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Nota central de El Roble N° 114 de agosto: “Gran lucha de Pepsico: nada sale de un repollo”

El feriado del 20 de junio se enteraron con un cartelito pegado en la puerta, que la fábrica se cerraba. Eran 600 nuevos despidos. El 26 del mismo mes decidieron tomar la fábrica. El planteo era simple, recuperar sus puestos de trabajo.

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En la puerta de la planta armaron una carpa donde circularon centenares de trabajadores, organizaciones sociales, estudiantiles, políticas, periodistas, artistas, representantes de la lucha por los ddhh llevando su solidaridad. De un día para el otro, #Pepsico se convirtió en el ejemplo más saliente de una película que vemos cada vez más seguido: la lucha contra los despidos. Pero ¿Por qué PepsiCo ocupó este lugar destacado?

Es un ejemplo más, impresionante últimamente, contamos unos 15000 en una semana de lo que nos enteramos, más todo lo que no nos llega. La única diferencia que tuvo Pepsico con el resto, es que Pepsico se plantó y decidió pelear, a pesar de tener toda la política, los sindicatos, la justicia… todo un aparato en contra. A pesar de eso decidimos pelearla. Nos damos cuenta cada día que sí se puede. Vemos que Pepsico puede ser una punta de lanza, para que los otros trabajadores del país se den cuenta que lamentablemente hay que salir a luchar. Que no tenemos el apoyo de los sindicatos, que el gobierno solo cuida a los empresarios y los ricos, tampoco la justicia que nos deja totalmente desamparados.” Con esta claridad nos definía la importancia de este conflicto un obrero con 18 años de antigüedad en la fábrica.

El 13 de julio, luego de varias amenazas de desalojo, finalmente se hizo efectiva la orden de Macri y Vidal y entraron en acción las fuerzas represivas. “La represión fue el inicio de la campaña electoral de Cambiemos, como una señal: si se toma la fábrica o hacen un corte hay palos”, nos decían luego del desalojo. Esa señal tiene un claro componente de clase, porque es el propio gobierno demostrando con hechos a todas las patronales que está dispuesto a garantizarles sus ganancias.

Tomando estos dos elementos, la predisposición a la lucha y la política del gobierno, se entiende que el conflicto esté en el ojo de la tormenta de la situación política. Es que, en definitiva, lo que está en juego son las intenciones de la clase capitalista de imponer nuevas –y peores- condiciones para el conjunto de la clase y así abaratar costos de producción; y a la par, la capacidad de defensa de los intereses de las y los trabajadores.

“No queda otra que luchar”

La voluntad de lucha es un ejemplo de que se puede enfrentar el ajuste que el gobierno hace en nombre del capital más concentrado –y multinacionales como Pepsico-. Demuestran que se puede pelear contra el gobierno de Macri, Vidal y la burocracia sindical.

Pero esta voluntad no sale de un repollo. La organización en esta fábrica lleva años. Todo un proceso de trabajo gris, paciente y sostenido por abajo. Es un trabajo en la organización de los y las trabajadoras, que crece a medida que se desarrolla la conciencia de que son una clase aparte, opuesta a los patrones. Y que del gremio, en mano de los burócratas, tampoco pueden esperar lo más mínimo. Es una conciencia que se desarrolla a costa de sudor y sangre, muchas veces literalmente, cuando las largas jornadas de trabajo redundan en accidentes y enfermedades crónicas.

En este sentido, advertimos al lector/a que no hay entre los obreros y obreras de Pepsico superhéroes; simplemente laburantes con conciencia de clase. Ni más, ni menos.

El arraigo de estas ideas en la base obrera también es la que explica, en gran medida, cómo se resistió el desalojo. Porque defendernos ante los ataques patronales forma parte del derecho que tenemos como clase. La violencia, que comienza cuando se nos niega llevar el pan a nuestras casas, poder educar a nuestros hijos, tener atención sanitaria digna y se completa cuando reprimen nuestros reclamos, debe responderse. Los compañeros atrincherados en la terraza de la planta son un modesto pero importante ejemplo de esto. No se trata de “ser violentos” simplemente, sino de hacer lo que tiene que hacerse para defender nuestros derechos.

El papel de las compañeras

Las mujeres fueron claves para la conformación del cuerpo de delegados. “Ahora en la lucha fueron muchas las compañeras que no firmaron, teniendo hijos, madres solteras, teniendo que pagar alquiler, lo contrario que varios compañeros.” De los 600 despidos, 200 son obreras. Históricamente en la planta tenían menor salario y dejaban la salud a la par que los varones. Muchas se tienen que hacer cargo solas de sus hogares. Ese cúmulo de injusticias es, posiblemente, lo que las empujó a ser centrales en la construcción de esta experiencia. Incluso aquellas que reconocen que por la presión económica tuvieron que terminar aceptando la indemnización, son las que hoy siguen al frente organizando la actividad en el acampe y participando de cada acción. En esta experiencia colectiva, pareciera ser que con una claridad absoluta fueron las trabajadoras las que se dieron cuenta que solamente organizándose lograrían igualar sus derechos con los de los hombres y que solo así podrían tener mejores condiciones para todos. Así se explica que una de las principales referentes sea Catalina (del PTS y fundadora de la lista Bordó, agrupación que dirige hace varios años el cuerpo de delegados). Ella fue despedida pero, tal era el respaldo de sus compañeros y compañeras, que la Justicia reconoció que se trató de un caso de persecución política, que era delegada de hecho y la tuvieron que reincorporar. Esta victoria fue un impulso muy grande en la organización dentro de la fábrica, donde la Bordó ganó gran simpatía.

Las compañeras son centrales para comprender la tenacidad de esta lucha. No solo porque forman parte del activismo en la planta desde hace años, sino porque una vez desatado el conflicto han organizado el acampe en la toma, la difusión y la relación con los medios, movieron por todos lados el fondo de lucha y se bancaron, junto a sus compañeros, los gases y los palos de la policía el día del desalojo. Y hoy, con la carpa en Congreso, se las sigue viendo permanentemente organizando muchísimas actividades.

Si miramos este ejemplo o el de las trolebuseras en Córdoba o el de las docentes o la experiencia de las ferroviarias en el Sarmiento, no cabe ninguna duda del enorme potencial de combatividad y transformación que hay cuando se liga la lucha de clases con la lucha de género, que son dos partes de una misma pelea.

“El gran problema es la unidad”

La movilización de unas 20.000 personas el 18 de julio marcó al menos dos cuestiones: la vigencia de la bronca en amplios sectores contra el gobierno y la amplia solidaridad que ha logrado este conflicto.

Han recibido apoyo del SUTNA, seccional Oeste del Sarmiento, el FIT, IFS, Madres de Plaza de Mayo, Pérez Ezquivel, periodistas, Baradel, D’elía, las CTA, etc. “El día de la marcha salía la gente de los edificios, cantidad de dibujitos que nos dieron los nenes y nos saludaban. Gran solidaridad de los vecinos, acá en la carpa nos tocan bocina, nos dejan dinero, alimentos…”. Se combina la solidaridad de clase con la bronca que viene creciendo en estos meses. El apoyo al conflicto de PepsiCo expresa una continuidad con las movilizaciones masivas del “marzo caliente” o contra el “2×1” para los genocidas.

Y como se viene el panorama, lo que suena con mucha fuerza, la flexibilización laboral, tenemos que dejar de lado las diferencia y unirnos porque si dejamos pasar esa reforma laboral, no importa el color o lo que cada uno piense, nos van a hundir a todos. Hay que luchar porque nadie nos va a regalar nada.” En la charla en la carpa sale una y otra vez este problema ¿Qué hace falta? ¿Cómo nos unimos? “Falta que todos los trabajadores abran un poco más la cabeza. Yo mismo hasta hace unos años atrás cuando entre a Pepsico era un pibe que no me interesaba en política, el sindicato, ni nada… después de un tiempo, estás ahí, ves las injusticias, me empecé a interiorizar. Yo tenía muchos amigos de la verde [Lista que responde a Daer], pero con el tiempo ves quién está siempre y cuando hay quilombo se borran, vas viendo quiénes te bancan, quienes te usan cuando les servís y después se borran. Hay que hacerle ver al trabajador común quién realmente te va a ayudar, que sean ellos mismos los que abran la cabeza, quiénes defienden los intereses de los trabajadores y quienes no. Pero lo tienen que ver con hechos.”

Este conflicto está en un momento muy difícil. Al igual que muchos otros. La relación de fuerza con el frente patrones, Estado y burocracia, no nos favorece. Y desde ya que no podemos esperar que las elecciones nos solucionen demasiado. Han participado muchos sectores en los plenarios convocados por Pepsico, como ocurrió con AGR. Desde el acampe los compañeros se acercaron al piquete de los despedidos de Cresta Roja, de Atucha y apuestan a que esta carpa se convierta en la “carpa de los despedidos”. Ensayar formas con las que dar respuestas de conjunto al ajuste en curso son una necesidad urgente.

Cómo sigue…

Al cierre de esta edición, continúa el acampe en la Plaza Congreso, la campaña internacional de boicot a la marca, la difusión del fondo de lucha y seguirán con las asambleas y reuniones de coordinación con otros sectores para decidir nuevas medidas.

Por Facundo A., docente y militante del PRC.

Agradecemos a Walter, Fabián, Nancy, Patricia, Lucho -y los muchachos de Logística-, Camilo, a Martín y su papá y a todos los compañeros y compañeras que con sus relatos, ideas y opiniones hicieron posible esta nota.

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Nota central de El Roble de Julio: “Mujeres de pie” Charla con ferroviarias del Sarmiento

En el número anterior de El Roble nos preguntábamos qué pasa con las mujeres trabajadoras que se organizan sindicalmente. Por qué suelen tener menos espacio como dirigentes o  por qué las vemos menos. Por mencionar lo más resonante del último tiempo, en Córdoba están a la cabeza de la organización del sector de transporte, como lo vimos con las conductoras de trolebuses, están en #PepsiCo peleando contra el cierre de la planta de Florida. Los medios masivos muestran poco y nada estas luchas, y menos aún la experiencia de las mujeres ya que muchas veces es un doble ejemplo de organización. Organizarse para defenderse de los patrones y hacer otro esfuerzo como mujeres y ocupar lugares que antes eran solo para los hombres.

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Las ferroviarias

Además de las luchas mencionadas, que hoy son un ejemplo a seguir, hay muchas mujeres que trabajan todos los días y cuentan con una experiencia sindical y como colectivo de mujeres. Conversamos con compañeras del tren Sarmiento que nos cuentan parte de su experiencia.

Mujeres Ferroviarias Independientes forma parte de la Lista Bordó, lista que hoy en día es la oposición más fuerte a la burocracia. Dentro de la Bordó hay varios espacios y muchas discusiones sobre cómo enfrentar a la burocracia y cómo salir a pelear por las reivindicaciones propias, sigue siendo la lista que aglutina de manera unitaria al activismo, peleando contra la patronal.

 

¿Hace cuánto tiempo trabajan en el Sarmiento y cómo comenzaron a activar sindicalmente?

Ingresé al ferrocarril Sarmiento hace tres años como banderillera. Junto con otras compas fuimos las pioneras de ese sector, porque anteriormente solo los hombres podían ser banderilleros”.

Otra compañera, boletera, con más de diez años en su puesto de trabajo nos cuenta “Ni bien ingresé, encontré mi espacio donde poder participar sindicalmente”.

Comencé a organizarme sindicalmente una vez q estuve efectiva laboralmente ya q estaba familiarizada con lo gremial” cuenta otra de las ferrovarias.

 

¿Cuándo comenzaron a organizarse como mujeres dentro del  Sarmiento?

Nuestra orga (Mujeres Ferroviarias Independientes) comenzó en el 2016, cuando  un grupo de compañeras queríamos participar  del Encuentro Nacional  de  Mujeres en Rosario. Nos encontramos con que no era posible  desde  el  sindicato viajar de forma independiente de todo partido político. Nos juntamos,  organizamos un poco a las apuradas y viajamos efectivamente,  entonces  vimos la necesidad de formar un espacio  totalmente  independiente  pero con la misma lucha colectiva de la lista Bordó.

¿Cuáles son los reclamos principales? ¿Por qué luchan ?

Nos encontramos  en una empresa donde las  condiciones mínimas para poder desarrollar  nuestras tareas no eran de importancia para la empresa, en la  cual la  gran mayoría  son hombres. Nuestros reclamos eran por cupos y mejores condiciones de trabajo, ya sea por  baños, vestuarios, uniformes, capacitación… Cuando comenzamos a militar sindicalmente  en la lista Bordó  fuimos conscientes de que nuestras necesidades  básicas no eran tomadas con la misma importancia, ya que en nuestro gremio  la mayoría también son hombres e igualmente machista (solo hay 3 delegadas de los 30 delegadxs en total con el solo argumento  de que no se exige cupo) dónde para poder exigir a la empresa, primero había que discutir con los compañeros para que nuestros reclamos sean oídos.

 

¿Qué diferencia  tiene la actividad  sindical de ustedes respecto a la de los demás compañeros?

Nuestro espacio es de mujeres y no partidario. Abierto a todas las compañeras. Y nuestra lucha tiene varios ejes, por una lado peleamos por la paridad de género tanto en ámbito laboral como sindical. Lo que queremos  decir con esto es que luchamos por igualdad de condiciones y derechos. Para lograrlo nos damos herramientas, conocimientos. Lo hacemos en forma de taller, de lectura colectiva y sobre todo, organizándonos. Otro de los ejes es visibilizar nuestra problemática, por eso participamos de charlas y de varios espacios de militancia de Mujeres del oeste.

 

¿Por qué consideran importante tener espacios propios?  

La problemática laboral nos atraviesa  de forma desigual. A los problemas salariales  y de mejoras en lo laboral  se suma la falta de cupos  femeninos para las diferentes categorías, por lo cual nos cierran las  puertas  cuando pueden ser ocupadas perfectamente  por mujeres. Las capacitaciones pueden ser a mujeres también, para tener más herramientas.

 

¿Ven que sus compañeros ponen o pusieron trabas en ese proceso de organización propio?

Somos conscientes de que el machismo está instalado en todos los espacios  sociales. En la lista Bordó en general tenemos apoyo con nuestros reclamos. En ellos no vemos que nos pongan trabas, sí en otros compañeros de otras listas o de otros sindicatos.

 

¿Qué ejemplos de machismo concretos podrían decirnos?

Por ejemplo, una de las compañeras rindió para trabajar de conductora y en La Fraternidad, que son todos hombres, no aceptaron que ingresen.

Sin embargo,  creemos que el cambio es posible  y hay muchos compañeros que están dispuestos  a sumar en  ese camino en la igualdad de derechos que en definitiva  nos favorece  a todxs.

Agradecemos a las compañeras por este intercambio y esperamos seguir en contacto para poder construir codo a codo un sociedad más justa.

Noelia, integrante de El Roble y militante del PRC.

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Algunas de las actividades que llevan a cabo las compañeras es la formación en oficios. En este momento están planificando un taller en carpintería ferroviaria para mujeres. Lo va dictar uno de los compañeros que hoy está en el oficio de carpintería y pintura. La idea es que las compañeras puedan ir aprendiendo el uso de las herramientas y el trabajo en talleres donde hoy no están presentes, para poder, en un futuro, incorporarse.

 

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Una de las compañeras nos cuenta: “La mayoría de las compañeras tenemos hijos y a veces se nos complicaba participar de acciones o de reuniones y por eso pensamos hacer un espacio de juegos y una biblioteca infantil. En la foto, estamos armando la biblioteca infantil con maderas que nos donaron compañeros de Obra civil. Después recibimos donación de libros”

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Imágen Izquierda Diario.

El ejemplo de PesiCo

El feriado del 20 de junio, con un cartel pegado en la puerta de la fábrica, la multinacional PepsiCo Snacks nos informó que nuestras 600 familias quedarían en la calle. Dicen que tienen crisis, pero las trabajadoras sabemos mejor que nadie que eso no es verdad. Por eso este lunes, en resguardo de nuestros puestos de trabajo, volvimos a entrar a la empresa, y hoy estamos exigiendo que no haya #NiUnaMenos sin trabajo y decimos bien fuerte, junto a nuestros compañeros: ¡familias en la calle nunca más! Muchas de nosotras, cuando entramos en PepsiCo, trabajábamos 16 horas para poder quedar efectivas, con ritmos agotadores y sin más derecho que a media hora para comer y casi cinco minutos para ir al baño. Si te quedabas embarazada, tenías que trabajar como cualquier otra compañera, con turnos rotativos y con los mismos ritmos, haciendo siempre el mismo trabajo para no quedar sin empleo. Años en el mismo puesto, siendo la extensión humana de esas máquinas que te tiraban paquetes a morir para que empaquemos en las cajas, todos los días el mismo trabajo que iba dañando nuestros cuerpos. Teníamos los peores salarios, pero nunca podíamos acceder a mejores categorías, ya que nuestro convenio no lo permitía. Si ya no podíamos estar en las líneas de producción, porque nos dolían los brazos o la espalda, nos echaban. No sabíamos ni siquiera que teníamos ART. Y si estábamos descompuestas e íbamos al departamento médico, éramos tratadas como mentirosas, acusadas de “vagas”, de no querer trabajar, y entonces nos medicaban con cualquier cosa y otra vez a la línea de empaque.

(…)Y porque sabemos que por ser mujeres recibimos los peores tratos, nos organizamos dentro de la fábrica, y cada 8 de marzo, y luego también cada 3 de junio, por NI UNA MENOS, nos ganamos el derecho a impulsar jornadas de reconocimiento y por la defensa por nuestros derechos como trabajadoras (…) Nosotras decidimos, nos organizamos, hacemos asambleas, votamos y luchamos con nuestros compañeros: ni atrás ni adelante, sino al lado y con paso firme por nuestros derechos(…)

Carta de las trabajadoras (fragmentos)

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Nota central El Roble N° 110: “¡MACRI, MARZO TE PROFUNDIZÓ LA VERDADERA GRIETA DE CLASE!”

La verdadera grieta (léase enfrentamiento/división) no es entre Kirchnerismo y PRO sino entre  la clase obrera y el pueblo trabajador contra nuestros enemigos de clases, el capitalismo.

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Grieta entre explotados y explotadores, que todo  trabajador consciente de ser explotado tiene que tender a profundizar  con la lucha que  está en curso contra la explotación de clase, contra la pérdida de nuestras conquistas, contra la entrega de nuestras riquezas.   

Si bien es cierto que no es lo mismo el gobierno anterior que el actual, la diferencia está en que el anterior era de una capa media burguesa y este es de lo más granado de la burguesía monopolista,  pero los dos son de la misma clase burguesa explotadora. El anterior repartió algo, este nos está quitando todo y trayendo hambre.

Solo basta mirar lo que pasa en las empresas, suspensiones, despidos, persecuciones a todo intento de organización sindical que no esté bajo la batuta de la burocracia y con los engaños con que tienen a los compañeros de los movimientos sociales para inmovilizarlos, donde todo queda en promesas.

¡Macri y su equipo de patrones no se la están llevando de arriba y empiezan a estar  preocupados porque la clase obrera y el pueblo trabajador están en la calle, y lo quiere disfrazar con que la grieta es entre el actual gobierno y el anterior!

Sumando cada una de las manifestaciones y los enfrentamientos de los trabajadores y estudiantes en sus lugares contra los patrones y contra las fuerzas represivas en cada lugar, somos miles y miles los que nos hemos manifestado en los tres primeros meses del año.

Con la idea de contrarrestar las movilización de trabajadores y del pueblo, lanzó Macri (a escondidas por las dudas si fracasaba) el 1º de abril su propia manifestación, muchos de los concurrentes son acérrimos defensores de la dictadura cívico-militar, no son tantos como nosotros, pero tienen plata y el poder.

¿La clase obrera, el pueblo trabajador y los estudiantes nos estamos manifestando por  ganar algo o porque no nos saquen lo que con largos años de luchas hemos conquistado, deteriorando nuestras condiciones de vida, de trabajo y de estudio?

Sin dudas que hasta acá nuestras luchas son  defensivas, pero ¡qué importante es que no nos dejemos esquilmar mansamente como ovejas!

Aunque hasta acá sean luchas defensivas y no para conquistar algo más para nuestro bienestar, la importancias de estas luchas está en que somos miles y miles en la calle y donde se empieza a afianzar la unidad de acción. La unidad combatiente de clase contra clase, que de persistir y profundizar nos dará finalmente la victoria.

Pero nuestra victoria como clase obrera y trabajadora no puede ser de nuevo el advenimiento de un gobierno populista que da algo para no perder todo.

En el devenir de la lucha unificada, antes de la derrota parcial o total de este gobierno de los grandes monopolios, tenemos que ir pensando con qué lo reemplazamos para que no nos pase una vez más “que se vayan todos, y al final vuelven todos u otros peores”.

¿Cómo le paramos la mano a Macri y su represión?

La profundización de la grieta entre la clase obrera y el pueblo trabajador contra los burgueses y su gobierno lleva a este a tener que profundizar la represión en todas sus formas: palos, encanadas, prescripciones, espionaje, en fin, utilizando todas las fuerzas represivas.

Ante ello, el único camino es más organización para más lucha de clase. Ellos son pocos, pero tienen el poder. Nosotros sólo tenemos nuestra unidad y la vamos a incrementar.

A los que cantan hoy en las marchas “volveremos” les preguntamos ¿A qué volverán? ¿A que  los diputados ganen lo mismo que un trabajador?, ¿A eliminar el IVA de todo el consumo popular? ¿A nacionalizar todos los bancos?, ¿A nacionalizar todo el trabajo en las mineras  y que no nos destrocen nuestro medio ambiente?, ¿A no pagar la deuda externa?, ¿A poner en nuestras manos argentinas todo el petróleo con YPF a la cabeza, dirigida por los propios trabajadores?, ¿A expropiar la oligarquía terrateniente y distribuir la tierra entre los trabajadores?, ¿A nacionalizar el comercio exterior?, ¿A defender la salud y la educación pública laica y gratuita?, ¿A nacionalizar los laboratorios?. Dudamos mucho que vuelvan para ir a fondo contra la burguesía y los monopolios siendo de una misma clase, unos más chico y otros más grande ¿si no lo hicieron antes lo van hacer ahora?

Lo preguntado en el párrafo anterior es parte del programa completo del FIT que lamentablemente no lo publicita.

Por otro lado la dirigencia sindical concilió  con el gobierno todo el año pasado, pero los gordos de la CGT tuvieron que ponerle fecha al paro nacional después que salieron como ratas cuando los manifestantes los corrieron del palco y les bajaron ese atril con forma de cajón de muerto.

Esta gran lucha de estos últimos meses empieza a poner las cosas en su lugar y no es que vamos por “choripanes y la coca” como dicen los gorilas, nadie lleva, 200.000, 400.000, medio millón de personas por un choripán, eso lo saben hasta los del PRO, la gente sale porque estamos mal y vamos peor. (¿Será que a la marcha “por la democracia” del gobierno no fueron tantos porque no hubo chori?)

Pero siempre de una lucha obrera quedan enseñanzas, nos permite ver con más claridad qué dirigentes tenemos, quien fortalece la lucha o quien es vacilante y también a los verdaderos garcas patronales.

Nos permite ver quién hace asamblea deliberativa y resolutiva y quien no, ya que en nuestro medio algunos pocos  llegar a hacer la asamblea, pero  en esos casos es solo informativa, es decir no escuchan las opiniones de los laburantes  y no ponen la mociones a votación.

Y lo más importante, no siempre se hacen asambleas para balancear el éxito conseguido y por qué lo logramos y mucho menos se hace cuando la perdimos, para analizar colectivamente qué nos pasó, que falló, y demostrar y hacer conciencia que la lucha de clases no termina en esa acción, ganando o perdiendo. La explotación de una u otra forma seguirá hasta que no cambiemos este régimen capitalista.

Los explotadores nos seguirán explotando, ganemos o perdamos, y nosotros necesitamos entre todos ser cada vez más conscientes que la explotación es la condición indispensable del sistema capitalista y que los trabajadores podríamos (y luchamos por) vivir mucho mejor en un régimen donde no haya explotación del hombre por el hombre.

El socialismo no cae del cielo, es producto de la lucha de clases, pero no de cualquier lucha de clases, será la consecuencia de estas luchas que surgen primero como defensivas, para que no nos saquen lo que ya conquistamos, pero si en medio de esa lucha hay compañeros conscientes que con paciencia empiecen a ayudar a cada compañero a  razonar  colectivamente en temas tan vitales como: ¿cómo es que los patrones nos explotan, cómo usan sus herramientas, su estado, sus fuerzas represivas, su justicia aprovechando de nuestra inocencia?  

Si damos claridad a los trabajadores que más se destaquen en la lucha y la organización, esas luchas se pueden transformar en ofensivas y comenzarán a tomar de hecho sus derechos hasta que se transformen en lucha por  el poder obrero, el socialismo.

También  tendremos que conocer cómo nos tenemos que organizar en cada lugar de trabajo para la lucha sindical en forma subterránea en cada fábrica, sin que los patrones ni la burocracia sindical nos descubran, hasta que seamos unos cuantos y con claridad de qué hay que hacer para enfrentar al patrón y a todos sus servicio de inteligencia (léase Recursos Humanos) y alcahuetes que tienen, y solo sacar la cabeza cuando ya seamos una fuerza en ese  lugar. Para ello tomar el ejemplo como lo han hecho en otras empresas que hoy dirigen compañeros luchadores y no la burocracias sindical.

Escribirlo en esta papel es fácil, realizar lo descripto no es nada fácil pues el enemigo de clase en nuestro país es fuerte y tiene instrumentos cada vez más pulidos y masificados para imponernos su voluntad explotadora.

Pero la clase obrera y el pueblo trabajador somos millones en las fábricas, en el estado, en las escuelas, en el campo, en las barriadas populares y con conciencia clasista. Con lucha y organización más temprano que tarde cambiaremos este régimen podrido que en su decadencia nos arrincona y nos mata.

                                                                                                                                                 El viejo

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Nota central El Roble 102: El transporte en crisis: ¿qué pasa con los colectivos?

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Semana a semana nos enteramos de conflictos aquí y allá. De golpe dejamos de ver en la calle alguna a línea. O nos llegan mensajes pidiendo difusión solidaria por algún despido. La crisis del transporte público se ve también en los colectivos que todos los días transportan a miles de personas (trabajadores, en su enorme mayoría) en malas condiciones, muchas veces con largas esperas y muchísimas veces con coches en dudoso estado de conservación.

En el marco de cumplirse un año del “Sesentazo” -la histórica lucha de los trabajadores de la línea 60, que frente a 53 despidos tomaron las tres cabeceras y popularizaron el no cobro de boleto como medida de fuerza- y que ya es un hecho el desguace de Ecotrans -otra línea de zona oeste que transporta a miles de usuarios y que también tiene vieja tradición de lucha- es que nos pareció necesario hacer un pantallazo sobre el estado del transporte automotor. Entendemos que los distintos problemas que atraviesa el sector son una muestra más de las pésimas políticas que llevan adelante distintos gobiernos desde hace años y, a su vez, que son otra cara del ajuste en curso.

Subsidios y desguace: un negocio redondo.

Si miramos los números totales de los últimos diez años, nos damos cuenta que ha sido muy significativo el aumento de subsidios para los colectivos: del 0.2 en 2005 al 1,5 de Producto Bruto Interno en 2015 con un pico de 3.625 millones de pesos. Dichos subsidios deberían estar destinados al  gasoil, las cubiertas y mantenimiento general. Pero en los hechos, ese dinero sirve para financiar otros negocios que los grupos empresariales tienen, incluso en distintos rubros o fuera del país.

DOTA (Línea 60, entre otras) durante el kirchnerismo manejaba casi todo el abastecimiento, pues son concesionarios argentinos de Agrale y Metalpar (brasileros), principales productores de carrocerías y autopartes. O sea que ellos fabricaban las unidades de sus propias líneas (que crecieron durante toda la “década ganada”). “Esto está cambiando, porque la familia Dietrich  tiene la concesión argentina de Volkswagen, y la cartera que maneja Guillermo Dietrich –Ministro de Transporte- está entregando toda las licitaciones a empresas afines como Metropol o Ersa” nos dice un trabajador de la línea 60.

Difícilmente podamos encontrar ejemplos que muestren mejoras en la calidad del servicio, o en las condiciones laborales. ¿Por qué la plata no se destina a esto? Actualmente, un coche sin funcionar cobra igual, por eso son frecuentes las maniobras empresariales para evitar la circulación de las unidades y así ahorrarse la diferencia. Esto explica que la 60, por ejemplo, hace unos años mantenía una frecuencia de 3’ minutos y ahora funcionan cada 20’ o 30’.

Un efecto de esta “mala” administración es el vaciamiento o desguace de las líneas. Si la patronal ve que el negocio deja de ser rentable o la relación con los trabajadores se les hace “incómoda”, poco a poco van dejando caer el servicio, acusan quiebra y chau, se van con los bolsillos llenos. Tal es el caso de las líneas 112 y 165 de Expreso Lomas, fundamentales en zona sur, que el mes pasado estuvieron de paro y movilizados por este tema.

Pero el caso emblemático de esto es Econtrans. Cirigliano, que poseía la licitación del Sarmiento en el momento de la tragedia de Once, replicó el mismo accionar que en el ferrocarril, pero con los colectivos. La millonada recibida en subsidios (Ecotrans está 7mo en el ranking de las empresas más subsidiadas con unos $2.146 millones desde 2005) no se destinó efectivamente a mantener los coches. Cualquiera que haya visto algún colectivo de los verde claro por avenida Rivadavia, ha visto también enormes nubes de humo negro, luces rotas o cubiertas muy gastadas.

Fruto del desguace, finalmente sus ramales han sido absorbido por cuatro empresas: La Nueva Metropol (3era en el ranking con $2.700 millones desde 2005), ERSA (vinculada a DOTA), La Cabaña y La Unión Transitoria. En estos últimos meses los trabajadores hicieron paros y movilizaciones para impedir despidos. Vale recordar que este cuerpo de delegados viene de la experiencia del “micrazo”, cuando en 2004 lograron mantener el trabajo pese a la desaparición de la empresa (TDO) que gerenciaba estos ramales. Al cierre de esta edición, el desguace ha sido consumado pero la lucha por mantener los puestos de trabajo en las nuevas empresas continúa.

La pelea por el salario.

La otra pata de este negocio está en las condiciones de trabajo y salario. Alguno podrá decir que los choferes de colectivos “ganan mucha plata”: el sueldo básico para un chofer ronda en los $18.000. Pero ¿A qué costo? Son normales las jornadas de diez, once y hasta doce horas por turno. Muy presionados para cumplir con “la vuelta” (horarios en los que tienen que llegar a destino), deben lidiar con el caos de tránsito y cobrar boleto. Los momentos de descanso son pocos, sin siquiera tener a veces lugares adecuados para ir al baño. Son muy frecuentes los problemas de riñones, de columna o hernias por el tiempo que están sentados. Así es como choferes con poca edad, pero con ocho o diez años de antigüedad se los descarta por “rotos”. Se contrata nuevos, muchas veces muy jóvenes y sin la experiencia necesaria para semejante responsabilidad, a los que se les presiona para que aguanten las condiciones o se los echa (trabajadores en distintas líneas nos dicho que hay “despidos por goteo”).

Este año la paritaria cerró en 29% en dos cuotas, la última para Enero de 2017. Realmente poco si se tiene en cuenta que la inflación estimada por el propio gobierno es del 42% y que además el acuerdo incluye no reabrir la discusión hasta Julio del ‘17. Y si bien el convenio de colectiveros no es de los peores, hay muchísimas empresas que no lo cumplen.

La UTA, gremio dirigido por Roberto Fernandez, juega un rol fundamental para que esto ocurra: los delegados fieles funcionan como buchones de la empresa, impiden cualquier intento de democracia sindical y son fuerza de choque  cuando los trabajadores logran organizar para pelear por lo que les corresponde. Es sabido que en la Línea 60 han contratado barras bravas… y no precisamente para manejar. O como en febrero de este año, cuando una patota de la UTA golpeó brutalmente a Marcos Ayala, delegado opositor de la línea 151 (Nueva Metropol).

Arde el transporte.

En la Línea 303 (Empresa del Oeste SAT, conocida como “papagallo”) un compañero había salido en licencia por ART, tras sufrir un accidente de trabajo. Cuando le tocaba reincorporarse, la empresa le negó la entrada, despidiéndolo de hecho. Esto empujó a los compañeros a realizar una asamblea general, parando el servicio por unas horas. En el momento de la asamblea (¡oh casualidad!) se enteraron que se estaban prendiendo fuego tres coches en la playa de estacionamiento ubicada en Morón. Los trabajadores –quienes impidieron que se incendiaran otras unidades- dicen que fue obra de la misma patronal, que no pierde dinero (están cubiertos por el seguro), le echa la culpa a los trabajadores para desprestigiarlos y avanzan con sus planes de achicamiento.

Similar caso en la línea 168 (Expreso San Isidro), donde aparecieron dos coches incendiados. Aquí también, ocurrió mientras los trabajadores se movilizaban al Ministerio de Trabajo (¡más casualidad!) pero en este caso la base acusa a las dos facciones burocráticas que se están disputando la representación gremial en esa empresa.

Con estos ejemplos vemos que son las empresas o sus aliados -la burocracia- quienes boicotean al transporte. Incendiar colectivos para desprestigiar una lucha o para disputarse un “pedazo de la torta” es a costa de los trabajadores/usuarios: por un lado se mantienen con la millonada que el Estado les da en subsidio (dinero que se nos quita con los impuestos) y por otro, porque son los los trabajadores/usuarios quienes sufrimos el empeoramiento en las condiciones para viajar.

 

Luego de este breve repaso podemos reafirmar que la crisis del transporte automotor se debe, sobre todo, a la lógica de la ganancia empresarial, que cuenta con la complicidad de políticos y de burócratas sindicales. Hay una enorme millonada en juego, de la cual cada uno recibe su parte para evitar que algo se modifique.

Sin embargo, ejemplos como los de los trabajadores de la Línea 60 o de Ecotrans, demuestran que sí se puede enfrentar a estas patronales negreras y a la burocracia. Pacientemente, por abajo, sin levantar la cabeza por cierto tiempo, pero con decisión tenaz una vez que la correlación de fuerzas lo permite, es que han conseguido defender a compañeros despedidos y mejores condiciones de trabajo y salariales. Y más aún: en 2015 los trabajadores de la 60 nos dieron una gran lección al demostrar que también los colectivos pueden funcionar sin patrones, que garantizar un transporte de calidad y económico es posible, siempre que nos saquemos de encima el lastre que son los patrones y toda su clase.

Por Gabriel Frutos.

Especial agradecimiento a los trabajadores de Ecotrans, Línea 60, 303, 112 y 165, que con sus relatos y aportes hicieron posible esta nota.

Fuentes:

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