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Cine y clase obrera. Se estrena la película de “La sesenta”

El próximo jueves 22 se estrena en la plataforma Cine Ar la película “La sesenta. Crónicas de una lucha obrera” realizada por el colectivo de cine militante Silbando Bembas. Allí se relata la lucha de estos trabajadores del transporte que en 2015 fueron protagonistas de una histórica huelga de 42 días. El film se basa en parte en el libro “Sesentazo, crónicas de un lock out” de Santiago Menconi que además es trabajador y delegado de la línea 60. Para quienes seguimos de cerca las luchas del movimiento obrero en general y de aquella lucha en particular, sabemos la importancia que tiene la referencia de “la sesenta” por sus años de construcción por abajo, desde la base, única forma de poder plantarse con firmesa frente a la prepotencia patronal (y sus aliados). Por primera vez en muchos años, es la vuelta a la pantalla grande del cine militante. Desde El Roble charlamos con Lucía Casado de Silbando Bembas.

Contanos cómo sale la idea de la película.

– Surge al calor de la lucha del 2015 que en julio entran en conflicto que dura más de 40 días que incluyó lock out patronal, 53 despidos, el cierre de una cabecera con compañeros adentro encerrados con un cordón policial, con represión, una lucha muy larga. Nosotros como Silbando solemos acercarnos a las luchas a prestar nuestras cámaras y conocimiento audiovisual para ponerlo a disposición del conflicto. Y así empezamos a filmar, a ir todos los días, a conocer a los laburantes, a hacer distintos materiales chiquitos y entonces a acumular un montón de archivo audiovisual. Esa lucha termina en una gran victoria, muy importante porque en ese momento en general se venía perdiendo. No era fácil ganar, además de ser una lucha larga, era una pelea muy desigual porque era enfrentar a una patronal enorme como es el Grupo Dota en alianza con el gobierno y la burocracia sindical. Entonces eso hacía que sea un triunfo muy importante. Ahí fue cuando dijimos “bueno, esto tiene que ser una película”: para contar la lucha desde adentro y dar una lección hacia afuera de cómo se gana, porque no es fácil ganar un conflicto así.

Además ahí conocemos a Santi Menconi que nos contó que estaba escribiendo un libro, que estaba escribiendo las crónicas de la lucha. Después lo publica y le proponemos adaptar sus crónicas y que sea él la voz del relato que va llevando adelante la historia.

Luego muere David Ramallo, que fue un golpe muy duro. Muere en 2016 aplastado por un colectivo y ahí arranca otro proceso de otra lucha, muy dura también, muy difícil, con un bajonazo para los trabajadores. Entonces lo que quisimos hacer con la película era mostrar cómo a partir de la lucha del año anterior, de ese triunfo, sus razones, para traerlas al presente, que era ese presente de lucha por justicia por David. Y para evitar los despidos porque además de todo, la patronal despide a 10 compañeros por reaccionar ante la muerte de su compañero. La película es esa búsqueda de las razones del triunfo, de cómo se gana, de cómo nos organizamos y dar la experiencia hacia otros sectores.

Ya que mencionas el libro de Menconi, ¿en qué medida llevaron el libro a película, el libro es un aporte, lo adaptaron? ¿cómo es la relación?

– Es complicado. Tenemos una ventaja que el libro está escrito en crónica y eso ya te permite una narración en capítulos o jornadas que te permite pensar en escenas. De todas formas hay un proceso de adaptación. Una cosa es cuando pensás en un lenguaje escrito y otra cuando vos lo vas a ver apoyado con imágenes y sonido, entonces hay que hacer una transposición que hicimos en conjunto con Santi. También para no ser reiterativo porque vos no podes mostrar lo mismo que estás escuchando y que además se puedan complementar. El libro está súper presente porque además Santi va llevando con su voz leyendo fragmentos que están adaptados para cada escena. Aunque después también existe algunas fusiones de días, algunos recursos que se necesitan hacer para condensar todo un libro en una película de una hora cuarenta. Es un proceso muy rico. A nosotros nos parecía súper interesante tomar la narración de un protagonista de la lucha, de un laburante, porque le aportaba una riqueza que no iba a tener si solo la hacíamos desde nuestra mirada, aunque desde ya que la tiene, pero nos parecía muy interesante la idea del trabajador que hace el balance de la lucha. Un poco poner en disputa la noción de quién escribe la historia. La historia la escribe siempre la burguesía, la clase dominante y en este balance, en esta escritura estamos disputándole esa historia a la burguesía. Y que lo haga un laburante como protagonista, que encima la ganaron y la puede escribir… la historia se escribe en la lucha, la historia es la historia de la lucha de clases, pero después la disputa del balance es fundamental y que lo haga un laburante, que bajo el capitalismo es despojado de esa posibilidad de hacer balance y escribir la historia, nos parece lo más interesante del planteo.

¿Fue difícil la realización de la película?

– En un punto no tanto, porque todo lo que tiene que ver con el registro de la lucha requiere mucho tiempo disponible y dedicación para ir y filmar pero la realidad te va llevando y vos vas haciendo un registro.

Después sí fue complejo agarrar todo ese material, ordenarlo y ponerlo en relación con el presente de la lucha por David. Ahí había que ir a las cabeceras, generar escenas, charlar con los laburantes en momentos de mucha tristeza y bajón. Convencerlos de que era importante contar esos momentos. Porque vos podes ganar una lucha y tener una re organización como tiene “la 60”, pero también tenés momentos que son para abajo y hay que poder entenderlos, no negarlos, tratar de procesarlos, hacer balances y continuar. Y los compañeros siguieron, pasaron ese bajón, siguieron para adelante, salieron a la calle, hoy mismo estaban saliendo a la calle en medio de la pandemia. Fue difícil, porque la muerte de David fue difícil, pero con los compañeros hicimos mucha relación, nos abrieron las puertas y estuvo buenísimo el lugar que nos dieron.

¿Por qué, pese al tiempo que pasó desde la huelga de 2015, igual les parece oportuno y necesario estrenar la película?

– Después de todo el contexto de despidos, de suspensiones, de pérdidas de derechos, contexto de pandemia, de crisis, de persecución gremial y sindical, nos parece muy importante poner sobre la mesa la salida de la organización y la lucha para los trabajadores y trabajadoras. La 60 como ejemplo de construcción y de una organización antiburocráctica que se enfrentó a la UTA, que se enfrenta a la patronal, a la represión de los distintos gobiernos, es un ejemplo que nosotros queremos transmitir hacia afuera, hacia otros colectivos de trabajadores, de colectivos, bueno… (risas) a otros grupos de trabajadores ya de otras líneas de colectivos como de otros gremios porque entendemos que esa es la manera que tenemos como clase para enfrentar el ajuste y la crisis que estamos viviendo. Como recién decía, los choferes de la línea 60 salieron a luchar por vacunas, por salario, que son las cosas que nos están afectando en este momento como clase trabajadora, que somos los que ponemos los muertos en la pandemia, a los que se nos pulveriza el salario con la devaluación, con la crisis galopante que hay. Y el camino ahí es salir a la lucha. Entonces poner en pantalla, en el cine, una lucha obrera que se ganó y mostrar cómo se ganó… está bien, no ganaron solamente porque no se rindieron en 2015, hay una historia, un montón de años de organización de base, de construcción, también es algo para trasladar, lleva tiempo. Pero es el camino.

Somos muches quienes tenemos expectativas en la película, que sabemos que hace años que vienen trabajando. Soñemos, pensemos a lo grande… ¿qué les gustaría que pase con la película?

– Nosotros la estamos presentando en festivales, en algunos está quedando. Eso en relación al circuito en festivales, que está bueno porque te ayuda a tener recorrido, que la vean en otras partes del mundo, pero tiene que ver con volver a poner al cine militante, a un cine que tenga un objetivo político de transformación en la escena cinematográfica, que se discuta, que haya críticos hablando de la película, solo para hablar de la lucha de los trabajadores de la 60. Yo mañana veo en un medio especializado en cine hablar de la película de los choferes de la 60, cómo se enfrentaron a la patronal y ganaron, eso es lo que queremos. Eso en relación al recorrido cinematográfico.

Ahora, nosotros tenemos un objetivo que es político, hacemos cine militante porque tenemos un objetivo político. Si vos me preguntás qué queremos que pase y… que la película sea una referencia en el cine militante, que la vean todos lo trabajadores y las trabajadoras y que la tengan como referencia política más que de cine.

Por Facundo Anarres.

SINOPSIS

Santiago Menconi trabaja en la línea 60 de colectivos, de la ciudad de Buenos Aires. En septiembre de 2016, su compañero David muere aplastado por un colectivo que estaba reparando, a causa de las precarias condiciones de seguridad en lo hacían trabajar. Los trabajadores de la línea 60 comenzarán la pelea por justicia por lo que ellos consideran que fue un asesinato. En este camino, Santiago y sus compañeros tendrán que buscar en las luchas pasadas las herramientas que otras veces les permitieron plantarse ante un enorme monopolio empresarial: la organización y la lucha. La película es narrada por la voz de Santiago, que lee las crónicas que él mismo escribió durante los días de lucha, y que luego fueron compiladas en el libro “Sesentazo; crónicas de un lockout”.

Ficha técnica:
Dirección y realización integral: Silbando Bembas
Narrador:
Santiago Menconi.
Adaptación y desarrollo:
Francisco Estrella Gutiérrez
Sebastián Zanzottera
Lucía Casado
Santiago Menconi
Producción:
Lucas da Rocha
Ramiro Jaime
Cámara y sonido:
Sebastián Zanzottera
Lucía Casado
Tatiana Mazú
Lucas da Rocha
Manuel Duré
Francisco Estrella Gutiérrez
Ramiro Jaime
Florencia Barbati

Montaje:
Lucía Casado
Sebastián Zanzottera
Tatiana Mazú
Florencia Barbati
Arte:
Manuel Duré
Tatiana Mazú

Colaboración especial en cámara y sonido:
Santiago Montagnoli
Axel Mancioli
Carolina Machado
Emiliano Kappes de León
Omar Bogado
Tatiana Frean

Material de archivo:
David Ramallo
Trabajadores de la línea 60
Adriana Lewczuk
Colectivo Hagamos Lo Imposible
Néstor Saracho
Barricada TV

Foto de la gráfica:
Agustina Salas
Alejandro Valko
SUTEBA Tigre

Música:
«Blues del Puente», de Fernando da Cruz
Sonido:
Adrian Rodriguez (ASA)
Gustavo Pomeranec. (ASA)

Edición de diálogo y mezcla:
Adrian Rodriguez
Ramiro Jaime

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Conflicto en la alimenticia Don Yeyo: la importancia de tener memoria

El martes 21 de abril, en un medio de la ciudad de Chacabuco, (provincia de Bs. As.), me encontré con la noticia sobre una serie reclamos de los trabajadores de la fábrica de panificados y pastas Don Yeyo, sobre todo el sector ligado la parte de panaderos, afiliados  al sindicato SUPPAJ con sede en la ciudad de Junin. La otra parte del personal se encuentra afiliado al sindicato Fiderero SATIF. – Por M. (Obrero de la alimentación)

Según la nota, la denuncia por parte de PANADEROS sería por el incumplimiento del convenio colectivo de trabajo por parte de la empresa, el hostigamiento constante a los compañeros que se negaban a hacer horas extras, maltrato, cambios arbitrarios en los puestos de trabajo que respondían a castigos, el no pago de las horas extras y la obligación de trabajar feriados. Por su lado la empresa niega las acusaciones y acusa a los trabajadores de sabotaje en la producción. Nuevamente, después de 8 años la patronal de Don Yeyo vuelve a ser noticia exactamente por lo mismo que tiempo atrás, la explotación, amedrentamiento y maltrato al que son expuestos sus laburantes.

Esta situación me hizo pensar las idas y vueltas de los procesos que vivimos como clase trabajadora.

En el año 2012, los trabajadores de Don Yeyo iniciábamos una de las huelgas mas importantes que se dieron en la ciudad de Chacabuco junto a gran parte de los compañeros de todos los sectores de la fábrica y con amplio acompañamiento de la comunidad. Como parte de una estrategia de descabezamiento del cuerpo de delegados y la comisión interna, de la cual fui parte, la patronal de Don Yeyo montaba una provocación con la excusa de sabotaje y despedía a dos compañeros.

Lo que en realidad estaba haciendo era atacar la organización que un año antes había terminado con las condiciones de explotación que allí existían. Una incipiente organización independiente que en poco tiempo, y a base de reuniones clandestinas primero,  y  de decidirlo todo en asamblea después,  logró ponerle un freno a más de 15 años de prepotencia y avasallamiento patronal. Hasta el momento de nuestro surgimiento ninguno de los dos sindicatos a los que pertenecíamos, se habían echo presentes. Solo aparecían esporádicamente en la oficinas de la empresa.

Ante el despido de los 2 compañeros con la misma excusa que ahora (sabotaje), los compañeros reunidos en asamblea en la puerta de la fabrica, votábamos el paro, hasta conseguir la reincorporación y el cese del ataque a la organización. Después de algunos días de intensas actividades y de acampe en la puerta la patronal redoblo la apuesta y  decidió echar a mas de 50 compañeros. 

Más de 25 días de huelga y acampe, festivales y movilizaciones a la municipalidad, fueron parte de un proceso de lucha enorme, que conmovió a gran parte de la ciudad. Rodeados de solidaridad de otros sectores de laburantes, de nuestras familias y de gran parte de la sociedad, los trabajadores de Don Yeyo dimos batalla, no solamente a la patronal, que buscó amedrentarnos con todo tipo de recursos,  sino al conjunto del poder político de turno -en ese momento en manos del Partido Justicialista- que rodeó la empresa de policías y a los sindicatos de Panaderos (SUPPAJ) y Fidereros (SATIF) que en vez de apoyar la lucha, dedicaban su tiempo y su plata en acciones y solicitadas de páginas enteras en los diarios locales, desprestigiando nuestros reclamos. La mismísima  secretaria general Roxana Farías (Panaderos Junín), quien hoy denuncia a la patronal en un breve comunicado, ocho años atrás nos trataba de loquitos, rebeldes sin causa y nos amenazaba con barrabravas de la zona. 

La alianza entre el poder político, sindical y patronal, en santa alianza se proponía terminar con nuestra lucha por todos los medios. Eramos mal ejemplo, no solamente para los demás compañeros de la fábrica, sino para varios otros lugares de trabajo que por aquel momento,  también empezaban a organizarse. Finalmente conseguimos la reincorporación de la mayoría de los compañeros, quedándonos afuera los delegados y un grupo de compañeros activistas.

Hoy, ocho años después, el tiempo nos viene a dar la razón. El fin último de la empresa siempre fue terminar con la organización de los trabajadores e imponer nuevamente los ritmos y las condiciones de esclavitud donde hemos dejado parte de nuestra salud , incluso la vida. Todo con un solo objetivo, ganar más y más a costa de los trabajadores.

Ningún resultado, por más doloroso que sea, ha detenido la rueda de la historia y a pesar de las heridas sufridas cada unos de los compañeros que fuimos parte de esa experiencia, hoy podemos caminar tranquilos, con la cabeza bien alto y la conciencia tranquila .

La experiencia que nos tocó vivir, y que buscamos conscientemente allá por el 2012, fue una de las tantas batallas que ha dado la clase obrera a lo largo de la historia, con triunfos y derrotas, pero que en todo caso ha servido para construir los cimientos y aportar a las futuras generaciones en busca de nuestra dignidad como clase. Se torna imprescindible sostener la memoria, para aprender de los errores y los aciertos que tuvimos,  para clarificar quién es quién en la lucha de clases, y sobre todo para sentir que somos parte de un conjunto más grande de experiencias pasadas. A los compañeros que hoy han alzado su voz, ¡toda la fuerza y solidaridad!

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. RODOLFO WALSH.

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Praxair: A 10 años de la publicación de «Nuestra comisión interna» se lanza la versión digital

Se cumplen 10 años de la publicación de un libro muy importante de la historia reciente del movimiento obrero. «Nuestra comisión interna» cuenta la valiosa experiencia de lucha y organización de los trabajadores y trabajadoras de la fábrica Praxair (hoy Linde) en la planta de Pacheco. El despido del activista Maxi Arecco es la excusa que dispara el relato, pero es mucho más que eso: se refleja en estas páginas el largo proceso de construcción dentro de una multinacional, con sus contradicciones, sus errores, sus derrotas, pero también, el salto de conciencia en el colectivo laboral cuando caen en la cuenta de la fuerza que tiene la unidad obrera. Experiencia que, por otra parte, cobra total vigencia en la actualidad cuando la clase obrera a nivel local (aunque también regional e internacional) sufre una fuerte avanzada por parte de la clase capitalista que en tiempos de crisis busca abaratar costos de producción y donde las y los laburantes somos la principal variable de ajuste. Conocer la historia de construcción de la organización obrera en Praxair es muy importante para todos aquellos trabajadores y trabajadoras que en enfrentan día a día la prepotencia patronal y apuestan a la lucha colectiva.

Desde el periódico El Roble nos pusimos a disposición frente a la propuesta de lanzar una nueva edición digital y de libre distribución, que acá dejamos disponible a todos nuestros lectores y lectoras.

Descargar «Nuestra comisión interna» haciendo clic acá

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Frente al paro del 30: un paro de trabajadores y trabajadoras

En estos días, distintos sectores del movimiento obrero organizado encabezados por camioneros, bancarios, el Frente Sindical por el Modelo Nacional (FSMN), la Corriente Federal de los Trabajadores (CFT), regionales de la CGT, las dos CTAs, la Multisectorial 21F, entre otros, convocaron a un paro general para el 30 de abril contra la política económica del gobierno neoliberal de Macri y el FMI bajo la consigna: “NO NOS QUEDA OTRO CAMINO. PLAN DE LUCHA. PARO GENERAL. LA POLITICA ECONOMICA DEBE CAMBIAR”. – Por Maximiliano Arecco (trabajador en la Química Praxair -Pacheco)

A 110 AÑOS DE LA SEMANA ROJA DE 1909

Como un guiño de la historia, la semana del paro convocado por estos sectores del movimiento obrero coincide con el aniversario de los 110 años de la huelga de 1909 que derivó en una gran revuelta obrera y popular conocida como la Semana Roja.

En ese entonces, los trabajadores, en su mayoría extranjeros, estaban nucleados en la FORA (Anarquistas) y la UGT (Socialistas y Sindicalistas Revolucionarios). Por diferencias ideológicas y políticas, estas corrientes habían convocado a actos por separado por el 1ero de Mayo y para denunciar las condiciones de trabajo, el hacinamiento en los conventillos, la falta de libertades democráticas y la represión permanente.

Mientras transcurría la concentración de la FORA el sábado 1 en la Plaza Lorea, la policía, a cargo del coronel Ramón Falcón, montó una provocación y desató una cacería que dejó como saldo ocho trabajadores asesinados, un centenar de heridos, más de ciento cincuenta detenidos y la clausura de locales sindicales y políticos.

A pesar de las diferencias entre socialistas, sindicalistas revolucionarios y anarquistas, inmediatamente sucedida la represión, las dos centrales sindicales (FORA y UGT) junto a muchos sindicatos autónomos, llamaron a la huelga general a partir del lunes 3 contra la represión, por la libertad de los presos y la reapertura de los locales obreros que habían sido clausurados por la policía.

La huelga general duró una semana, con manifestaciones callejeras, piquetes, actos, revueltas y choques con la policía en distintos puntos de Buenos Aires y las principales capitales del país. El martes 4, alrededor de 300 mil personas acompañaron el sepelio de los asesinados hasta el cementerio de la Chacharita. El sábado 8, según información consignada por los investigadores Julio Frydenberg y Miguel Ruffo, representantes del gobierno entraron en contacto con miembros del Comité de Huelga, solicitando que finalice el paro y cediendo ante las reivindicaciones de los huelguistas. El domingo 9 se realizó una asamblea de los gremios en lucha y se decidió levantar la huelga.

La fuerza, la convicción, el coraje y heroísmo de los trabajadores obligaron al gobierno de José Figueroa Alcorta a reunirse con las centrales sindicales, liberar a los presos y reabrir los locales sindicales y políticos clausurados.

Como reconoce el historiador Diego Ceruso, aquella fue una de las primeras veces en la que el gobierno se sentó a negociar con los representantes obreros y cedió ante sus reclamos. Lógicamente esto sucedió por la firmeza de la huelga y la movilización de los trabajadores en las calles.

Esta firmeza y determinación unitaria en la lucha de los obreros fue un ejemplo, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas entre los sectores mayoritarios de esa época en el movimiento obrero (Anarquistas, Socialistas y Sindicalistas Revolucionarios), y marcó para el futuro la necesidad e importancia de la lucha, la solidaridad y la unidad de los/as trabajadores/as.

Tuvieron que pasar varios años más para la concreción de la necesaria solidaridad y unidad de los/as trabajadores/as y luego vendrán tiempos de unidad pero también de nuevas crisis, pero esas jornadas de 1909 dejaron una huella que, hoy a 110 años, en tiempos de gobiernos neoliberales con políticas represivas y antiobreras debemos recordar y tener presente.

LA POLITICA ECONOMICA DEBE CAMBIAR

El plan económico neoliberal aplicado por Macri y el FMI es la profundización del plan iniciado por el golpe cívico-militar-eclesiástico-patronal de 1976.

En los tres años que lleva el gobierno de Macri los índices económicos e industriales retrocedieron a paso firme. Actualmente, el uso de la capacidad instalada de la industria está en un piso solo comparable con el de la crisis 2001-2002; el desempleo llegó a dos millones de personas y se calcula que cierran entre 25 y 30 PyMES por día. El Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) pasó de u$s580 a finales del 2015 a los actuales u$s288. Durante el último año se perdieron más de 400 mil puestos de trabajo y miles de trabajadores/as sufren suspensiones a diario. En las últimas semanas, a modo de ejemplo, se quedaron en la calle 600 trabajadores/as de Metalpar, 400 de Ersa, 120 de Tecnosport, 150 de Tsu, 100 de Hilados Platex, entre muchos más. De forma paralela, también aumenta el subempleo, el empleo informal e ilegal y el trabajo precario. A su vez, no son pocas las patronales que aprovechan la crisis para reducir costos y eliminar comisiones internas combativas y activistas de base, presentando falsos preventivos de crisis (PPC) como en FATE, Coca Cola Femsa, Laboratorio Craveri, Elea, Carrefour, Molinos Rio de la Plata, etc.

Este contexto de cierre de fábricas, despidos y suspensiones genera un “ambiente ideal” para el empeoramiento de las condiciones de trabajo ocasionando un aumento alarmante en las muertes laborales que llega al escalofriante numero, ocultado por los medios de comunicación hegemónicos, de 400 trabajadores/as al año, según el espacio intersindical Basta de Asesinatos Laborales.

Sumado a estos datos, aumentan la represión y las detenciones de activistas y luchadores/as sociales con un claro carácter disciplinador y aleccionador contra quienes protestan. En los últimos días se detuvo a los delegados del laboratorio Craveri por reclamar contra el falso PPC y los despidos. En La Plata detuvieron a cuatro choferes de la Línea Este, por un conflicto de condiciones de trabajo desarrollado entre 2016 y 2017, y hasta el día de la fecha continúan privados de su libertad.

LA UNIDAD ES EL CAMINO

Mientras tanto, la conducción de la CGT es de las más cuestionadas de la historia de esta central obrera. A pesar de ello, o como un primer gesto de reacción, seria acertado que revea su actitud, se sume a la convocatoria y llame también al paro general junto a la mayoría de los/as trabajadores/as del país.

Más allá de lo que haga la conducción de la CGT, ese día hay que parar con los sindicatos, centrales y corrientes sindicales que ya se comprometieron con la huelga (camioneros, subte, bancarios, aeronáuticos, metalmecánicos, aceiteros, las CTAs, las regionales de la CGT, señaleros, curtidores, estatales, docentes, gráficos, canillitas), y desde las bases y auto-organizados/as en aquellos lugares de trabajo en los que las conducciones gremiales no convoquen a la medida de fuerza.

Ese día tenemos que parar de forma unitaria como paraban los/as trabajadores/as de principios del Siglo XX. Como pararon los/as trabajadores/as el 17 de octubre de 1945 mientras la CGT decidía parar el 18. Hay que parar como lo hacen las mujeres cada 8 de marzo dando una muestra de coraje, dignidad y unidad.

Hay que parar por los y las millones de trabajadores/as que no pueden parar porque se quedaron sin trabajo.

Hay que parar contra la pobreza, la desocupación, el trabajo precario e ilegal, la reforma laboral, el cierre de fábricas, las muertes laborales, los falsos PPC, la judicialización de la protesta, en defensa de los y las jubilados/as, la educación y la salud pública.

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