¿POR QUÉ EN LAS ULTIMAS LUCHAS OBRERAS NO HAY GRANDES TRIUNFOS?

Un poco de historia.

Venimos de una profunda derrota de las aspiraciones políticas de nuestra clase, de un quiebre en la tradición histórica de la lucha en el país (que con los 30.000 desaparecidos borraron a lo mejor de nuestra clase) y de un desguace de nuestra industria que en los ’90 que dejó más de 5 millones de desocupados.

En el plano internacional la derrota de la revolución rusa y la caída de los estados de bienestar -logrados con grandes lucha y otorgados también como mecanismo del capitalismo para atenuar la avanzada comunista-.

Una vez que la dictadura allanara el camino a la burguesía para poder instaurar sus planes neo liberales, fueron los gobiernos “democráticos” quienes se encargaron de entregar todo. Aunque hubo resistencias, los golpes recibidos habían dejado a la clase trabajadora mordiendo el polvo.

En los ’90 Cutral  Co –la lucha en defensa de YPF en Neuquén- inauguró los piquetes de masas y abrió el proceso de puebladas y resistencias, que terminó de estallar hacia fines 2001. Allí se rompió totalmente “el orden constitucional”, el desprestigio de toda la clase política era total y De la Rúa se tuvo que terminar rajando en helicóptero al calor de los hechos del 19 y 20 de diciembre (movilización que nos costó más de 30 muertos).

Sin un programa claro, cientos de asambleas de vecinos intentaban canalizar y organizar casi espontáneamente el descontento. La clase obrera  no estaba recuperada políticamente de la derrota pos dictadura, lo que se expresaba en su falta de organización política independiente que le permitiese dirigir el proceso y plantear alternativas. Este déficit le permitió a la burguesía reacomodarse y darle curso a la crisis. El populismo kirchnerista cuajó como forma de apaciguar las aguas y reavivar las expectativas de miles de poder vivir mejor dentro del capitalismo.

Y aquí comienza otra historia

En los primeros años de la “década K”, la cosa parecía ir viento en popa para muchos que entraron gustosos de poder ganarse un sueldo y no mendigar un plan. Esta masa de nuevos obreros industriales y de servicios es muy joven, entre los 20 y 40 años, sin casi tradición histórica de la lucha de clases, muchos hijos de desocupados, muchos venidos del interior o de los países vecinos.

Pero más pronto que tarde, esta masa comienza a descubrir la explotación y a resistirla como puede. La cosa comenzó de poco, con pequeñas resistencia por aquí y allá. Muchas fueron derrotadas por la “década ganada” (por los patrones). La gran mentira del fin de la deuda externa aparece con todas sus fuerzas, golpea nuestras espaldas y el gobierno –junto a toda la oposición burguesa- baja el plan de ajuste y lo combina con medidas cada vez más represivas.

Todas estas experiencias hicieron surgir una nueva camada de jóvenes activistas. Este marco de relativa reactivación facilitó que nuevos obreros comiencen a hacer sus armas en la lucha sindical. Jóvenes trabajadores combativos que desde hace algunos años son quienes comienzan a estar al frente de las nuevas batallas de la clase.

Múltiples formas ha utilizado la burguesía desde el aparato del estado, desde las usinas patronales y desde la burocracia sindical para intentar convencernos de que en tiempos de crisis hay que cuidar las fuentes de trabajo, que no hay que reclamar mucho salario y que, en todo caso, es mejor que echen a los malos laburantes que quedar todos sin laburo. Cuando el convencimiento comienza a no dar resultados, se vienen los garrotazos.

Este cuadro nos encuentra con un semestre en que las suspensiones y despidos se multiplican semana a semana. Y la contracara: también se multiplican las luchas por defender los puestos de trabajo.

¿Cómo hemos respondido hasta ahora?

Para poder evaluar nuestras respuestas debemos preguntarnos ¿En qué momento está la lucha de clases en el mundo y en nuestro país?

Luego de la derrota definida más arriba, como clase aun no nos hemos podido armar ideológicamente para dar una respuesta a la ofensiva, y tanto en el país como en el mundo nuestras respuestas son a la defensiva.

Desde fines del siglo pasado hasta acá se han desplegado infinidad de luchas, pero nunca fueron para conquistar algo, son para defendernos de lo que nos quitan, tanto a nivel internacional como en lo interno del país.

Por más que haya grupos que hablen de una situación “pre revolucionaria”, es decir cercano a una revolución, la realidad concreta nos muestra hasta hoy, que lo que se moviliza de la clase obrera es apenas una pequeña porción, es más, se moviliza cuando le tocan los intereses concretos, no es fácil mover masivamente en solidaridad, hasta eso nos quebraron.

Las patronales y el gobierno están aprovechado es debilidad para imponer planes cada vez mas descargados en el lomo de nosotros, ajuste tras ajuste, más precarización, inflación por sobre los aumentos regimentados en las paritarias.

No solo no podemos aun hacer movilizaciones masivas, sino que muchas veces cuando la lucha defensiva comienza en forma masiva, las patronales, la burocracia sindical y el gobierno -la santísima trinidad- tienen la capacidad de dividirnos y hacer que al poco tiempo esa lucha que comenzó masiva, se vaya desgastando y finalmente queda el grupo mas consiente, pero solo.

Hay un gran temor a quedarse sin trabajo y la familia muchas veces presiona para que el compañero no se meta. Cuando aparece el ofrecimiento de la indemnización, que para un laburante parece que toda junta fuera mucha plata, muchos agarran con el argumento “a ver si después nos quedamos sin nada”, 150.000 pesos para un trabajador parece guita y si es del interior quizás se puede comparar la casa y la familia le dice “viejo volvamos a la provincia”. Por si fuera poco, ofrecen hasta indemnizaciones acrecentadas como en el caso de Paty y hasta triplicada cono el caso de Calsa para quebrar algunos de los más luchadores.

Estas situaciones que nos presenta el capital y sus gobiernos nos tienen que llamar a la izquierda, a los clasistas, a los revolucionarios a estudiar más las situaciones concretas, por donde nos van a joder en cada lucha.

También para tener en cuenta

Para ser vanguardia hay que tener una retaguardia, sino en vez de vanguardia, nos transformamos en vanguardistas, que no es lo mismo.

La técnica central del enemigo de clase es dividirnos, desmasificar el movimiento, para luego quebrar  la vanguardia.

Esta situación tenemos que tomarla como que nos es una simple lucha sindical, el trasfondo es político, es una lucha la nuestra por ahora por seguir viviendo, la de ellos es acrecentar su capital, por lo tanto no es una simple lucha sindical, sino política de clases y nosotros a veces lo queremos resolver con simples herramientas sindicales.

No toda la izquierda que encabeza o acompaña las luchas obreras es igual, pero la generalidad aun no confía plenamente en que el sujeto es  la clase y la reemplaza por su partido.

No siempre las luchas se analizan en las asambleas y en las reuniones con la crudeza que necesita la clase, hacen falta que se planteen públicamente. Aún cuando perdemos hay que analizar, hacer praxis de cara a la clase para aprender de ello, a veces se mira y se analizas más los actos heroicos que la derrota.

Por ejemplo, a veces no se sale a defender “con todo” los compañeros petroleros de Las Heras condenados a perpetua, por miedo a perder un voto.

Al contrario, por ejemplo, la unidad en la lucha debería empujar a unificar a TODAS las coordinaciones del sindicalismo combativo; y que el desarrollo de las organizaciones políticas de la izquierda sirva para fortalecer a la unidad de la clase y no al contrario.

Desde El Roble llamamos a analizar mas el momento que vivimos antes que aparezcan las puebladas que como se ve se avecinan, y que nos pasen por arriba como nos sucedió a comienzos del este siglo.

Necesitamos tener más en común en qué momento de la lucha de clases estamos, ¿a la ofensiva o a la defensiva? De allí surgirán las tácticas y planteos más acertados y en común para ayudar a la clase que juegue su papel revolucionario.

El viejo Nano

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(AUDIOS) Así expulsó Pignanelli a los delegados de Lear

Levantado de Plazademayo.com

 

(AUDIOS) Así expulsó Pignanelli a los delegados de Lear

La comisión interna de la fábrica en conflicto fue destituida en una polémica “asamblea sin debate”. Las insólitas intervenciones de la dirección de SMATA.

Para ver la nota y escuchar los audios, hace clic ACA.

pignanelli

 

Pignanelli, contra los trabajadores.

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Obreros aceiteros irán a la huelga en todo el país

Difundimos.

Obreros aceiteros irán a la huelga en todo el país

Miércoles 16 de Julio de 2014 | La Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina informa a los sindicatos adheridos, a los trabajadores desmotadores y aceiteros, y a la opinión pública en general que:

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Luego de más de dos meses de negociación paritaria para la renovación del CCT de los obreros y empleados desmotadores de algodón,  en los que se realizaron numerosas audiencias, agotada la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo de la Nación y cumplidos cinco días de huelga de los obreros desmotadores, la representación patronal asumida por la Asociación Desmotadora de Algodón (ADAA) continúa sin brindar una respuesta positiva a nuestro petitorio.

Esta Federación, integrada por obreros aceiteros y obreros desmotadores de algodón, ratifica su planteo de defensa del derecho de salarios dignos para todos los trabajadores, derecho que será defendido como siempre, con todas las herramientas con las que cuenta el movimiento obrero.

Es de destacar que dentro de la asociación empresaria que representa a las patronales se encuentran grandes empresas como Vicentín y Buyatti que se dedican también a la elaboración de aceite, empresas que pretenden bajarle el salario a los trabajadores ofreciendo aumentos muy por debajo de la inflación.

Ante esta postura  de avaricia y mezquindad, la Federación ha resuelto, en el marco del plan de lucha y el estado de alerta declarado oportunamente, dar inicio a la huelga de los obreros aceiteros en todo el país a partir de las 00 horas del día martes 22 de Julio. Los trabajadores aceiteros de esta Federación están dispuestos a ejercer de forma activa la solidaridad obrera con los compañeros obreros desmotadores.

Comisión Directiva

Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina

F.T.C.I.O.D y A.R.A.

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Ya salió El Roble 78!!!

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(click en la imagen para ver El Roble 77)

Editorial ER 78:

EL GOBIERNO SIRVE LA MESA Y LOS BUITRES NOS COMEN LA NUCA

El gobierno ha dado otro paso para satisfacer las demandas de los centros económicos. Mientras Kicillof afirma que “no lograron ponernos de rodi­llas” una vez más se produce la clau­dicación.

En su discurso, el kirchnerismo afir­ma que ha vencido y acuerda con el Club de París. Y tras cartón, avanza en una negociación supermillonaria con los famosos bonistas “especula­dores” (como si el resto de ellos no lo fuera). Queda claro que entre “Fon­dos Buitres o Patria” el gobierno ya eligió hace rato…

En el mundo del revés, que ya sabe­mos cómo es, el modelo “nacional y popular” devalúa la moneda, promue­ve ajustes de tarifas, arma un nuevo INDEC, condena la organización y luchas obreras… Y todo ello supuesta­mente en contra de los grupos econó­micos más concentrados y la derecha que pedía la devaluación, reclamaba el ajuste, criticaba el INDEC y pretende las calles libres de protestas y a los/las laburantes obedientes.

Así, el kirchnerismo acaba realizan­do el trabajo sucio que la burguesía requiere y que el gobierno juraba no realizar.

Estas políticas llamadas “macro” tienen, por supuesto, su correlato en la vida cotidiana, porque el impacto recae sobre los trabajadores y trabaja­doras y sobre los sectores más débiles de la sociedad, y entonces las luchas se reproducen a pesar del quietismo que propone la burocracia, porque el ajuste se siente día a día.

En realidad no descubrimos nada nuevo. Primero, la necesidad lógica de vender la fuerza de trabajo como medio de sobrevivencia. Luego, la es­tabilidad. Después, las mejoras de las condiciones laborales. Y cuando lo­gran vencerse estas dificultades (que se sufren individualmente pero se pa­decen como clase) y los/las laburantes juntamos la fuerza para enfrentar la voluntad de hacernos pagar las crisis (que son etapas necesarias del capita­lismo para iniciar un nuevo ciclo de acumulación), aparecen en toda su dimensión los mecanismos y dis­cursos que atacan la organización, que defenestran la dignidad obrera, que ven “infiltra­ciones” en el des­contento… Extra­ña forma de “em­poderar” al pueblo la de la presidenta, que en sus discur­sos se despacha a gusto condenando a los trabajadores, sean docentes, petroleros o de la rama automotriz. El problema no es el rubro, sino que salen a luchar.

Mientras se des­tinan grandes es­fuerzos para disimular los problemas de una economía en recesión, es ino­cultable la gran cantidad de suspen­siones y de despidos que se suceden. Allí deben buscarse las causas que apuntalan la lucha, y no en la supuesta falta de “razonabilidad” que pide la presidenta. Molesta la organización de los trabajadores por fuera de los ámbitos burocratizados porque se hace más difícil controlarnos y man­tenernos dentro de los límites de la “razonable” democracia burguesa.

El descomunal desembolso de di­visas que se ha utilizado hasta ahora para pagar la deuda (y otras, como el pago a Repsol) y el que se comprome­te a hacer, no tiene ningún punto de contacto con la defensa de la sobera­nía que tanto se agita. Por el contra­rio, es el pueblo trabajador cubriendo los cheques de los capitalistas. Ésta es la traducción de la pérdida de nuestro salario.

Las paritarias que se firman por de­bajo de los índices de inflación, la qui­ta de subsidios y/o el aumento de los servicios, el IVA en los artículos de primera necesidad, el impuesto a las ganancias que nos aplican a nuestro ya de por sí magro sueldo, los montos no remunerativos que percibimos (y que por eso no entran en jubilación ni en aguinaldo), la precarización laboral y todo un largo etcétera son transferencias de recursos de los y las laburantes, ya ni siquiera entre clase (como sí ocurre con la AUH y otros planes) sino para apropiación directa de la burguesía, local o externa poco importa.

Es necesario reforzar y hacer crecer la organización. Se avecinan, sin mas­carita feliz, tiempos duros para los trabajadores/as. Solidaridad, resisten­cia, organización y lucha son, una vez más, las consignas de nuestro tiempo.

Por Equipo de El Roble

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