos planes suponen la retracción de las condiciones laborales y bancar que continúe el ajuste. Es que la clase capitalista tiene un completo acuerdo en cuáles son las medidas que tienen que imponerse para que se reimpulsen sus ganancias. Acuerdan con que el proyecto Cambiemos se hunde en el total fracaso (aunque exitoso desde el punto de vista de achicar el costo laboral: al momento de asumir el salario promedio era de 600 dólares, actualmente esa cifra bajó a unos 270 dólares) y buscan un reemplazo que garantice paz social y que sea capaz de hacer pasar el plan de económico.

Perro que ladra…
Frente al deterioro de las condiciones de vida y de la economía en general, las principales conducciones sindicales apuestan a ser la pata que encabece los reclamos en las calles. El 30 de abril el sector conducido por Moyano, opositor a las cúpulas de la CGT lanzaron un paro que además de alto nivel de adhesión fue acompañado por una gran movilización. Casi un mes más tarde, en la misma fecha que se cumplieran los 50 años del Cordobazo, la CGT no tuvo más remedio que decretar el paro general, también de gran contundencia, aunque esta vez solo movilizaron los sectores clasistas y el 21F de Moyano con piquetes y ollas populares en todo el país. Más allá de las diversas disputas al interior de la burocracia sindical, las dos fechas expresaron lo evidente: que existe un gran descontento social, que hay predisposición a la lucha, que la bronca crece y que por estos motivos las burocracias se vieron forzadas a llamar a estas medidas. Aunque sin embargo, al no ir acompañados los paros con planes de lucha gestados desde las bases, solo sirven en los hechos para descomprimir. Esto también hay que decirlo, las conducciones peronistas, en todas sus variantes, han sido sumamente exitosas desde el 2018 cuando tomaron las riendas de la movilización y ladraron para después no ir a fondo en la lucha para terminar con la política de Cambiemos. Lograron llevar toda el agua para el molino electoral y esperar a morder… en las urnas.

Salir a la calles como respuesta a todo
Pase lo que pase en octubre, el conjunto de la clase obrera y el conjunto de lxs oprimidxs no tendrá otro camino que salir a las calles. No puede haber pactos sociales con nuestros explotadores. Tal como nos viene enseñando el movimiento de mujeres, no hay más camino que la asamblea y la movilización masiva para conquistar nuestros derechos, defendernos contra los despidos y los planes de hambre. Como decíamos más arriba, las condiciones de la economía no dan margen para otra cosa más que para ajuste. Por eso, de lo que se trata es de reunir las fuerzas, no para cambiar de jugadores, sino para patear el tablero.

Equipo de El Roble.

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El Roble N° 131 – Mayo: “El ajuste avanza, nuestra lucha también”

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La crisis económica y social que reina en el país no es una noticia novedosa. Y las resistencias obreras a esta crisis tampoco.

Durante el último mes, varias empresas continuaron despidiendo laburantes y amenazando a sus trabajadores con la implementación de preventivos de crisis. En este marco, los conflictos más resonantes fueron los despidos de Dánica y el Frigorífico Rioplatense, que se suman a varios conflictos que ya vienen dando pelea como el de los laburantes de Clarín o Electrolux. La crisis está, se ve, se palpa, y como clase, la sufrimos.

Más allá del apuro de las cámaras empresariales, el ajuste llevado adelante por el gobierno macrista y los gobernadores parece ir logrando sus objetivos: en tanto que mejora la ganancia empresarial, se van encarrilando lentamente los desequilibrios fiscales y externos. No obstante, estos beneficios para la burguesía llevan sus costos para la clase trabajadora, ya que día a día suben continuamente los precios y empeoran nuestras condiciones de vida.

Como era de esperarse, con este empeoramiento de las condiciones de vida también empeoró el humor social, lo que le empezó a dar al gobierno grandes dolores de cabeza, ya que salieron algunas encuestas que plantean que Macri perdería en una hipotética segunda vuelta. Frente a esto, la burguesía propone o un “plan V” –postulando a Vidal en lugar de Macri- o un candidato de “consenso” como puede ser Lavagna. Quizás no está claro todavía quién será el “bendecido” por los patrones, pero sí está claro su plan: continuar con el ajuste.

Con la mirada puesta en octubre y con su imagen en caída, el macrismo lanzó una batería de medidas para tratar de amortiguar un poco el ajuste que lleva adelante, interviniendo en la economía y haciendo “kirchnerismo amarillo”. No obstante, es más que claro que estas políticas son solamente parches y cosméticos para una realidad que día a día golpea cada vez más fuerte los bolsillos de las grandes mayorías.

En medio de todo este malestar, el FRESIMONA (frente sindical encabezado por Moyano) lanzó un paro general, el cual si bien tuvo fuerte acatamiento y repercusión, no llegó a golpear completamente por la falta de adhesión de la mayoría de los gremios del transporte. Sin embargo, la movilización popular que se dio en el marco de este paro fue enorme, lo que volvió a ratificar el malestar social.

De cara a octubre, cada día que pasa complica aún más al gobierno. Al mal humor social también se le suma el ascenso de las figuras de la oposición que ensombrecen cada vez más las chances de reelección del gobierno actual, lo que aporta al aumento del riesgo país y pone un manto de dudas sobre el financiamiento externo del macrismo y los acuerdos de precio que pactó con los grandes empresarios alimenticios.

En medio de esta crisis, la clase trabajadora sigue siendo el único destinatario del ajuste, y, a la vez, la única capaz de torcerle el brazo al plan de la burguesía. En este sentido, más allá de los consejos de quienes se peinan para salir en la foto de las elecciones, como clase debemos organizarnos para enfrentar el ajuste en marcha, entendiendo que poco importa el resultado de octubre, ya que si no logramos un gobierno de los trabajadores, seguiremos siendo, como siempre, la variable de ajuste del sistema capitalista.

Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble N° 126 – Octubre: “Una realidad que avanza en sus contradicciones”

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Macri está en su peor momento político. Eso es un hecho innegable. A su vez, Macri todavía tiene la capacidad política de hacer pasar uno de los peores ajustes que se registran en los últimos 50 años. Eso también es un hecho innegable. Y así de contradictoria es la realidad.

Este ajuste en la economía local se enmarca en una guerra comercial en el ámbito internacional, la cual es protagonizada por China y Estados Unidos. En medio de esta contradicción, tanto Trump como el FMI dan su abierto apoya al gobierno argentino, en nombre del antipopulismo.  

Al cierre de esta edición, luego de la dura corrida bancaria, el tipo de cambio parece haber encontrado una calma momentánea. Sin embargo, Luis Caputo, quien era presidente del Banco Central, curiosamente terminó renunciando y asumió en su lugar Guido Sandleris, quien introdujo la novedad de no intervenir a menos que el dólarmacri  supere los 45 pesos baje de 35.

A su vez, dentro del movimiento obrero organizado las contradicciones no paran de salir a la luz. De un lado, la clase obrera no para de demostrar su malestar, ya que por la carestía de los productos cada vez cuesta más llegar a fin de mes. Por otro lado, las cúpulas burocráticas llamaron a un paro dominguero de cara a sus bases, pero obviamente sin movilización ni plan de lucha. De esta forma contradictoria, se intenta desmovilizar a la clase trabajadora.

A la par de todo esto, hacia dentro de la misma burocracia también se expresan contradicciones, ya que con miras al 2019 se van perfilando dos frentes sindicales: de un lado un conjunto de organizaciones con un perfil más dialoguistas, y del otro lado un grupo de sindicatos con un perfil un tanto más combativo, cercanos al peronismo.

Frente al ajuste en marcha, la clase trabajadora continúa su resistencia, que se expresa de distintas formas. En ocasiones, esta resistencia se expresa de forma activa, con conflictos laborales y grandes movilizaciones, que aunque aisladas y sectorizadas, tales como el paro general del 25/09, que van metiendo presión sobre el gobierno y de una u otra manera plantean cierta dificultad en su gobernabilidad. A su vez, y quizás más preocupante para el Macrismo, crece una resistencia por abajo, que se expresa en un malestar cada vez más generalizado, y que lentamente va poniendo un manto de dudas sobre la reelección de Mauricio Macri. No obstante, todavía estas resistencias no ponen en jaque al gobierno, que con un poco de asistencialismo y con bastante de represión mantienen firme la dirección regresiva de sus políticas.

En esta realidad más que agitada, pasaron de largo –y siguen vigentes- los distintos conflictos docentes, las nuevas retenciones nominales sobre la exportación, el reacomodamiento ministerial, y el enorme conflicto alrededor del astillero Río Santiago.

En este panorama, los trabajadores debemos enfrentar en unidad el ajuste en curso, entendiendo que todos los gobiernos de las patronales –sea el gobierno de Macri, de Massa, o del kirchnerismo- solo tienen para nosotros más ajuste y represión. Es por esto que tenemos que pensar en una salida propia de nuestra clase, una salida revolucionaria… es decir, en una salida socialista.

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Equipo de El Roble.

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