El virus es el sistema.

de Bronca.

Somos quienes generamos la riqueza. Y no quiero citar a Marx, la teoría del plusvalor y la mar en coche. Quiero hablar en primera persona y desde nosotres, hablar desde la clase.

Nos obligan a trabajar desde nuestras casas, en esa silla de mierda que tenemos que nos genera dolor de espalda, de cuello y en todo el cuerpo, mientas los medios hegemónicos nos venden las “fortunas del teletrabajo” o nos cuentan los 7 ejercicios “fit” para tener una vida más saludable. 

Otres la pasan distinto, peor. Desde los riegos de contagio, obligades a ir a laburar para hacer esa tarea que le brinde a la economía de los capitalistas la riqueza que necesita que produzcamos para que se le devuelva al FMI los dólares que nunca usamos y jamás podremos aprovechar.

Obligados a limpiar los de baños de nuestres jefes para que tengan ese olor a lavanda o “fragancia bebé” taaaaan necesario para que la matrix siga su curso. Obligados a hacer golosinas. Vender o hacer muebles que valen un año de salario mínimo. Vender Sushi. Fabricar cremas rejuvenecedoras. Vender cualquier cosa irrelevante. Fabricar para vender cosas que la mayoría no va a comprar porque la esencialidad se fue al demonio o demostró que es sólo lo que el sistema necesita.

¿Cuánto vale tu vida? ¿Una medialuna? ¿Un delivery? ¿Una clase?

Imagen: Susana Millán

Imagen: Susana Millán

Nos cansamos de escuchar que el virus no nos busca, que nosotres vamos a buscarlo. Y yo me río de bronca porque nos mandan al virus cada día que nos empujan a laburar en actividades que nada tienen que ver con las necesidades de la sociedad para poder reproducirse.

Nos mandan a buscar al virus, nos obligan a enfermarnos o a morir porque no importamos, como tampoco importa quienes salen a pedir, a hacer changas, a prostituirse, a marchar para que le paguen el sueldo o para que ELLES se hagan cargo que nuestras muertes por son SU responsabilidad.

Mientras, el noticiero (o el noticioso como diría mi abuela) nos cuenta que la mayoría somos pobres y las cifras oficiales se nos cagan de risa en la cara contándonos si tu ingreso es de 6.083 pesos tenés la fortuna de no ser indigente. También osan decirnos que un salario mínimo de 17mil pesos está bien y que el asesinato de Diana Sacayan no fue travesticidio (ah, no, de la violencia hacia las travas no se habla en la tele). Y seguimos poniendo la vida al servicio de una deuda que no es nuestra mientras la muerte nos sopla al oído cada vez que tomamos un bondi y miramos con sospecha al que tosió al lado, al que maneja, al que tiene gorrita… pero cuando nos vamos a preguntar: ¿Quién nos expone a todo esto? ¿Cuántas muertes más tenemos que llorar para hacer algo entre todes?

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