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El Roble Nº 111, Mayo: “Ante el contragolpe del gobierno, avanzar en la unidad de la clase trabajadora”

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El contundente paro general del 6 de abril, arrancado por las bases a la conducción de la CGT, marcó un punto de inflexión en la coyuntura política del país. Se llegó a esa medida de fuerza luego de un marzo de tremenda movilización popular, con un fuerte protagonismo de la clase.

Vale la pena repasar rápidamente marzo, porque en pocos países del mundo se expresa hoy con tanta fuerza en las calles la resistencia al ajuste neoliberal. A pesar de que los voceros del poder económico y político, los operadores mediáticos, desprecian y ningunean nuestra capacidad de lucha, intentan que se desdibuje y se nos olvide rápido.

El 6, las y los docentes marcharon masivamente a Plaza de Mayo. El 7 la CGT convocó a un acto que se les fue de las manos, sus propias bases reclamaron el paro, pero fue sólo un puñado los que llegaron a estar frente al palco, con casi medio millón de personas en las calles. Inmediatamente, otra extraordinaria movilización: el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El 13 reclamaron los movimientos sociales en dos grandes frentes, “papales” y clasistas. Mientras, la lucha docente continuaba con paros, antorchas y el 22 la multitudinaria Marcha Federal Educativa. Sólo dos días después, enormes columnas en todo el país en un nuevo aniversario del golpe genocida cívico-eclesiástico-militar de 1976. Finalmente Hugo Yasky y Pablo Micheli en nombre de sus respectivas CTA convocaron a movilizar el 30, y ahí el primero señaló que se trató de un marzo histórico, lo que es cierto, más allá de quién lo haya dicho.

Si marzo fue el mes de la bronca popular y la resistencia obrera, abril fue el mes de la respuesta gubernamental, a cara de perro y con dientes apretados. Se acabó el versito del “diálogo”, aunque de a ratos lo revivan con fines marketineros. Ahora el macrismo se relanza sobre la fascistoide convocatoria del 1° de abril, que mostró a cara descubierta el rostro de la derecha vernácula, reaccionario, xenófobo.

Más recalcitrante en su odio al pobre, al inmigrante, más antipopular que pro-oficialista, más pequeña que todas las anteriores. Así fue el #1A, pero con eso le alcanza a un gobierno que pasó febrero y marzo a la defensiva. El macrismo se aferra ahora a esa “minoría intensa”, cómo le dicen los politólogos a la moda, para el contragolpe contra el pueblo y la clase trabajadora. Pisa todos los aceleradores a la vez, el de la represión, el de la flexibilización, el de la criminalización. Se subordina incondicionalmente al imperialismo, le compra armas a Estados Unidos, mientra ataca a Venezuela, mientras se olvida de Malvinas, mientras le brinda concesiones a todas las expresiones del capital concentrado. Avanza contra el INCAA para que Clarín deje de pagar un impuesto y le regala diez años de plazo a las grandes agroexportadores para rendir cuentas impositivas. La usina mediática opera y festeja.

¿Cuál es el margen que tiene el gobierno? Sólo para hacer “gradualismo”, como llaman ellos al ajuste un poco menos salvaje, hasta las elecciones. La crisis nacional e internacional recrudece. A pesar de los davositos, el pronóstico no anuncia lluvia de capitales. No hay retorno posible a los 90, porque la globalización viene de capa caída junto con la tasa de ganancia, y el menemismo se consolidó en un mundo que ya no existe hace quince años. Por eso no hay plan B ni inversiones ni muñeca política. Sólo el intento de recomponer como sea la ganancia patronal, bajando salarios de forma directa e indirecta, pisando primero y eliminando después las paritarias, y endeudando al Estado para asfixiarlo y reprivatizar lo poco que se des-privatizó.

Estos no son los 90. El país al que quiere llegar el macrismo es peor, una tierra arrasada sin industria ni derechos, con pedazos atados a lo Frankenstein de servicios internacionalizados como los call centers de India y el turismo aventura de Australia, exportador de materias primas con equipamiento de alta tecnología y servidumbre del siglo XIX tal como la tuvieron en sus estancias los bisabuelos y tatarabuelos de los jerarcas actuales de la Sociedad Rural.

Pero nosotras y nosotros tampoco somos los mismos. Dividido por décadas de fragmentación, bombardeado con propaganda consumista y reaccionaria, nuestro pueblo tiene una larga historia de lucha que, marzo demostró, continúa vigente. Y ahí es donde tiene un lugar protagónico nuestra clase. Como venimos proponiendo desde El Roble, nuestra tarea hoy como trabajadoras y trabajadores es aportar cada uno desde nuestro lugar, para avanzar en la unidad y la organización del movimiento combativo de trabajadores para enfrentar este plan siniestro de ajuste, saqueo y represión.

Equipo de El Roble.

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El Roble N° 110, Abril: “Con esto sólo no va a alcanzar…”

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Al cierre de esta edición suenan todavía los ecos del primer paro general de la era Cambiemos. En principio hay que decir que fue un paro que se le impuso a la conducción entreguista de la CGT, luego del copamiento del palco el pasado 7 de marzo en la marcha que ellos mismos convocaran al Ministerio de Industria. Allí el triunviro se negó a ponerle fecha al paro y pagó el costo político. Días más tarde tuvieron que oficializar el anuncio, como forma de intentar contener la bronca en aumento.

El paro del 6 de abril es un hecho político más en la saga de masivas movilizaciones que tuvieron a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras como protagonistas. La enorme marcha docente el 6 de marzo, el mencionado 7 y el contundente paro de mujeres el 8, significaron cada uno en sí mismo un síntoma de la incipiente reacción obrera y popular ante las políticas del gobierno. Se suman las marchas docentes a La Plata y la marcha Federal del 22, que demostraron la voluntad de lucha de los trabajadores y trabajadoras de la educación para defender su salario. Luego el 24 de marzo a 41 años del golpe cívico militar, que también fue una jornada masiva y que repudió el embate oficialista que intentó reflotar la teoría de los dos demonios y cuestionar el número de desaparecidos y desaparecidas.

Buena parte del pulso político de estas movilizaciones de masas estuvo marcado por la lucha docente. Altos niveles de acatamiento en cada jornada de paro, pero también de movilización en la provincia de Buenos Aires, en cada distrito, intentando involucrar a toda la comunidad, a los estudiantes y sus familias, fue un acierto empujado sobre todo por la oposición multicolor. Convenientemente el gobierno de Vidal puso al secretario general del SUTEBA, Roberto Baradel, como blanco de sus ataques. La gobernadora sabe que la actual conducción es más moderada que el sector clasista y que es más sencillo imponerle condiciones. Y, consecuentemente, la política de la conducción del gremio no apuntó a organizar a los miles de docentes que se involucraron en la lucha. Ni siquiera llamando al paro por tiempo indeterminado cuando, luego de varias reuniones paritarias, el gobierno no superara la ridícula oferta del 19% y $500 en negro. La importancia de esta lucha radica en que la paritaria docente significa de hecho una referencia para las paritarias de los otros sectores. Aún no se han cerrado otras paritarias importantes del sector industrial como la de metalúrgicos, neumático o aceiteros, lo que indica que la conflictividad por salario va a continuar.

Párrafo aparte merece el aumento represivo. Si bien no han largado represiones para estos movimientos de masas, la razzia luego de la movilización de mujeres con una docena de detenidas, la disrupción muy violenta en un comedor infantil en Lanús, las detenciones arbitrarias en las barriadas pobres y lugares públicos contra la juventud, policías sin identificación, infiltraciones en asambleas docentes y la aplicación del protocolo anti piquete durante el paro general, son gestos concretos de profundización de la política represiva. Hay que sumar la corriente de opinión favorable en este sentido que imparten los grandes medios. Todo esto apunta a que se naturalice una cotidianeidad militarizada y donde no asombre todo tipo de atropellos por parte de las fuerzas represivas. Es justo decir también que unas fuerzas de “seguridad” armadas hasta los dientes forma parte de la herencia recibida del gobierno anterior, que parece no ser tan “pesada” para Cambiemos. El gobierno sabe que sus planes de ajuste no pasarán sin represión y para eso se preparan.

Frente a la crisis de representación de la burocracia sindical, su compromiso con la entrega de condiciones de trabajo y las políticas anti obreras de los gobiernos nacional y provinciales, se impone la necesidad de la coordinación y de gestar un polo de referencia para todos los sectores que salen a luchar. La bronca seguirá en aumento y se expresará como quedó demostrado en marzo. Que esa bronca encuentre canales de organización es el desafío central que tiene el movimiento combativo de trabajadores y sus organizaciones para los meses venideros.

Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble 107, Diciembre: “El mundo atendido por sus dueños ¡Démosles pelea!”

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El triunfo del multimillonario Donald Trump a la presidencia de EEUU fue un simbronazo que llena de incertidumbres al mundo entero. Durante su campaña prometió repatriar industrias, poner mayores límites a las importaciones –sobre todo chinas-, limitar la presencia de inmigrantes en el país y concentrar los esfuerzos bélicos en terminar con ISIS. Este discurso nacionalista de derecha, prometió dar trabajo a millones de estadounidenses desocupados, que no cuentan con servicios de salud, que no acceden a educación de calidad y que cargan con impagables deudas hipotecarias. Así logró cautivar votos de sectores de la población que rechazaban de plano a Hillary Clinton, mucho más ligada al establishment al que responsabilizan de la miseria que padecen. Hay que decir que en “la mejor democracia del mundo” el presidente fue elegido con la participación de apenas el 57% del padrón y habiendo sacado menos votos totales que su contrincante (60.981.118 votaron a Hillary, 60.350.241 a Trump) pero más electores por haberse impuesto en los estados más grandes. Esto quiere decir que asume un presidente sin demasiada base social y un apoyo endeble (incluso de su propio partido Republicano). Los meses venideros irán aclarando lo que es un panorama incierto. De cualquier modo, en los países dependientes como el nuestro las cosas difícilmente se modifiquen en el corto plazo.

Las inversiones anheladas por el gobierno argentino no llegan y este nuevo escenario tampoco las propicia. La política de Cambiemos se orienta a evitar que se hagan olas sobre el fin de año. Se empeñan en evitar un “diciembre caliente”: firmaron la paz social con los movimientos sociales otorgando algunos millones de pesos para planes, aceptaron discutir las modificaciones de la oposición para el proyecto sobre el Impuesto a las Ganancias y acordaron con la CGT un incremento millonario para las obras sociales. De este modo, lograrían contentar a la oposición peronista (en todas sus variantes) y de centro izquierda.

Pero esto es pan para hoy y hambre para mañana. Ya están anunciados más tarifazos para febrero, los salarios perdieron un 10% de capacidad de compra en relación a la inflación, el Impuesto a las Ganancias sigue y el fantasma de los despidos amenaza con escupir el asado navideño. Para colmo el movimiento de lucha mundial se vio conmovido con el fallecimiento de Fidel Castro que, más allá de las críticas y debates, fue el principal referente -junto al Che- de la única revolución socialista triunfante en América.

Sin embargo, hay tres hechos que destacamos y que marcan el camino a seguir para el movimiento obrero combativo. Por un lado, el avance que tuvo el clasismo dentro del gremio del neumático cuando el 8 de noviembre barrieran en las elecciones a la burocracia Violeta en Pirelli. Esto es muy importante porque refuerza el trabajo de la nueva directiva de la seccional Merlo dentro de la fábrica para organizar la lucha contra los despidos, las condiciones de trabajo y el retraso salarial que impuso la patronal con la complicidad de la Violeta. En el mismo sentido, hay que remarcar la importante victoria que obtuvo la lista Bordó en el tren Sarmiento. Haber mantenido el cuerpo de delegados pone en mejores condiciones a los ferroviarios para defenderse de la política de ajuste del gobierno. Y en tercer lugar, el triunfo que lograron los choferes platenses de la Línea Este que, tras tres semanas de huelga (que incluyeron piquetes, movilizaciones y hasta una dura represión), demostraron que sí se puede luchar y ganar contra los despidos. El ejemplo de los compañeros mostró que la lucha y la organización son el camino para alcanzar nuestros reclamos.

Aunque la situación viene brava, debemos tomar nota de estas experiencias. No hay misterios. Para enfrentar a los patrones y sus gobiernos deberemos echar mano a la solidaridad de clase, la organización paciente y la democracia obrera. Construir la coordinación de todos los sectores en lucha, desde una perspectiva democrática y combativa, es la tarea más urgente. Este 20 de diciembre, a 15 años del argentinazo, es una buena oportunidad para salir a las calles.

Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble 106, Noviembre: “¿Ya fue?”

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Pareciera que todo el mundo tiene puesta la cabeza en el 2017. El gobierno, la oposición, los analistas políticos, los consejeros, los periodistas… Cada vez más parece asentarse que las elecciones todo lo pueden y todo lo modifican. Hasta los dirigentes sindicales de la ahora unificada CGT, de quienes poco podía esperarse igualmente, han demostrado que no pondrán ningún “palo en la rueda”. Ni palito. Ni escarbadiente, ni astilla… nada pondrán.

Llegamos ya prácticamente a un fin de año donde el gobierno sale fortalecido por haber logrado llevar adelante sin una resistencia organizada nacionalmente: un descomunal ajuste sobre los y las laburantes,  favorecido por las direcciones sindicales traidoras y de la bronca no sabida como ser encausada de los laburantes; una transferencia de recursos enorme hacia los sectores más poderosos; la profundización del desmantelamiento del Estado y pérdida de derechos conquistados; la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo (léase familias que han perdido su fuente de ingreso); la “Titanicazión” del kirchnerismo (fuerza supuestamente opositora y que en diciembre de 2015 tenía mayoría en el Congreso como para condicionar al gobierno –si así lo hubiese querido, claro–); el aumento de la represión, de la mano de un discurso xenófobo creciente; y así podríamos seguir enumerando otros “méritos”.

Las únicas verdaderas resistencias de este 2016 han sido las gestadas desde abajo, empujando a tomar medidas, ganando las calles, luchando contra el resto de actores nombrados arriba (gobernantes de todos colores, burocracia sindical, medios masivos de comunicación…).

Así, llegamos a octubre tras la mayor convocatoria a un Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en Rosario el pasado mes, y apenas unos días después, el 19 de octubre, el Paro Nacional de Mujeres que no sólo fue de enorme trascendencia en el país entero, sino que fue replicado en muchos países de Latinoamérica y el mundo. Pero la violencia de nuestra sociedad no sólo se presenta como violencia de género y machismo. También la estigmatización de la pobreza, y particularmente a los jóvenes pobres, continúa llevándose vidas de nuestros pibes y pibas a manos de las fuerzas represivas que, para colmo, incrementarán su presencia en los barrios más castigados a través del envío de 6000 gendarmes más. Es decir que no sólo debe sufrirse la vinculación inocultable del circuito “legal-ilegal” y su trama de negociados de todo tipo, sino que se incrementa la presencia de una parte indispensable de ese negocio.

En un mismo sentido, las editoriales “periodísticas” de diarios como La Nación y Clarín, así como las expresiones públicas de distintos ministros (ver declaraciones del Ministro de Educación Bullrich por ejemplo) y de su vocero mediático Lanata, vienen preparando el terreno de esa avanzada que sistemáticamente buscan profundizar, apuntando más al control social que a combatir el delito.

En la vereda opuesta, las masivas jornadas de lucha de este año han intentado poner algún tipo de freno al avance derechista. Por los motivos ya mencionados, no han tenido ni la continuidad ni la articulación necesarias, y si bien la responsabilidad mayor por lejos está en manos de los burócratas de turno, tampoco las fuerzas de izquierda hemos sabido dar respuestas de conjunto, muchas de ellas también preocupadas por el calendario electoral más que por otra cosa, y con un institucionalismo alarmante. Sería útil y bueno aprender de una vez que el descontento creciente, sin una orientación que parta de una posición de clase y direccione la bronca, no se traduce en saltos organizativos por sí mismos.

El próximo 4 de noviembre, con el tardío llamado de las CTA a una nueva jornada de lucha, tendremos la oportunidad de volver a medir fuerzas con la clase gobernante. De las y los laburantes y de la juventud, desde abajo y a la izquierda, parte la esperanza de construir un frente común que vuelva a poner en el centro de la escena la disputa por el poder.  

Equipo de El Roble.

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