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Editorial N° 116 El Roble de Octubre: “¿Después de las elecciones qué?”

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Llegó Octubre y pareciera que el destino de los habitantes del país se define según los resultados en las urnas. El oficialismo, luego de haber quedado bien parado tras las PASO, parece envalentonado e intenta arrasar con todo a su paso. Ataca a sindicalistas de todos los colores, habla de mafias judiciales, mediáticas, gremiales y académicas. A la luz de los hechos, se trasluce que ataca a los jueces que osan en no dictar a su gusto, a los medios que expresan voces medianamente críticas, sindicalistas que no se alinean y contra los científicos del Conicet. Para los pibes y pibas que luchan por la educación y han tomado decenas de colegios contra la reforma educativa, no se ahorraron adjetivos para descalificarlos, con más fuerza cuanto más demostraban los y las estudiantes tener clarísimo por qué se movilizaban.

Ataques mediáticos, represión para laburantes y pueblos originarios, persecución judicial para opositores. A todo hecho mano el gobierno para encausar el descontento y tapar las críticas.

Por el lado de la dirigencia de la “oposición” peronista, en todas sus variantes, hacen la plancha. Cacarean en algunos programas de televisión y mandan a “votar bien” a sus bases que lógicamente se agitan cuando ven que hay más misiadura, falta el trabajo y suben los precios. No se apuesta a la lucha y la movilización. Se deja, en los hechos, todo para la contienda electoral.

Lo que verdaderamente está en juego en estos momentos es cómo y hasta dónde el conjunto de los patrones pueden defender sus ganancias. Presionan sin tregua para que avancen las reformas laborales. La táctica del gobierno en este sentido no será con un gran paquete de leyes como en Brasil, sino dirimir sector por sector, con cada gremio. En lo concreto, esto implica modificaciones en los convenios laborales, mayor flexibilización para contratar (y despedir), reformar la justicia laboral para que tampoco podamos hacer juicio e incluso la reforma educativa, que plantea que los estudiantes tengan que trabajar gratis en su último año de estudio (disfrazándolo de “capacitación”). La burocracia sindical tiene un papel clave en permitir toda esta entrega, pero esto ya no es novedad.

A las intenciones de la clase capitalista sólo se opone la resistencia que podamos desarrollar los trabajadores y trabajadoras en las calles, organizados y luchando. No hay otra salida. No hay margen para otra cosa. No estamos en contra de votar por alguna opción no patronal. Pero hacer visibles todas las violencias contra las mujeres, que siga activa y en agenda la búsqueda con vida de Santiago Maldonado, la lucha contra los despidos, el freno parcial a las intenciones de vaciar el ferrocarril, no podrían tener curso sin la movilización de grandes sectores. No es cuestión de buenos o malos políticos, es la lógica de una sociedad dividida en clases, donde unos viven del trabajo que hacen otros. El Estado, que puede cambiar su maquillaje según haya o no torta que repartir, está para garantizar la ganancia de los empresarios. Así se explica la agudización de hechos represivos, en donde el macrismo hace uso y profundiza herramientas que le fueron heredadas. Porque desde luego, estos planes contra la clase trabajadora generarán más descontento y el gobierno sabe que no pasan sin represión.

Por eso, repetiremos hasta el hartazgo, no hay más remedio que la unidad de los sectores democráticos y combativos del movimiento obrero que, junto a otros sectores en lucha, pueda movilizar a las masas obreras y populares en defensa de los intereses que nos unifican como clase.

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Equipo de El Roble.

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Editorial El Roble N° 115 de Septiembre: “Bullrich: ¿Dónde está Santiago?”

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Ya ha pasado más de un mes de la detención y desaparición de Santiago Maldonado. Las fuerzas de seguridad y el gobierno se niegan a dar información sobre su paradero y niegan su detención. Las camionetas de gendarmería fueron lavadas y tardaron más de dos semanas de denunciada la desaparición en iniciar la “investigación”.

La gendarmería ingresó a los tiros en tierras mapuches el día de la desaparición de Santiago. Esta represión brutal es parte de la escalada represiva del gobierno, que no ha cesado de crecer. No podemos desvincular este hecho a todos los demás que se suceden en todo el país, y que tienen directa relación con la aplicación de todas las medidas políticas y económicas, que de otra forma no podrían ser aplicadas. La represión y persecución al pueblo mapuche es colocada por el gobierno en este mismo sentido: el encubrimiento incondicional de Benetton, Lewis y otros criminales por las tierras robadas al pueblo mapuche es parte del mismo plan económico de entrega y sometimiento. Así han impuesto, y continúan hoy, su ley. A sangre y fuego.

Esta detención cobra un carácter particular precisamente por la desaparición en medio de una protesta. Es un hecho gravísimo, un atentado contra las libertades democráticas que señala el curso cada vez más represivo del Estado.

Igual que en la dictadura, los funcionarios del Gobierno, sus medios de comunicación y sus periodistas han lanzado una campaña para acusar al movimiento mapuche, por sus métodos de lucha y por sus reclamos; también a toda clase de solidaridad que pueda expresarse (ahora mismo tratan de “canallas” a los trabajadores docentes que discuten en sus aulas el problema de la represión y desaparición de personas). En lugar de esclarecer la detención y promover la aparición de Santiago, buscan justificar el retorno a la barbarie. La ministra Bullrich envió al jefe de su gabinete Pablo Noceti a comandar personalmente la represión. (Se trata de un defensor de represores, como Etchecolatz, de la última dictadura).

La detención del Lonko mapuche Jones Huala que fue acordada con Macri y Bachelet en su reunión hace un mes muestra la complicidad de la justicia que respalda al aparato represivo. Esto muestra el carácter de clase de la justicia, a quienes sirve, y porqué no debemos depositar en ella ninguna ilusión. Solo nosotros podemos imponer nuestros reclamos por medio de la lucha.

La defensa de la causa del pueblo mapuche, la aparición con vida de Santiago Maldonado, la expropiación sin pago de las tierras y sus riquezas son causas de todos los trabajadores y oprimidos y debemos organizarnos para la lucha.

¡Desmantelar el aparato represivo del Estado!

¡Aparición con vida ya de Santiago Maldonado!

¡BASTA DE REPRESIÓN A LOS PUEBLOS QUE DEFIENDEN SUS TIERRAS Y A LOS TRABAJADORES QUE LUCHAN!

Equipo de El Roble.

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Editorial de El Roble N° 114 de Agosto: “El avance macrista y la resistencia obrera”

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El macrismo llegó al poder con la tarea central de meter el ajuste que Cristina dejó a medias, y con ello aumentar la ganancia de los patrones. Este ajuste está pasando, y las ganancias están creciendo. Sin embargo, como frente a cualquier ajuste, la clase trabajadora resiste los embates de la patronal y su Estado.

El elemento central del último mes ha sido el cierre de PepsiCo y  la represión. Este hecho se enmarca en el ajuste en marcha, ya que sin represión, no hay ajuste posible. A su vez, también en el último mes se han sucedido otras represiones, como la de los movimientos sociales en la 9 de Julio o la de los manifestantes por la libertad del dirigente mapuche Facundo Huala. En estos hechos hubo diferencias. En el caso de Pepsico, donde los reprimidos fueron trabajadores ocupados, la reacción indignó a gran parte de la población al verse representada en aquellos trabajadores que quedaban en la calle. Diferente fue la represión a los movimientos sociales en la 9 de Julio, donde se buscó con la cobertura mediática -con relativo éxito- que un sector de la población la aprobara. Esto muestra parte del atraso político de gran parte del pueblo trabajador, que todavía sigue viendo en los desocupados intereses ajenos a los suyos. Y, a su vez, esto muestra cierta astucia de la derecha más conservadora que utiliza este atraso para dividir y obtener rédito político.

Por otro lado, también la avanzada viene por el lado de la protección laboral, que Macri ya empezó a atacar denunciando a la “mafia de los juicios laborales”, y que con la reforma laboral en Brasil, ya se metió de lleno en la agenda de la burguesía y del gobierno.

En este marco, y más allá de la resistencia de la clase trabajadora, Cambiemos mantiene su avance sobre nuestras condiciones de vida. Es un avance que no es lineal, pero que se mantiene. Y no solo avanza en términos materiales, sino que también intenta avanzar en el plano subjetivo, al reivindicar la libertad empresaria de contratar, de despedir, y de mover sus plantas productivas como le dé la gana, sin importar si quedan familias en la calle.

De esta forma, gobierno y burguesía avanzan sobre los trabajadores, ante una burocracia sindical que aplaude desde la tribuna, y cada vez que se mete en la cancha es para ayudar en el avance de los patrones o para anunciar marchas que solo sirven para descomprimir.

Nosotros, como clase debemos propiciar por un frente único obrero, que sirva inicialmente para frenar el ajuste macrista. A su vez, también tenemos que avanzar en la recuperación de los sindicatos, ya que son herramientas propias de la clase que hoy están gestionados por los intereses de la patronal. Y además, también tenemos que entender que todo esto poco valor tiene si no lo hacemos en un horizonte revolucionario, que expropie a los patrones e imponer un gobierno de los trabajadores y para los trabajadores.

Equipo de El Roble.

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El Roble N° 113 de Julio: “Unidad contra el ajuste y la flexibilización”

El gobierno y los patrones van a fondo contra los trabajadores y el pueblo.

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Pasa el tiempo para el gobierno macrista. De la famosa lluvia de inversiones no llega una gota. Todos los indicadores económicos se siguen desbarrancando. Sólo crece el número de despidos y cierre de empresas y sectores como Hutchinson, PepsiCo, Carboclor, Walmart, Atucha, Puma, Dass, Fangraf, petroleros, prensa, lácteos. El aparato de marketing mediático gubernamental ya no sabe qué hacer para convencernos de que brota el agua en el desierto. Detrás de las cortinas del espectáculo, el poder económico vive interna tras interna. Entre los sectores industriales, los agroexportadores, el círculo privilegiado de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), las multinacionales que controlan sectores claves, los jugadores de la timba financiera y los gerentes dentro del Estado, los funcionarios de Cambiemos a cargo del Poder Ejecutivo, sobra desconfianza, se hacen y deshacen negociados y van quedando no pocos heridos en la banquina.

Pero hay en una cosa en que sí se ponen de acuerdo todas las patronales: en atacar juntos los derechos de los y las trabajadores/as. Así se explica la foto armoniosa que circuló en junio, con los representantes patronales junto a funcionarios expresando en bloque su apoyo al ataque que Macri relanzó contra “la industria del juicio”. Los objetivos son avanzar en una reforma legislativa flexibilizadora junto a la demolición del fuero laboral. Con desfinanciamiento, el intento de trasladar la Justicia Laboral de Nación a Ciudad y el hostigamiento -juicio político incluído- a cada juez que saca un fallo que molesta a las patronales, el macrismo busca borrar 70 años de jurisprudencia, con fallos logrados gracias a muchísimas luchas del movimiento obrero argentino, y dejar a los/as trabajadores/as en niveles de indefensión propios del siglo XIX.

Más allá de lo institucional, junio también registró el compromiso de las patronales de avanzar en los hechos.  Pepsico y Walmart, como en AGR Clarín, despiden para desindicalizar y destruir convenios colectivos, expulsar a los/as trabajadores/as combativos/as y generar las condiciones para nuevos empleos superprecarizados.

El paro de diez días del transporte en Córdoba obligó a las patronales, la dirigencia política, los principales multimedios y la burocracia sindical a actuar como un frente para aplastar la lucha de las bases, que rechazaban el acuerdo paritario a la baja que firmó la UTA. También aquí los despidos fueron disciplinarios.

Todo se subordina a incrementar la tasa de ganancia. En esa perspectiva, bajar los salarios es fundamental. A las imposiciones de un techo paritario y el planteo de discusión de la “inflación futura” -otro chamuyo del macrismo– se le sumó el aumento por decreto en el Consejo del Salario que dejó al salario mínimo en niveles de indigencia y a los sindicalistas participantes pintados al acrílico. Por cierto, las conducciones de las centrales parecen sumidas en una competencia para aparecer en el libro Guinness de la apatía y el inmovilismo.

A la par, el gobierno continúa preparando el terreno para contener a palazos el conflicto social. Lo demostró el miércoles 28, cuando resucitó una vez más el “protocolo antipiquetes” en la Av. 9 de Julio, mediante un mega operativo policial (uniformados y de civil) contra las organizaciones piqueteras del Frente Milagro Sala que reclamaban por la libertad de la dirigente y por la caída de planes sociales.

Frente a esta compleja realidad, cada compañera y compañero desde la clase trabajadora y las organizaciones obreras y populares debemos redoblar esfuerzos, dejar de lado las mezquindades y trabajar a favor de la unidad y la solidaridad contra el ajuste y la represión. Con la forma que podamos darnos, encuentros por zonas, coordinadoras de sectores en lucha, reuniones del movimiento obrero combativo y democrático, es más necesario que nunca que los trabajadores nos organicemos para dar la lucha contra este ataque cada vez más feroz contra nuestros derechos.

Equipo de El Roble.

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